Cumplo un día después que los cumpleaños terrestres de Hemingway, que ahora los cumple cada 21 de julio en la Eternidad.
Pero mi abuela materna, la bella Rosario, era del 23 de Julio, y como nací el 22 sobre las once, ella se quedó anhelando que mi llegada a aquella planicie agramontina, fuera el día de su cumpleaños, en la entonces oh casualidad, Clínica Agramonte, en el venido a menos cuartel de Garrido, que conoció tiempos mejores, en aquel Anno Domini de 1966.
El temor de mi familia y de mis padres tan católicos y reverentes, era que el parto demorara como era casual en las primerizas, y mi desembarco en este planeta de Dios llegará al fatídico día 26 de aquel mes canicular, y que 13 años antes había marcado la fatalidad para nuestra linda Cuba. Vade retro…..
Por suerte de aquel día de la Santa Ana solo queda un recuerdo muy bello de un recién nacido de solo cuatro días de nacido, arropado por su abuela paterna, la inolvidable y amorosa Emilia y a su lado mi querido tío materno Rafael. Ya ambos juntos disfrutando de las maravillas del Paraíso que Papá Dios regala a sus mejores hijos.
La foto de aquel momento, acompaña mi crónica de hoy, cuando alzo mi copa rodeado de ángeles que son mi familia aquí y ahora en esta muy sofocante jornada estival, en la ciudad miamense que hoy nos acoge y resguarda de todo mal. Amén



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