Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba
Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, 8 de septiembre de 2026
Primera Misa en la Solemnidad de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre
Hermanos,
Tenemos que darle gracias al Señor siempre. Nuestra vida debe ser una acción de gracias a Dios. Gracias por la vida que nos da. Gracias por la palabra que escuchamos, que es la que hace que le encontremos sentido a la vida. Gracias por tantas cosas pequeñas que sabemos recibimos de sus manos. Y hoy tenemos que darle gracias por estar aquí, somos unos privilegiados y somos unos elegidos. El Señor ha querido que estemos aquí hoy nosotros.
Entonces tenemos esa responsabilidad, como dije al introducir la misa, la responsabilidad de no sentirnos nosotros escogidos, sino con la humildad de María, nosotros también tener presente que estamos representando por un lado a todo nuestro pueblo, porque estamos aquí en casa de la madre y hemos tenido esa oportunidad, fíjense, no es suerte, es esa oportunidad que Dios nos da, esa elección que Dios nos ha hecho de estar aquí.
Y no solamente entonces de todos los cubanos, pero muy particularmente también de todos aquellos que hubieran querido estar aquí esta noche, como años anteriores. Entonces recordemos a tantas personas que hoy a esta hora, seguro, han hecho una oración y nosotros se la traemos a la Madre, para para que ella, que tiene a su Hijo en sus brazos, se las presente. Y Jesús, que es nuestro único Salvador, pues la presenta al Padre. Es una dicha estar aquí.
Las lecturas de hoy, que siempre las leemos y siempre es bueno recordarlas, es la misa de la noche. decir, estamos como preparándonos para la gran fiesta con las misas en las parroquias, en las comunidades, en las oraciones, en los fieles, en las procesiones, etcétera. La primera lectura es del Antiguo Testamento. Y en esa lectura nosotros vemos como en ese texto de Judith que habla de Judith, aquella mujer que fue escogida por Dios para salvar al pueblo. Es decir, para que el pueblo cogiera ánimo, supiera luchar y se apartara de la mano del de la maldad.
Y Dios la escogió a ella, a una mujer precisamente, para llevar a todos hombres y mujeres a vivir la vida digna que Dios quería para su pueblo, darle libertad de fe para que pudieran practicar su fe, y ella pues convocó, ella ayudó a que hombres y mujeres tuvieran confianza en Dios, y a través de ella, Dios hizo muchas maravillas. Fíjense bien que es un texto del Antiguo Testamento en que Dios saca una mujer del pueblo y la pone al frente. De tal manera que dice, que todos los que estaban allí decían, "Tú sí eres aquella escogida por Dios para salvar el pueblo. Eres tú”.
Y a ella le dedicaron muchas alabanzas. El pueblo de Israel esperaba el Mesías y esa elección de Judith, no cabe la menor duda que fue uno de los tantos pasos que Dios suscitó, hizo posible, para que el pueblo tomara conciencia de que Dios no le olvidaba. El pueblo seguía esperando el Mesías y el pueblo pasaba por momentos muy duros, muy difíciles. Parecía como si Dios se hubiera olvidado del pueblo. Parecía. Pero Judith estaba allí. Y ella era como la figura y la gente le agradecía porque había dicho que sí al Señor para salvar el pueblo.
Pero pasa el tiempo y en ese pasar del tiempo viene María. Otra mujer, otra mujer del pueblo llena de humildad, pero de una fe increíble. Y María esperaba la llegada de Jesús. Si no sabía que a ella Dios, le iba a pedir algo muy especial.
Entonces voy a hacer aquí una parada porque nosotros tenemos también que darnos cuenta de que María era una mujer como cualquiera de las mujeres que está aquí. Dios la había elegido. La había preservado del pecado original. Dios le había destinado a ser la madre de su Hijo, como Dios había elegido a Judith en tiempos siglos atrás. Entonces, María espera que el Mesías venga y no sabía que Dios la había escogido a ella hasta que el Ángel se le presenta.
Y el Ángel le dice, " María, ¿Quieres ser la madre del Salvador?" "¿Cómo podrá ser esto?" Dice ella, todavía medio anonadada. Dios te he escogido. No puede ser. Yo no conozco varón. Dice, "Pero para Dios no es imposible. Mira, tu prima Isabel, ya mayor, y va a dar la luz por mí." Entonces, María recapacita y dice, “efectivamente, hay en la fe firme para Dios no hay nada imposible. Si él lo dice, eso será." No por lo que ella valía, por el amor de Dios por el pueblo, y por la fuerza y el poder de Dios, la gracia de Dios.
Entonces, María acepta. Dice, "Sí, háganse en mí según tu palabra, háganse en mí según tu voluntad." Cosa que también todos nosotros tenemos que repetir y tratar de cumplir y vivir. Entonces, fíjense, Dios escoge a María para una obra especial de salvación, y ella dice que sí, por su confianza en Dios y se lanza a la aventura de hacer la voluntad de Dios.
Hermanos, eso que le pasó a María, pero de manera distinta en cada uno de los nosotros, porque todos somos diferentes, y Dios llega a nosotros de manera diferente a uno de una manera, a otro de otra. Cada uno tiene una historia personal de salvación. Dios también a nosotros nos pide hacer su voluntad y ponernos a la disposición del Señor.
Como María, también nosotros vamos a veces a decir, "Señor, yo no tengo fuerzas. ¿Por qué tú me pides esto?” Pero cuando nos damos cuenta de que Dios es el que lo está hablando, lo está pidiendo, lo está llamando, eligiendo, entonces, hermanos, ojos cerrados, manos apretadas y hacer la voluntad de Dios.
