Wednesday, August 18, 2010

Con la verdad a cuestas ( Sección a cargo de Ena La Pitu Columbié)

Calle Enramada de mi Santiago
(Santiago, primera parte)



Texto y fotos por Ena LaPitu Columbié
(para el blog Gaspar, El Lugareño)


Fue Santiago de Cuba con sus balcones y sus lomas, con sus músicos en cualquier esquina rayando la guitarra o percutiendo el tambor, la ciudad que primero me enamoró de aquella Isla que ya es hoy, sólo folclor de mi memoria. Santiago enamoraba a todos; porque al decir de Pablo de la Torriente Brau, es bella y sucia como una gitana de feria, y como buena gitana desprendía la sensualidad que incitaba a poseerla.

Santiago fue por mucho tiempo la segunda ciudad más importante de Cuba, y la segunda capital de la Isla (no la primera como se dice, la primera fue Baracoa)*. Tiene una localización geográfica espectacular que le merece el nombre de La Reina del Caribe. Siempre fue de una belleza exuberante rodeada de parques campestres que contrastaban con las calles estrechas, sinuosas, escalonadas; llenas de balcones y ventanales coloniales, neoclásicos, art noveau, como el resto de sus construcciones, que convertían ese ajiaco arquitectónico en algo para recordar. Hace unos días mi compañero de trabajo Galo me preguntaba por qué prefería a Santiago sobre La Habana, siendo esta última la metrópoli, y no dudé en responder “por su gente”. El santiaguero es bonachón, gentil, amable y amiguero; tiene el ritmo en la sangre y los ojos y por eso parece que siempre están de fiesta. Aunque fueron muy difíciles mis años de estudio allá, tengo guardados bellísimos recuerdos y un manojo de amigos irrepetibles entre los que se cuentan los santiagueros Odette Alonso, Bertica del Castillo y León Estrada y los que lo son por adopción Pepe Pequeño, Rosa María Muiña, Marlenys Villamar, Salvador Echavarría y Daniel…

Salíamos de la Universidad y bajábamos Enramada; según como se encontrara el bolsillo comíamos picetas en la Cafetería Marilyn o pizzas reales en Fontana di Trevi. Otros ya venían llenos de las legendarias fritas o croquetas de nuestra cafetería, que eran capaces de romper el diente más duro. Así preparábamos el estómago contra las temibles libaciones que sin piedad se presentaban en cada aventura. Luego cortábamos hacia La Isabelica, ese era un punto de encuentros; un rocío de gallo, mucha charla y cuando ya estábamos todos, nos íbamos a mataperrear. Otros puntos de encuentros eran El Parque Céspedes, La Plaza Dolores o El Parque del Ajedrez –que mi hermana Odette se ha encargado de revivir e inmortalizar para el mundo en su blog del mismo nombre http://parquedelajedrez.blogspot.com/ –; El Cabildo, Casa Granda, Las Casas de Bertica y de la Trova, La UNEAC (y sus tiros de cerveza), … todos eran lugares para apiñarnos y festejar, a veces sin razón, sólo por el mero hecho de ser jóvenes o para apaciguar el calor y la modorra que agarrábamos en las largas horas de clases en las polleras (aulas) de Quintero. En aquella época yo solía decir “quiero morirme en Santiago de Cuba”.

Regresé hace unos meses con la esperanza de encontrar algo de aquello que me hacía decirles a todos que Santiago era la más bella de las ciudades del mundo. Santiago sigue siendo bella rodeada de montañas y de mar, sigue siendo sucia, pero su gente ahora tiene el semblante perdido en el hastío. Ahora a los músicos se encuentran en cada esquina, más que antes y como todo el mundo luchando la vida, pero en sus ojos ya no hay ritmo y fiesta. La Calle está llena, pero los lugares de reunión están vacíos. La Casa de la Trova estaba vacía, La UNEAC estaba vacía, La Isabelica estaba vacía, hasta el Parque Céspedes estaba vacío, permanecieron así mientras estuve allí, por falta de agua, corriente o material de oferta, o por la abulia. Lo cierto es que yo, ya no quiero morir en Santiago, también estaban vacías la casa de Odette, de Carlos, de Rosana, de Bertica… sólo Dany apareció como un cicerone a destiempo para darnos el agua mansa y el abrazo cálido, su casa fue ahora el punto de encuentro donde tomamos café y nos preguntamos sin respuesta ¿Adónde fue a parar el misterio de Santiago?

