Thursday, August 27, 2026

Galas de clausura del XXXI Festival Internacional de Ballet de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)


“La perfección técnica es insuficiente, es huérfana sin el alma auténtica del bailarín”. Sylvie Guillem.



Después de tres semanas de diversas actividades que recogieron presentaciones de publicaciones, charlas, exposiciones, proyecciones de documentales, clases y funciones en diferentes escenarios, llegó por fin el cierre de la XXXI edición del Festival Internacional de Ballet de Miami (FIBM) con las habituales dos funciones de las denominadas Galas Clásicas, las cuales tuvieron lugar los días 15 y 16 del presente mes de agosto en el teatro Jackie Gleason de South Beach.

En dichos espectáculos se presentaron artistas pertenecientes a compañías danzarías de Italia, México, Uruguay, Colombia, Brasil, así como de las ciudades de Washington, Milwaukee, San Antonio, Rhode Island y Miami, todas en Estados Unidos. Como es habitual en ambas galas se realizaron las entregas de los premios ‘Una vida por la danza’ y ‘Crítica a la cultura de la danza’, el primero otorgado al ex bailarín dominicano Carlos Veitia, quien fuera cofundador y director del Ballet Concierto Dominicano, así como del Ballet Nacional Dominicano, habiendo sido merecedor de diversos reconocimientos en su trayectoria artística; mientras que el segundo de los galardones le fue otorgado a la norteamericana Christine Jowers, ex bailarina, escritora, curadora, productora y profesora, siendo actualmente la fundadora y editora jefe de ‘The Dance Enthusiat’, una institución dedicada al periodismo danzario, su documentación, a promover el compromiso de las audiencias, la crítica y la literatura sobre danza, la cual no se presentó ni envió a nadie en su nombre a recogerlo,

De las dos presentaciones programadas solo podremos hablar acerca de la realizada el domingo a las 5:00 de la tarde en el citado teatro a la cual pudimos asistir, aunque con respecto a la información ofrecida por el programa de mano nos llamara la atención que en la función del sábado anterior aparecieran anunciados para interpretar las mismas piezas por bailarines de diferentes compañías. Tal fue el caso del pas de deux ‘El Corsario’ que correría a cargo de intérpretes del Ballet de San Antonio y de la Compañía Nacional de Danza de México, amén que se anunciaba además la presentación de ‘El pas de la esclava’ con lo cual sumarían tres piezas de la misma obra; lo mismo sucedería con el pas de deux ‘Diana y Acteón’, que sería interpretado tanto por la pareja del Cuban Classical Ballet of Miami como por la de la Compañía Colombiana de Ballet. Una situación como la anterior denota una desacertada coordinación en la preparación del programa, algo que es imprescindible tener en cuenta desde el instante en que los participantes anuncian su presencia en el evento y el programa con el cual intervendrán.

Respecto al programa de la función dominical a la que como ya dijimos pudimos asistir, el mismo comenzó con la pareja integrada por Yasmín Lomondo y Joao Víctor Monteiro, del Ballet Nacional Sodre, de Uruguay, dirigida artísticamente por María Ricetto, quienes interpretaron la pieza ‘Tócame’, un trabajo de ballet contemporáneo con firma de Ricardo Amarante el cual, aunque bien interpretado no aportó nada en cuanto a lenguaje coreográfico. La segunda intervención estuvo a cargo del bailarín ‘free lance’ italiano Nicola Marchionni quien asumió en solitario la variación del pas de deux ‘Diana y Acteón’, en una presentación más propia de un concurso que de una gala de festival.

A continuación, el Arts Ballet Theatre of Florida bajo la dirección artística de Vladimir Issaev ofreció ‘Danzón’, obra de Yanis Pikieris de corte contemporáneo, bien interpretada por Nora Yun Schaefer y Andreas Cross, pero carente de novedad coreográfica y la cual es bailada sobre una partitura musical que nada tiene que ver con el título de dicha pieza, el cual hace referencia a un género musical y bailable específico, de origen cubano muy popular en México. Por su parte el Ballet del Teatro Municipal de Rio de Janeiro dirigido artísticamente por Helio Bejani, subió a escena el pas de deux del ballet ‘La Fille Mal Gardee’, coreografía de Jean Dauberval, con las interpretaciones de Marcella Trindade Borges y Emerson Ferreira, quienes ofrecieron un trabajo limpio y con la frescura que dichos roles merecen.

