Wednesday, December 11, 2013

De cuneros y otras hierbas puertoprincipeñas (por Carlos A. Peón-Casas)


Puede que la ciudad principeña alcance para el próximo 2 de Febrero, el día de su onomástico fundacional, otro aspecto más feliz que el que actualmente la distingue, en medio de los acarreos interminables que intentan retocar los aires señoriales de su otrora ancestralidad.

Creo, sinceramente que ese es, no sólo el deseo de este humilde cronista, sino el de todos y cada uno de los que todavía se sienten movidos internamente por la suerte de la egregia comarca que los ha visto nacer.

Pero el sentir puede ser también el de aquellos forasteros que se le arraigan por una u otra razón, y se sienten igualmente parte de su vida y su historia.

Y el hecho en la ancestral región puertoprincipeña alud, inevitablemente, a la existencia de los cuneros; término que los viejos principeños le endilgaron con toda propiedad, según lo recoge oportunamente en su diccionario la Real Academia de la Lengua Española, a quienes sin ser autóctonos de la región, se allegaron y avecinaron a ella por razones más o menos perentorias, y tuvieron a bien verse convertidos en figuras públicas con más o menos aciertos en sus gestiones de gobierno ciudadano.

Un suceso con su muy particular lectura, en una localidad como la nuestra, donde nos pese o no, seguimos detentando, y no sin cierto y muy sano orgullo, el muy rancio recuerdo de nuestros apegos regionales, sin regionalismos pacatos, sino por pura indiosincrasia, según nos los apunta sabiamente Flora Basulto Montoya en su “Tierra Procer”(1), verdadero incunable de la historia regional, al que tenemos a bien echar mano, una suerte que otros en este hic et nunc, no han tenido, o no han querido procurarse, a la hora de airear como es debido la singular historia local que nos distingue, y en particular la que hoy nos ocupa.

Según lo relata la ya citada autora, la historia municipal recuerda a uno de aquellos cuneros: al Dr. Domingo de Para, baracoense de origen, y afincado en la ciudad camagüeyana donde en el gobierno machadista fungió como alcalde.

El ya citado de Para, promovió como antes habían hecho otros, obras de embellecimiento en nuestro ancestral Casino Campestre, ya renombrado como “Parque Gonzálo de Quesada” bajo el gobierno de otro corregidor, “Nené” de Quesada, la autora así nos lo relata:
Embelleció el Dr. de Para el Parque Gonzalo de Quesada, e hizo atender animales y plantas exóticas. Construyó la hermosa fuente con su gran surtidor, etc(2). 
Y aunque el hecho le mereciera el aplauso popular en su momento(3), la ciudad no lo recuerda por aquella obra provisoria, sino por un suceso de signo contrario: su prohibición “en nombre del ornato”(4), a que los miembros del Liceo, cumplieran con su ya arraigada costumbre, de sacar asientos a la acera de la calle Mayor, justo al frente de su institución y se sentaran allí a departir y tomar el fresco.

Por supuesto, que a consecuencia de aquella medida ardió Troya entre los miembros de aquella benemérita fundación, que según nos recuerda la propia autora fuera en la ciudad principeña, el “centro donde se gestaron las guerras libertarias”(5).

Y su reacción contra la medida del advenedizo fue inmediata:
(…) en represalia los socios dejaron de enramar en los San Juanes el frente de la sociedad como tenían por costumbre, restando así ornamento y alegría al tradicional paseo.
La inmediata destitución del alcalde machadista, luego de la caída del gobierno en 1933, supuso indudablemente, el fin de su vida política en la ciudad, y de su recuerdo no quedó más que la anécdota que hoy nos ha servido de pretexto para esta crónica.

Los miembros del Liceo volvieron a su antigua y ancestral usanza de sacar sus taburetes a la acera, y continuaron igualmente con la costumbre de adornar el frente de su sociedad en cada San Juan que vio correr en la ciudad, hasta que el sitio dejara de existir como tal después de 1959.

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Citas y Notas

  1. Tierra Prócer. Flora Basulto Montoya. Compañía Editora “El Camagüeyano”. Camagüey. 1955
  2. Ibíd. p.182.
  3. Según nos lo sigue relatando la autora: “Le erigieron un busto, el cual fue arrancado de su pedestal y destruido a la caída del Presidente Machado” Ibíd.
  4. Ibíd.
  5. Ibíd.

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