Monday, May 18, 2026

Mons. Dionisio García: "Cuba tiene que cambiar"


Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba. Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, 17 de mayo de 2026.

Solemnidad de la Ascensión del Señor



“Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” Mateo 28, 20


Hermanos,

Esta es una celebración hermosa. Hermosa y hay veces que pasa como un poco desapercibida. Le damos importancia a la tiene el centro a la Navidad, que es el misterio de la encarnación, eso es lo que celebramos, el misterio que Dios siendo Dios, se hace hombre como criatura igual que una criatura que sale de sus manos, ¿para qué? Por amor para salvarlo. Y se hace hombre en el seno de la Virgen, pasando por por todo lo que puede pasar un ser humano en todo menos en el pecado. ¡Qué misterio más grande es ese!, Dios que se abaja. Muy bien.

Después tenemos otra fiesta grande que es la fiesta de Pascua, en la cual nosotros recordamos la Pasión, la muerte del Señor Jesús, su Pasión en la cruz, y cómo en ese árbol de la cruz, el Señor nos alcanza la salvación. Lo que para el mundo era un instrumento de tortura, de ahí del mal, Dios es capaz de sacar la vida y el bien. Ese es el misterio de la Redención. No solamente Dios se hace hombre como uno de nosotros, sino que también Él se entrega y sufre como un condenado, como un ladrón, como un asesino, como aquellos dos que estaban al lado de Él. ¿Y por qué? Por amor. Ese es el misterio de Dios, que es amor y que Él por amor nos ha creado para que vivamos en el amor.

Ustedes saben que el amor no se vive egoístamente uno solo. El amor necesita ser compartido. Es una necesidad del amor y Dios es amor. Y Dios quiere compartir esa dicha, esa felicidad con todos, por eso nos ha creado. Ese es el sentido de la vida. No es otra cosa, como que seamos una plantica de esas que ahora están verdes porque llovió y si no a lo mejor desaparece. No. Cada uno de nosotros, nuestros nombres están grabados, como dice la palabra de Dios, en el corazón de Dios.

Y el misterio de la Ascensión está metido ahí, forma parte, y lo tenemos como el día de la responsabilidad. Si podíamos dar un nombre así ese día, ¿qué día? Ustedes saben que celebra mucho, empezamos por las madres, las madres, los papás, los abuelos, los tíos, los derechos humanos, los que son minusválidos, los que son… entonces, todos los días hay algo diferente. Este día es el día de la grandeza de la iglesia, de los discípulos que oyen el mandato de Dios y se quedan expectantes. Es el día en que los discípulos descubren que el Señor Jesús vino y gastó su tiempo, fíjense, no lo malgastó, gastó su tiempo, empleó su tiempo para enseñarnos a vivir en paz junto a Él y alcanzar la salvación. Y es el día que nos dice, "Ahora les toca a ustedes. Todo aquello que yo les enseñé, ustedes tienen que ponerlo en práctica”.

Uno de los momentos más bonitos, ¿verdad que sí?, de las lecturas de la Biblia, del Nuevo Testamento, es esa imagen preciosa, cuando están los discípulos viendo que ya el Señor Jesús no está con ellos y que el escritor los narra con aquello de subió, ascendió. Y dice que los discípulos se quedaron como bobos contemplando. Se iba, se iba el Señor. Lo creyeron muerto y después volvió a la vida. Estaban pesimistas y tristes, lo habían matado en la cruz, pero volvió a la vida, pero ahora se va. Se va y ya estaban ellos así, medio lelos.

Y aquellos dos personajes que se acercan y les dice, "¿Y qué hacen ustedes ahí, galileos?" Siempre una palabra que, seguro que el ángel no la dijo, pero la digo yo. ¿Qué hacen como tontos mirando al cielo, como lelos, así, mirando al cielo? ¿Qué hacen? Váyanse. Empiecen a vivir todo lo que el Señor les ha enseñado. Lo último que les dijo, "Vayan por el mundo entero, bauticen, al que crea y enseñen lo que yo les he enseñado. No se queden así pasmados, no. Salgan”.

Es el día de la responsabilidad, es el día de la Iglesia, que junto con la venida del Espíritu Santo, cuando ellos cogen la sabiduría y la fuerza de Dios, porque el Señor les había dicho, "Él les va a enseñar y les va a a iluminar el camino para que ustedes con sabiduría y valentía, también le hagan presente”. Sí, hermano, es el día de nuestra responsabilidad. Y eso se puede interpretar de muchas maneras. ¿Todo se lo dejo a Dios y entonces yo me quedo con los brazos cruzados? En ese momento dos ángeles se nos pueden aparecer y decirnos, "¿Y qué haces tú con los brazos cruzados? ¿El Señor no te ha llamado para que tú vayas a anunciar lo que ustedes han visto y oído?”

Junto a este mensaje también ante los discípulos que se quedaban temerosos si Él partía. Y dijo él, "No se preocupen, porque yo estaré con ustedes hasta que este mundo pase. Hasta el final de los tiempos.” Como diciendo, “cojan, cojan esa seguridad que da la fe. Yo estaré con ustedes. Búsquenme. Yo estaré con ustedes. Yo quiero estar con ustedes. No me rechacen. Búsquenme." Entonces, vienen otras preguntas que cualquiera hubiéramos podido hacer, cualquiera de nosotros si hubiéramos estado allí. “Señor, tú dices que te vas ya, que ya no vas a estar con nosotros. ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo será el fin de los tiempos? ¿Cuándo tú vendrás definitivamente para que tu reino ya no tenga fin?”