La Compañía Colombiana de Ballet -agrupación de habitual presencia en este evento- bajo la dirección artística de José María Ghiso, presentó a continuación ‘Tango’, pieza también de ballet contemporáneo de Jaime Pinto, a cargo de la pareja formada por Danna Sandoval y Andrés Felipe Ángel, quienes hicieron entrega de un trabajo cargado de energía y limpieza técnica. Respecto al desarrollo coreográfico esta obra contiene momentos que dan la impresión de haber finalizado la misma tanto por la permanencia estática en una determinada pose por parte de los bailarines como por la terminación de la música, situación tomada por el público como de final de la obra, procurando con ello la consiguiente tanda de aplausos y exclamaciones, interrumpiendo la continua dinámica de la pieza.

Cerrando la primera parte del espectáculo, subieron a escena la pareja de bailarines del Ballet de Monterrey, México, que dirige artísticamente Yosvani Ramos, integrada por los muy jóvenes Laura Barbosa y Eduardo Diez en el conocido pas de deux del ballet ‘Don Quijote’, quienes hicieron una entrega que podríamos considerar correcta técnicamente, pero ausente del alma e interpretación que supone la entrega a dicha pieza.

Un detalle para señalar con respecto a estas dos últimas presentaciones tiene que ver con el diseño de luces utilizado con el que se iluminó el telón blanco -ciclorama en términos teatrales- colocado al fondo del escenario, el cual fue coloreado con luces rojas en ambas oportunidades, una a continuación de la otra, provocando una sensación de falta de rigor en el diseño de la concepción del espectáculo. Otro detalle al cual es imposible no referirnos, tiene que ver también con dicho ‘telón blanco’, el que presentaba una llamativa costura en su centro -de forma horizontal- la cual se extendía de un lado al otro del mismo, uniendo los dos paños de tela que lo conformaban, resultando por lo burdo del mismo, imposible de dejar de mirar en todo momento. Los que hemos asistido habitualmente a las presentaciones de ballet en este coliseo -Jackie Gleason- conocemos de las pésimas condiciones técnicas que dicho teatro presenta para albergar espectáculos de este tipo. Sabemos que no poseen el comentado ciclorama, pieza de telonería básica en cualquier teatro de tales dimensiones, así como un extremadamente pobre equipamiento de luces con el cual se logra iluminar escasamente el escenario, provocando que los bailarines se muevan constantemente dentro de zonas de oscuridad o peor aún, queden iluminados solo partes de sus cuerpos.

A este de por sí grave problema técnico habría que añadirle el que en diversas ocasiones el manejo de las luces por parte de los encargados de hacerlo sea caótico, encendiendo o apagando las mismas en momentos no pertinentes. Si a lo anterior sumamos el inapropiado sistema de sonido existente en la sala, el cual se encuentra concebido para ofrecer grandes y estridentes conciertos musicales lo que provoca sonidos extremadamente rudos, podemos llegar a la conclusión que realizar funciones de ballet en dicha instalación teatral se convierten en un ‘tiro en el propio pie’ para las mismas. No obstante, estamos obligados a reconocer que ante la escasez de escenarios apropiados en la ciudad para tal tipo de espectáculos y los precios desproporcionados exigidos por los existentes, los organizadores de este evento se ven en la necesidad de utilizar dicho teatro, a lo que se suma el verse también condicionados a hacerlo debido al patrocinio que la ciudad de Miami Beach otorga para la realización del FIBM. Sin duda alguna con estas lamentables condiciones materiales ningún espectáculo puede destacar.

Después del lamentable anterior paréntesis, continuando con la segunda parte del programa, el telón subió con la presencia del Washington Ballet, institución cuya dirección artística se encuentra en manos de Edwaard Liang, presentando ‘Finding Lights’, obra del propio Liang, asumida por Chanell Cabrera y Ariel Martínez quienes realizaron con precisión y limpieza técnica esta tampoco nada exigente coreografía de ballet contemporáneo. A continuación, se presentó la pareja integrada por Marize Fumero y Marco Micov, del Milwaukee Ballet que dirige artísticamente Michael Pink, con el pas de deux del ballet ‘Romeo y Julieta’, coreografiado en esta oportunidad por el propio Pink. Ambos bailarines se entregaron en un hermoso y sentido trabajo de interpretación que permitió apreciar una bien concebida línea coreográfica y una delicada entrega de la técnica en función de la actuación que dicha obra requiere. Sin duda alguna uno de los grandes momentos de la gala.

