Monday, June 18, 2012

(desde el estudio de Viera) Soldado Umap* 22, 46 años

Foto de archivo que muestra el fragmento de una hoja de la prensa oficial cubana,
 en que se alaba la labor de las UMAP. (Imagen tomada de Cubaencuentro,com)
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Soldado Umap* 22, 46 años

por Félix Luis Viera

Hoy, 18 de junio de 2012, se cumplen 46 años de que nos fuimos, o nos llevaron. Yo entonces tenía 20 años. Pasado mañana se cumplen 46 años de que llegamos allí. Fui el soldado Umap 22, de la “Compañía” 1, del “Batallón” 23, de la Agrupación 6, con sede esta en el central azucarero Senado, del Estado Mayor de las Umap, Unidad Militar 1015, con sede en la ciudad de Camagüey.

Pasado mañana se cumplen 46 años de que conocí al sargento mayor Héctor Hernández Hernández, entonces de 28 años de edad, vecino de Centro Habana, un hombre bueno —siempre habrá al menos un hombre bueno donde fuere—, segundo jefe de la “compañía”, quien dos veces me salvó.

Un recuerdo hoy para él.

Y para aquel Lucas, oficinista de la granja la Libertad (la libertad), de allí, de La Anguila, donde estaba la “compañía” 1. Lucas una vez me regaló 5 pesos.

Para Osvaldo Correa, que tenía una tienda de víveres en el batey del central azucarero Lugareño, y que una mañana me dio café con leche.

Para mi hermano Luis Becerra Prego, soldado Umap 25, que una noche pensó en suicidarse.

Para el negro Al Capone, soldado Umap, de La Habana, que apenas se veía en aquella celda donde lo encerraron y me pidió por piedad que le consiguiera de contrabando algo de comer.

Para el soldado Umap el negro Ángel Zulbiaur, de la Habana Vieja, que una madrugada se fugara con una de las camisas de civil que yo tenía escondida. Ojalá haya llegado a su destino.

Para el soldado Umap Armando Suárez del Villar, que se portó como un hombre en medio de las tantas adversidades que allí le tocaron más que a otros, y quien me enseñó a no ser subjetivo.

Para el soldado Umap Luis Estrada Bello, de Placetas, que cargó con una Cruz, con un surco de yerba, demasiada grande, demasiado largo para sus fuerzas.

Para los soldados Umap los negros Pinchaejubo y Bambán, de Encrucijada, que en medio de todo nos regalaron coraje y alegría.

Para el soldado Umap 28, Soriano, de Cienfuegos, a quien le bastó un solo pulmón para no rendirse en la refriega.

Para el soldado Umap Bernia, de Encrucijada y evangelista, que no se rindió aunque nunca pareció entender lo que pasaba.

Para el soldado Umap Rodriguito, de Santa Clara, que contaba los días y se decía “tres años no es tanto, yo les parto los tres años”.

Para el soldado Umap Medina, de Cienfuegos, por su parodia: La Anguila, paraíso del Edén Perdido,/surge cada 500 años/ y la faz de la Tierra/la acoge con terrible espanto.

Para el soldado Umap Manuel, de la Lisa, La Habana, que aquella tarde compartió el dulce de guayaba.

Para el soldado Umap Pototo, de La Habana, quien nunca más supo de su novia y sollozaba sin lágrimas cuando tarareaba aquella canción no me abandones/ después que tanto te he querido...

Para aquella muchacha de la oficina de la granja La Paz (la paz), en el batey del central azucarero Lugareño, que fue solidaria con El 22, no obstante el uniforme azul y las botas amarillas que este vestía.

Para El Maestro, soldado Umap cocinero, de Santa Clara, por las veces que nos sirvió un poquito de más.

Para el soldado Umap Jorge Blondín Iparraguirre, del central azucarero Washington, que se empeñó en superar el miedo y lo logró.

Para el soldado Umap Manuel M. Rebollido, de Cienfuegos, que no traicionó a su arte.

Para el cabo Umap Nilson Hung González, de La Habana, un cabo Umap bueno.

Para el soldado Umap Osvaldo de León del Busto, de Sagua la Grande, por su estoicismo.

Para el soldado Umap sanitario Ricardo Martiní, de Sagua la Grande, por su cariño y su ternura para todos sus iguales.

Para el soldado Umap Manolito Valle, de Encrucijada, por su arrojo.

Para el soldado Umap Rigo, que a los 40 años de edad, sonreía.

Para el soldado Umap Guillermo Jiménez, de Ranchuelo, por sus guaguancós.

Para los 13 soldados Umap testigos de Jehová, que resultaron los más valientes.

Y para todos los demás que fueron buenos, cuyos nombres o apodos no recuerdo, pero ahora mismo están pasando sus caras por mi memoria.

Y para aquellas madres que, como la mía, lloraron tres días y tres noches.

A los que aún están, a los descendientes de los que ya no están, llegado el momento, tengamos, con quienes corresponda, la piedad que ellos no tuvieron con nosotros. 

Como si alguien me lo hubiera pedido, prometo seguir escribiendo luego sobre este tema. Ahora no puedo, ahora estoy llorando.

*Unidades Militares de Ayuda a la Producción

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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