* Ver en este mismo blog el primer trabajo de “Con la verdad a cuestas”, titulado ¿Cuál es la ruta de Baracoa? Publicado el miércoles 28 de abril/2010.

ver todos los post anteriores de Con la verdad a cuestas
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Ena Columbié, “LaPitu” Guantánamo, Cuba. Poeta, ensayista, crítica, narradora y artista. Licenciada en Filología. Ha obtenido numerosos premios en crítica literaria y artística, cuento y poesía. Ha publicado los libros: Dos cuentos (Narrativa. Cuba 1987), El Exégeta (Crítica literaria. Cuba 1995), Ripios y Epigramas (Poesía Cuba 2001) y Ripios (Poesía. USA 2006) y en las antologías: Lenguas Recurrentes (1982), Lauros (Cuba 1989), Epigramas (Cuba1994), Muestra Siglo XXI de la poesía en español (USA 2005), La Mujer Rota (México 2008). Dirige la editorial, Ediciones EntreRíos. Ha colaborado como editora en la editorial La Araña pelúa de París y en La Peregrina Magazine, así como en diversos proyectos privados independientes.Como fotógrafa ha publicado en revistas y periódicos de USA. Reside en Miami, Florida. USA.

8 comments:

Odette Alonso said...

Coño, mi hermana, me has dejado muda... Santiago, cuna y pan, Santiago... El nuestro es ése, el que guardamos en la memoria.
Un abrazo enorme, éste que los años añejaron como al buen ron de las barricas de Bacardí.

MIDIALA ROSALES said...

Muy lindo tu escrito, queria Ena.
Besos.

Anonymous said...

COMPARANDO LAS IMAGENES Y TUS PALABRAS ...HAY UNA EQUIDAD QUE PRIVA CON MUCHO DE LO QUE FUE STGO. ES UNA VERDAD,CON LAS QUE TENDREMOS QUE ANDAR A CUESTAS;SIN SABER CUANDO EL ROSTRO DEL SANTIAGUERO SE ILUMINE DE SU ALEGRIA NATURAL Y DIARIA;NO SOLO EN DIAS DE CARNAVAL Y ALCOHOL PARA DICIPAR LAS PENAS,NECESIDADES Y OTRAS VERDADES. ESPERAR !CONGRATULATIONS PITU! TU BESO ari

Manny Lopez said...

Siempre logras que yo me quiera montar en el tren en la estacion de mi querido Moron y cojer rumbo a tu Oriente... Besos, Manny

Carmen Karin Aldrey said...

Llegó mi madre de Santiago, en donde tiraba piedras a los tejados cuando niña, tal y como hiciera yo años más tarde en Preston. Su padre, mi abuelo, era músico, un guitarrista excelente, le llamaban "Junquerita" en sus buenos tiempos de bohemia.
Fuí a Santiago siendo muy pequeña, la casa de mis abuelos llegó a ser un centro de reunión musical, allí tocaban su gran amigo Sindo Garay y otros, en el portal, y abuela Ramona cantaba como los ángeles y hacía limonada para todos.
Historias contadas en las tardes de mi infancia por los que las vivieron, así llegaron a ser también parte de mis memorias.
Gracias, Pitu, por estas bellísimas fotos y los recuerdos.
Besos, Karin

Anonymous said...

Como me ha gustado tu escrito sobre Santiago, solamente lo visite' una vez y asi mismo fue', como olvidar La Isabelica " si siempre la pongo de ejemplo de como deben ser las cafeterias (un lugar para compartir disfrutando un cafe sin apuros, lugar de encuentros ).
Algo me atrapo' en Santiago.

Félix Luis Viera said...

Ostrica, pues todo se jodió, y ahora me entero de que acabas de ratificarlo hace poco con tus propios ojos. Gracias, porque voy a guardar esas fotos.
Copioabajo dos expresiones muy buenas.

Agradecido.

Tu Ch.


"aquella Isla que ya es hoy, sólo folclor de mi memoria"

"Santiago sigue siendo bella rodeada de montañas y de mar, sigue siendo sucia, pero su gente ahora tiene el semblante perdido en el hastío"

Anonymous said...

Ena, desde mi más fanática "habanidad" disfruto tu prosa y tus imágenes. Yo también amo Santiago Allí está nuestro Caribe más real.
Excelente texto, como siempre.

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