Monday, July 22, 2013

Camagüey ahora mismo (por Juan Antonio García Borrero)

 
Plaza del Gallo
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Calle Estrada-Palma o Ignacio Agramonte
 o la Calle de los Cines
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 Plaza de la Merced, o Charles A. Danna o de Los Trabajadores
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Camagüey ahora mismo


 Texto y fotos (Julio 22, 2013)
 por Juan Antonio García Borrero


Camagüey nos trae revueltos a todos los que vivimos ahora mismo aquí. Es lógico. En vísperas de cumplir sus quinientos años de fundada la villa, lo que conocemos como “la calle de los cines” hasta llegar a la llamada Plaza de los Trabajadores parece sacado de algún filme bélico.

El grueso de las personas, enfundados como vamos en nuestro quehacer cotidiano, apenas piensa en el Camagüey que tendremos mañana, que tendrán nuestros descendientes. Se irritan por los embotellamientos, por los rodeos enormes que hay que dar para llegar a un sitio que está apenas a diez metros.

A mí lo que me ha dado es por ir a los lugares donde actualmente se construye, y tomar fotos casi a diario. Es una manera diferente de ejercer la imaginación eso de ir registrando el impalpable devenir. Comprobar que lo que nos parece idéntico al ayer en realidad es sutilmente distinto. Es a eso a lo que llamo las arquitecturas invisibles de la vida.

No sé cómo quedará en un futuro “la calle de los cines”. Si se aproximará a lo que en un principio soñamos. En lo personal he tenido la suerte e indiscutible privilegio de caminar por algunas de las calles y plazas más famosas del mundo. El llamado Paseo de la Fama en Hollywood. Los Campos Eliseos y el barrio Montmartre en París. Wall Street y Quinta Avenida en Nueva York. La Gran Vía en Madrid. Las Ramblas en Barcelona. Plaza de la Constitución en México. Avenida “9 de Julio” en Buenos Aires. Lincoln Road en Miami, y en Washington el Lincoln Memorial.

Y hay otras que quizás no sean tan célebres, pero que en el plano personal tienen una carga emotiva que, cosas del corazón, uno jamás podría argumentar de un modo coherente. Hablo de la calle Larios en Málaga. O esa donde se ubica el restaurante “La chica de Ipanema” en Río de Janeiro. O las callejuelas laberínticas de Valparaíso en Chile. O todo Albarracín, que de los pueblos que he visitado es el que más me ha impresionado. Y claro, La Alhambra de Granada, la fantasía arquitectónica que más suele regresar a mis ensoñaciones.

Pues bien, cuando imagino al futuro Camagüey lo que llega a mi mente es un lugar distinto a todos esos. No digo ni mejor ni peor, solo distinto, y por ello mismo, único. Quizás en un futuro termine invadida por esas luces de neón que la hagan parecerse a la gran aldea global en que, poco a poco, se va convirtiendo el planeta. Pero en el fondo seguirá siendo diferente a todas las ciudades del mundo. Podré irme de ella, incluso. Pero Cavafis seguiría teniendo razón: “Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares. La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo y en estas mismas casas encanecerás”.

No es provincianismo barato. En mi caso Camagüey es una droga, y en casos así está permitido alucinar. Y hasta asegurar que se ha llegado a la otra orilla de la realidad. A esa a la que nunca alcanzaremos a llegar.

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