El texto de hoy nos dice uno, Dios no nos abandona. No abandonó a Israel, no nos abandona a nosotros, mandó al Mesías y el Mesías viene a salvar a todos los hombres, no solamente a un pueblo. ¿Y cómo lo hace el Mesías?, humildemente también, muere en la cruz por nosotros. Para darnos cuenta de que la salvación de los hombres no es un problema de cálculo humano. Hay veces que los hombres creemos, y así lo hemos escuchado y lo hemos vivido, de que en la tierra se va a poder construir un paraíso. Y que todo el bien que se haga es solamente de nuestra cuenta. Nosotros somos lo que hemos hecho.
Y no nos damos cuenta de que cuando nosotros nos olvidamos de la palabra de Dios, de la voluntad de Dios, nuestros caminos no pueden terminar bien. Para que nuestros caminos terminen bien, nosotros tenemos que acogernos a su palabra, disponernos y tratar de hacer su voluntad.
Vamos a pedirle al Señor la gracia de sentirnos elegidos, porque lo somos. ¿Y qué mayor dicha que sentirme elegido por Dios? Vamos a darle las gracias a Dios porque en María hizo cosas maravillosas y admirables. Dios, no que María lo hizo, Dios hizo por María obras admirables.
Vamos a pedirle al Señor que también a través de nosotros el Señor haga cosas admirables donde nosotros estamos. Y la cosa más admirable que podemos hacer, es hacer su voluntad siempre. Cualquiera podría preguntarse, "Dios, ¿qué me puede pedir? que sea mejor simple y sencillamente?" Que trate de vivir según los mandamientos de la ley de Dios, que son luz para nuestros ojos. Así dice el Salmo, “colirio para nuestros ojos."
Vamos a pedirle al Señor que nos dé fuerza para que cuando descubramos cuál es su voluntad, ¿qué debo hacer? Nosotros tener la fuerza para llevarlo a cabo y hacerlo. Y cada uno tiene lo suyo.
Yo veo a las hermanas que están acá, tanto las hermanas de Jesús Buen Pastor, como las de Madre Teresa de Calcuta. ¿Cómo hacen la voluntad Dios, cómo la cumplen? Pues cumpliendo con su regla, con orar por los demás, con vivir según conociendo el Evangelio. Así es como cumplen, ayudando a los necesitados, estar con las puertas abiertas para recibir al que venga, con un gesto dulce en el rostro y una sonrisa como si fuera la sonrisa de Dios.
¿Cómo un estudiante puede hacer la voluntad de Dios? Viviendo como estudiante, haciendo lo que tiene que hacer un estudiante, estudiando, preparándose, no perdiendo el tiempo.
¿Cómo un padre de familia puede hacer la voluntad de Dios? El papá y la mamá, pues dedicando su vida a lo más grande que el Señor le ha pedido, que es traer a sus hijos al mundo y además educarlos, acompañarlos, quererlos, preparándolos para la vida. ¿Cómo un médico puede hacer la voluntad de Dios? Seguro que aquí hay médicos. Pues tratando con caridad y tratando con paciencia a los enfermos, preparándose para ser buen médico. ¿Cómo un campesino de nuestros campos puede hacer la voluntad de Dios? Bueno, pues en su oficio en el campo, tratar de dar los frutos mejores que tanta falta nos hacen.
Así es, hermanos. No hay que buscar mucho, ni analizar mucho. Cada uno tiene que hacer aquello que nos corresponde por nuestro estado, por nuestra condición.
¿Cómo un gobernante pueda hacer la voluntad de Dios?, gobernando en provecho del pueblo y no en provecho propio. Es lo primero. Y después tratando de que se haga lo que el pueblo necesite y quiere, y no mi capricho, o que mi voluntad o mi manera de pensar sea lo que se cumpla porque esa es la única que vale. Hacer la voluntad de Dios le corresponde a cada uno según su condición.
Hermanos, y así es como el Señor nos salva a cada uno de nosotros. Así lo hizo María, así lo hizo Judith, así la gente les reconoció. Y por eso, no solo estamos volviendo a dar a María, ¿por qué? Porque en todo momento quiso hacer su voluntad. Vamos a pedirle al Señor que nos ayude a él a ser así, a vivir así.
Vamos a pedirle al Señor que también le dé la gracia a este pueblo, fortaleza, sabiduría y decisión para que sepamos superar la situación que estamos viviendo, que es triste y que ningún pueblo la merece. Vamos a pedirle al Señor que cualquier cambio que se haga, los cambios que se están haciendo, no se queden en la periferia, sino que profundicen y que toquen todas las estructuras de nuestra vida, la vida de cada cubano, de cada persona. Hay que pedirle a Dios eso. Que se hagan los cambios necesarios para cada día vivir con más tranquilidad, como un pueblo que quiera amar a Dios y que quiere quererse como hermanos.
Hermanos, vamos a conocer al Señor un poquito más, para que el Señor nos dé la gracia de ser fieles a Él. Que el Señor nos acompañe, que nos dé ánimo, y vamos este día a tenerlo muy presente. A tenerlo muy presente ahí en los brazos de María y decir, "Tú eres mi Salvador. Quiero oírte, quiero seguir tu palabra." Amén.
Y puestos de pie, vamos a hacer profesión de nuestra fe.
Texto y fotos tomados del Facebook del Arzobispado de Santiago de Cuba.




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