El título está crónica lleva en sí un descubrimiento y un asombro de magnitudes equivalentes.
Y en verdad lo marca la poesía de un hombre místico con todas sus letras, pero especialmente la de un poema laudatorio, escrito como epitafio suficiente a otro grande de la literatura norteamericana sin cuento: Ernest Hemingway.
ChatGPT nos dota de algunas imprescindibles coordenadas entre ambos escritores situados en las antípodas creativas pero conectados por algo más grande y trascendente que ellos mismos:
No hay evidencia de que Thomas Merton y Ernest Hemingway se hubieran conocido personalmente. Merton (1915–1968), monje trapense de la abadía de Abadía de Nuestra Señora de Getsemaní, era un escritor espiritual que seguía con atención la literatura contemporánea, pero su relación con Hemingway fue literaria y simbólica, no de amistad personal. Cuando Hemingway murió en 1961, Merton escribió “An Elegy for Ernest Hemingway” como una respuesta de admiración y compasión. El poema muestra que conocía profundamente la imagen pública de Hemingway —el cazador, el corresponsal de guerra, el novelista de la acción—, pero intenta ir más allá del mito para ver al hombre vulnerable detrás de esa figura.
El poema a no dudarse, es uno de los homenajes más profundos a Hemingway porque no celebra solamente al hombre de acción, sino que interpreta su muerte como el final simbólico de un ideal del siglo XX: la figura del aventurero individual, del héroe que cree poder dominar el destino mediante el valor y la voluntad.
Que el lector disfrute esta maravillosa revelación en esta traducción personal que ahora les comparto como cierre:
Ahora, por primera vez, en la noche de tu muerte,
tu nombre es mencionado en los conventos:
ne cadas in obscurum (no caigas en el olvido).
Ahora, con una campana verdadera, tu historia llega a su final.
Ahora los hombres en los monasterios, los hombres de los réquiems,
familiarizados con los muertos, te incluyen en sus oficios.
Permaneces anónimo entre miles, esperando en la oscuridad
en grandes estaciones al borde de países
conocidos solamente por la oración, donde los fuegos no son crueles,
esperamos, y no carecen de fin.
Pasas brevemente entre nosotros. Tus libros y tus escritos
no han sido consultados. Nuestras oraciones son
pro defuncto N. (por el difunto N.).
Sin embargo, algunos levantan la mirada, como si entre una multitud
de prisioneros o personas desplazadas reconocieran a un amigo
que alguna vez conocieron en una tierra lejana.
Para ellos, el sol también salió después de una guerra olvidada
sobre un idioma que tú hiciste grande.
No te han olvidado. En su silencio sigues siendo famoso,
no una sombra ritual.
¡Qué lentamente repica esta campana en la torre de un monasterio
por toda una época, y por la rápida muerte de una dinastía desprevenida,
y por aquella valiente ilusión: el yo aventurero!
Porque con un solo disparo
¡toda la cacería ha terminado!
An Elegy For Ernest Hemingway
.
Now for the first time on the night of your death
your name is mentioned in convents, ne cadas in obscurum.
Now with a true bell your story becomes final. Now
men in monasteries, men of requiems, familiar with
the dead, include you in their offices.
You stand anonymous among thousands, waiting in
the dark at great stations on the edge of countries
known to prayer alone, where fires are not merciless,
we hope, and not without end.
You pass briefly through our midst. Your books and
writing have not been consulted. Our prayers are
pro defuncto N.
Yet some look up, as though among a crowd of prisoners
or displaced persons, they recognized a friend
once known in a far country. For these the sun also
rose after a forgotten war upon an idiom you made
great. They have not forgotten you. In their silence
you are still famous, no ritual shade.
How slowly this bell tolls in a monastery tower for a
whole age, and for the quick death of an unready
dynasty, and for that brave illusion: the adventurous
self!
For with one shot the whole hunt is ended!
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Fuentes consultadas:



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