De México también, la Compañía Nacional de Danza, cuyo director artístico es Erick Rodríguez, ofreció otra pieza de línea contemporánea sin mayor destaque, con el nombre de ‘Amor (A mis padres)’, obra de Jaqueline López e interpretada por Ana Paula Montero y Emanuel Talongo. El Cuban Classical Ballet of Miami, agrupación patrocinadora del festival y que dirige Eriberto Jiménez, llevó a escena el pas de deux ‘Diana y Actión’ de la coreógrafa rusa Agrippina Vaganova, el cual estuvo a cargo de Natalie Álvarez e Ihosvany Rodríguez, dejando sensación de trabajo no logrado por completo debido a imprecisiones técnicas y evidente pobreza interpretativa. Respecto a este momento, nos vemos obligados a señalar algunos detalles que detonaban falta de cuidado con la imagen visual de la obra, debido a que resultó desacertada la elección de los colores del vestuario utilizado, ya que mientras ella vestía una túnica de color rojo, él portaba otra de color amarillo brillante, creando un demasiado estridente contraste; mientras que por otra parte la iluminación en rojo sobre el telón blanco del fondo del escenario provocaba una inadmisible saturación óptica entre el vestuario de la bailarina y dicha proyección de luces.

Una de las presentaciones más destacadas en esta jornada sin duda alguna resultó ser la de los representantes de Les Grands Ballets Canadiens, compañía dirigida artísticamente por Iván Cavallari, con el pas de deux del ballet ‘Espartaco’, en esta ocasión con coreografía de Etienne Bechard e interpretado por Rachele Buriassi y Esnel Ramos. Ambos intérpretes ofrecieron un trabajo de alta complejidad y complicidad artística totalmente resuelta, poniendo la limpieza de la ejecución técnica en función del amplio espectro teatral que dicha obra exige. Entregas como esta son las esperadas siempre poder disfrutar en un evento de esta categoría.

Nuevamente el bailarín ‘free lance’ italiano Nicola Marchionni salió al escenario con un solo de estilo contemporáneo titulado ‘Vedrai, Vedrai’ (Ya verás, ya verás) de su propia autoría, pieza que aunque bien ejecutada no aportaba nada al lucimiento del evento.

Para el cierre de la jornada subió a escena el conocido pas de deux ‘El Corsario’, coreografiado por Marius Petipa e interpretado por Brenna Mulligan y Luciano Perotto, en representación el del Ballet de San Antonio, cuyo director artístico es Rafael Ferreras y ella del Ballet de Rhode Island , bajo la dirección de Kathleen Breen Combes, quienes hicieron entrega de un trabajo enérgico por parte de él y cuidadoso en estilo por el de ella, con lo que provocaron la intensidad climática que dicha obra siempre lleva a los escenarios y ofrecieron el final adecuado a esta gala y al festival.

Un aspecto que no quisiéramos pasar por alto antes de terminar, el cual influye negativamente en la estética de cualquier presentación danzaría, es el que tiene que ver con bailarines hombres luciendo tatuajes en diferentes zonas de sus cuerpos. Sin importar la cantidad o tamaños de los mismos, estos a la vista sobre un escenario resultan inapropiados por completo y sabemos perfectamente que aplicando una capa de maquillaje en las zonas dibujadas de la piel pueden ser ocultados.

Para finalizar nuestro trabajo sólo nos restaría agregar que esperamos por el bien de la continuidad del Festival Internacional de Ballet de Miami, que en las venideras ediciones se haga un esfuerzo por recuperar -y también elevar- el nivel artístico que el evento ha ido perdiendo en los últimos tiempos, debido a múltiples factores que han incidido de forma directa en ello y que deben ser analizados atentamente, los cuales han provocado una notable merma de su nivel artístico, así como la considerable pérdida de un público conocedor, exigente y amante de esta manifestación que existe en nuestra ciudad.



Wilfredo A. Ramos.
Miami. Agosto 24, 2026.

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