¿Y qué le dice el Señor? Les dice, "A ustedes no le corresponde esas cosas. A ustedes le corresponde el vivir con esa seguridad de que Dios está presente y que Dios sabe sacar cosas buenas aún de lo que evidentemente es malo”. La separación es mala, la muerte en la cruz es mala, la persecución, la maledicencia, la intriga, es malo. Pero el Señor, si está con nosotros, nos estará diciendo algo.

Hay cosas que a mí me maravilla de la fe del pueblo, de las personas, de esas personas que se sientan al lado de nosotros en la iglesia y que a lo mejor no leen porque le da pena, lo que sea. Pero, sin embargo, ante un acontecimiento duro difícil, son personas que, de lo profundo así, pero de manera natural te dicen, "Vamos a dejarlo en las manos de Dios, Él sabrá. Él sabrá por qué ocurrió esto”. Eso no quiere decir que nos hayamos cruzado, no, que va, ya el ángel nos había dicho, "Salgan, prediquen y vivan como cristianos”.

Pero esas grandes preguntas, ¿y por qué ¿Y por qué? ¿Y por qué? El mundo no tiene respuesta, ¿eh? A un ateo usted le pregunta y el mal por qué existe, no le sabrá decir. Jamás, aunque invente cosas. Aunque diga que las relaciones sociales que hacen que uno tenga más y menos, mentira. Porque se crean otras relaciones sociales que aplastan a la gente también. ¿No? Esa fe el Señor sabe. Él sabrá. Hermanos, es una fe sobre todo una fe firme y fuerte. Fíjense bien como este día nos define de muchas maneras.

Ya los discípulos habían experimentado que Cristo estaba vivo en medio de ellos ya. Ya ellos habían escuchado una serie de de mensajes, una serie de instrucciones, vamos a llamarle así, de pedidos, de mandatos. ¿Qué les había dicho? ¿Me siguen? Miren, vayan por el mundo entero, bauticen al que crea, en el nombre de del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo... Quedan perdonados los pecados... Ámense unos a otros como yo les he amado... Es el mandato del amor. Yo he resucitado, el mal será vencido, la muerte ha sido vencida… Hermanos, eso son cosas fuertes que los discípulos fueron recibiendo y las tenían guardadas, no sabían, hacía falta el Espíritu Santo que lo vamos a celebrar el próximo domingo, para que les dé esa valentía y esa sabiduría.

Entonces, hermanos, es un día precioso. Y es un día para que como cristianos no nos quedemos con los brazos cruzados, pero no solamente para hacer las cosas, sino también para mi propia vida. Nosotros sabemos que tenemos que cambiar. Al principio de la misa dije que todos tenemos que cambiar y Cuba tiene que cambiar, y tienen que haber medidas que cambien la situación del país. Espiritualmente tenemos que cambiar para bien, porque hay veces que nosotros nuestra en propia vida espiritual hace que nos quedemos "Ay, Señor, qué pecador soy. Ay, Señor, es que las cosas. Ay, Señor, que no tengo”. No, hermanos, vivamos con esa seguridad firme de decir, "El Señor está conmigo. Él es mi refugio. Él es mi fortaleza. Lo que no entiendo lo entenderé, lo mío es seguirle, hacerle caso y lo demás se lo dejo a Él, Él sabrá. Y yo haré todo lo que tenga que hacer”. Siervos inútiles somos, hacemos lo que tenemos que hacer y lo demás en las manos de Dios.

Hermanos, ese es el día de la Ascensión. Imagínese los discípulos, si hubiéramos sido nosotros aquí en El Cobre, de momento mirando al cielo en medio de estas montañas bellas, el Señor ya no lo tenemos. Algo pasó tan grande que el que escritor dijo, “ascendió hacia los cielos”. Sabe Dios lo que en ese momento ellos vieron. Imagínense nosotros nos quedamos así, y aquellos hombres que nos tocan y nos dicen, "Oye, no te quedes pasmado”. Coge el arado y empieza a dar, para que la tierra de fruto. Escuchen al Espíritu Santo. Haz lo que debes de hacer con esa confianza de decir, el Señor sabrá. Él conoce los designios. A mí no me toca cuestionarlo. Él sabe. Y lo demostró con su amor que se entregó en la cruz por mí, que resucitó para enseñarnos el camino, y para indicar el camino.

Hermanos yo no le digo que va a haber… resucitaremos, porque yo he resucitado y estaré allí. Acuérdense lo que les dijo a los discípulos en este tiempo, en mi casa hay muchas moradas, ustedes tienen una allí, donde yo voy ahora no podrán ir, pero irán. Hermanos, ésa es la fe. Vamos a pedir al Señor que nos dé, esa fe firme a todos, para luchar en esta vida, pero saber que la VIDA, así con mayúscula y fuerte, la VIDA, no termina con la muerte, sino que la VIDA culmina, coge verdadero sentido junto a Dios.

Vivamos así, y que como cristianos sepamos ser testigos de Él dondequiera que estemos. Cuba necesita de testigos de Cristo, el mundo necesita de testigos de Cristo, de aquellos que quieran ser en medio de nuestros pecados y debilidades, proclamadores de su palabra y también aquellos que quieran dar testimonio con su vida de la Palabra del Señor.

Que Dios nos ayude a vivir así, y mantengámonos alegres, porque ellos cuando recibieron después el Espíritu Santo, se aquí tenían cierta reserva, cuando recibieron el Espíritu Santo, se llenaron de gozo y alegría. Que esa alegría y ese gozo, venga a nosotros.


Que el Señor nos acompañe.


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Texto y foto tomados del Facebook del Arzobispado de Santiago de Cuba.

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