Tuesday, April 24, 2012

(desde el estudio de Viera) Intolerancia I

Ilustración/Joel Jover: "La voz del amo"
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Intolerancia (I)


por Félix Luis Viera


La señora Gaby, mexicana, es licenciada en historia del arte y doctora en sociología. Ella me ha escrito para decirme que el texto de mi autoría, Luminarias, aparecido en estas mismas páginas el pasado 17 de abril, demuestra, entre otros de mis defectos, la intolerancia.

Inicié estas líneas señalando los títulos académicos de la señora Gaby, precisamente, para que veamos que no se trata de un ser ignorante, de poca instrucción, y que se lamenta por lo que, dice ella, resulta un “ataque gratuito” contra una artista de la farándula, “tiene que haber de todo en el mundo”, me dice la doctora. 

Sé que en el mundo tiene que haber —hasta un día—de todo; aun abogados, políticos y hasta comunistas; más cantantes pop, guionistas de telenovelas, revistas del corazón, locutores de radio y hasta cartománticas. Sé que si existen estas cosas es porque la gente las degusta; si existen esas revistas como la que cito en el texto Luminarias, es porque, lamentablemente, hay mucha gente que las lee; puesto que si no fuesen negocio, esas revistas, no las editarían aquellos que viven de la pobreza de alma y mente de quienes las consumen. No soy intolerante: digo “pobreza de alma y mente” como quien se lamenta, no lo digo con ínfulas de altanería, prepotencia, superioridad.

El mundo —al menos el mundo Occidental— se ha dividido básicamente en dos grandes “regiones” de la concepción de la Vida. El de la bobería, como es el caso de la farándula, las telenovelas, muchas de las películas “jolivudenses”, etcétera, y el otro —el menor, el machacado, el anónimo en muchos aspectos—, el de las personas que consumen, y promueven, artes llamados “finos”, literaturas, ciencias y humanísticas en general. Sé, Gaby, y lo sabe usted también aun mejor que yo, que no descubro nada en las líneas precedentes. Esta descojonación del mundo viene dándose, sobre todo, desde hace siglo y medio más o menos. Quizás alguien podría afirmar que así tendría que ser: hoy somos 6 mil y medio de millones habitantes en el planeta, de modo que ¿cómo sería posible que en medio de tanta gente de distinta estirpe, educación y ausencia de esta, culturas y subculturas, floreciera una mayoría que no diera pábulo a la estupidez humana, al entretenimiento pueril?

Me martirizan estas observaciones:

a.- Hoy, en cuanto a la música popular, al canto popular, por ejemplo, ya no hace falta cantar. Es la imagen, el mundo de la imagen, la vista —el más errátil de los sentidos—, lo que decide. ¿O alguien piensa que la mexicana Thalía canta y no es una cosa neblinosa, mustia, lo que traspasa al micrófono?, ¿o que canta y no berrea la colombiana Shakira, quien, eso sí, se mueve bien, hace gozar al prójimo y aun a la prójima?, ¿o que canta –esas letras insulsas que lo caracterizan— el también colombiano Juanes?... Son solo ejemplos de la morralla infinita... 

La imagen, otro ejemplo: ¿hace unos años las orquestas de música bailable, no tocaban para eso, para que las personas bailaran?, ¿no “tocan” ahora videoclips para que las personas las vean? No digo que esto sea algo pernicioso, solo es una observación acerca de la preponderancia que tiene hoy la imagen.

¿Tiene que haber de todo en el mundo?, como dicen. Sí. ¿Sí? ¿Entonces deben existir narcotraficantes, tiranos, curas pedófilos, por ejemplo? Bueno...

¿Si infinidad de personas no consumieran tanta fruslerías como revistas del corazón, telenovelas, filmes para mancos mentales, conciertos luminosos —por tanta luz policroma en los escenarios, no por la luminosidad de los intérpretes—, entre otros, qué rango alcanzaría ahora mismo el desempleo en el mundo? Bueno... Sería una catástrofe económica... es cierto.

Una contrapregunta a la anterior: ¿Cómo se las arreglan para “sobrevivir”, económicamente hablando, en Viena, Copenhague, Oslo, Vancouver, por ejemplo, donde el consumo del entretenimiento miasma es relativamente moderado, según dicen? Claro... sé que aquellas son civilizaciones más antiguas, es verdad, y a que a los indios latinoamericanos —incluidos muchos que hoy viven en Miami y otros sitios fuera de América Latina—, amén de los españoles, otros grandes usuarios de la verraquería, nos han dejado sepultos en la sentina.

Ser intolerante, doctora Gaby, es pedir la cabeza de alguien que no piense igual que uno, como hacen los nazis y los comunistas. Denunciar las adicciones es otra cosa.

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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