Como parte de la programación del Festival Internacional de Teatro Casandra, el cual aborda el trabajo de la mujer dentro de esta manifestación artística desde todos sus componentes creativos, que en este 2026 llega ya a su décimo aniversario, su compañía anfitriona, El Ingenio Teatro, la cual celebra su decimoquinto año de existencia, ha llevado a las tablas dirigida por Lilliam Vega, bajo la asesoría artística de Flora Lauten y la ejecutiva producción a cargo de Loipa Alonso, una de las más renombradas obras del dramaturgo inglés William Shakespeare, que contando con la mirada escrutadora y provocativa de Raquel Carrió y Adyel Quintero, han efectuado una relectura del mismo, colocando ante nuestros ojos el texto shakesperiano el cual adquiere otras connotaciones mediante nuevas miradas que expanden el original relato, bajo el título de: Desnudos en el Bosque. Estudio Macbeth.
La obra en cuestión no es otra que Macbeth, texto el cual junto a Romeo y Julieta, Otelo y Hamlet, forma parte de ese importante núcleo dramático que componen estas cuatro tragedias no históricas del autor inglés, la cual se presume fuera escrita y representada por vez primera hacia 1606 por la compañía del propio autor -la cual tenía como patrón el propio rey Jacobo I- y apareciendo su primera publicación en 1623. Para su escritura el autor se basó en un personaje de la vida real -Macbeth, rey de los escoceses entre 1040 y 1057- tomando como fuente las Crónicas de Raphael Holinshed, autor que a su vez se inspirara en antiguas historias del pueblo escocés.
Otro aspecto que considerar es que Macbeth junto con Tito Adrónico, constituyen posiblemente las obras de contenidos más profundamente viscerales y oscuros dentro de su dramaturgia, donde se develan atmósferas cargadas de elementos tremendamente brutales y malditos. Partiendo de esta última característica es que en el teatro británico es considerado tabú pronunciar el nombre de la obra -Macbeth- dentro de algún recinto teatral por temor a desgracias o accidentes, teniendo como fundamento algunos accidentes y hasta muertes reales de actores ocurridas durante algunas de sus producciones. Debido a ello es que al hacer referencia a dicha obra se haga como “la obra escocesa”.
Con Macbeth, Shakespeare se propone mostrar las terribles consecuencias a que pueden llevar las ambiciones desmedidas y la falta de escrúpulos, con tal de obtener el poder, así como los derroteros que la corrupción toma en el afán de lograr un objetivo, por temerario y cruel que estos sean. De igual forma a través del transcurso de la obra se pone de manifiesto como la culpa y los cargos de conciencia llegan a perturbar el espíritu del alma humana, nublando la mente y el razonamiento, lo que puede convocar la locura y la muerte.
En esta pieza del autor inglés encontraremos fuertes imágenes conceptuales que definen el significante de la misma, como son el constante tratar de limpiarse las manos por parte de Lady Macbeth de una sangre imaginaria debido a su obsesionada culpa ante las muertes provocadas o el supuesto avance del bosque Birnam hacia el castillo, que el rey Macbeth cree ver como hecho mágico pronosticado por las brujas, siendo en realidad fruto del camuflaje de las tropas que vienen a derrocarlo. Igualmente, la presencia de la hechicería y su decisiva influencia dentro de la historia, hace que la obra se proyecte como un malvado, sórdido e intenso aquelarre, impregnándola de un desconcertante y brutal dramatismo.
Es entonces, que sin obviar la original trama shakesperiana y los hilos que tejen el núcleo dramático de la pieza, que Carrió y Quintero se lanzan a una parcial reescritura, la cual no queda definida del todo su intención, para la cual reducen el número de personajes a Macbeth, Lady Macbeth, el Rey Duncan, la Reina, la nodriza, Hécate reina de las brujas junto a otras dos, incorporando además a un personaje inexistente en esta obra de Shakespeare: Puck, con lo cual redirigen los elementos hacia un inesperado final. La aparición de ese último personaje dentro de la trama hay que entenderla como una manera de hacer interactuar el universo dramático del autor, interponiendo así personajes de otras de sus obras dentro de la acción de esta historia, haciendo converger características de personajes diferentes en uno solo, procurando así ampliar el discurso y las ideas.
Es así como Puck, figura central de la obra Sueño de una noche de verano, la cual a su vez proviene del folclore escocés -también encontrado dentro del imaginario galés e irlandés- y definido como duende de naturaleza juguetona, que ayuda a las personas a cambio de comida, es introducido en esta versión, despojándolo de su posición fantástica, asumiendo características de la personalidad de Banquo -militar al servicio del Rey Duncan y amigo de Macbeth- pero también incorporando elementos del muy conocido pícaro, figura recurrente en la dramaturgia española de los Siglos de Oro, con lo cual el universo textual vuela hacia otras posibles historias.
Aunque el texto original tiene como principal premisa mostrar la ambición desmedida por el poder, la corrupción y la culpa, además nos muestra las intrincadas y sugestivas interacciones que dentro de una relación amorosa pueden transformarla en siniestro instrumento con el que lograr el fin ambicionado. Esto último es aprovechado en la propuesta vista en esta ciudad, para enfatizar la mirada sobre la relación de amor, ambición y dependencia entre ambos personajes protagónicos -Macbeth y su esposa- hasta el punto de concebir un final donde sus muertes a manos de ellos mismos, se convierte en un trágico pacto de amor, muerte y escape, transformando el final – no sin asombro- en un drama amoroso, lo que en realidad se encuentra distante de lo concebido dentro del texto shakesperiano.
Otra translocación de situaciones ofrecida entre personajes en este trabajo resulta la asimilación por parte de Lady Macbeth de un acontecimiento que tiene gran peso en el desarrollo de la trama y que en conducirá al desenlace de la tragedia, pero que no le corresponde en la historia original, el cual tiene relación con la predicción realizadas por las brujas en cuanto a que Macbeth sucumbiría a manos de alguien “no nacido de mujer alguna”, suceso perteneciente a la historia de otro personaje dentro del texto original -el barón Macduff- quien naciera después de haberle sido realizada una cesárea a su madre muerta, pero que en la versión que nos procura se le incorpora a la historia personal Lady Macbeth, quien se lo hace saber con desesperación a su esposo hacia los momentos finales de la puesta como prueba de que su muerte tendrá necesariamente que ser llevada a cabo por su mano como fue mencionado en la profecía, con lo cual la reescritura de la obra justificaría llegar a ese pacto suicida entre ambos personajes como vía de escape a sus remordimientos, acción con la que concluye esta versión miamense.
En reiteradas ocasiones nos preguntamos el por qué de la necesidad al versionar las obras, a veces hasta el punto de hacerlas irreconocibles -este no es el caso- o en otras oportunidades – como en este- se cambian de manera innecesarias ciertas características de personajes, hechos o acciones, en aras de crear otra nueva narrativa que transforme la realidad de la obra concebida por su autor. Este trabajo ‘dramaturgista’ sobre los textos teatrales se ha convertido en un hándicap para los autores, que en el caso de fallecidos no pueden reclamar ante tantos desaciertos que no pocas veces son cometidos con sus obras en nombre de la renovación y búsqueda artística.
Respecto al trabajo actoral, todo el elenco estuvo a la altura de lo esperado por ellos en esta propuesta eminentemente teatral, donde tanto movimiento como palabra están en función de una acción dramática hiperbolizada, lo que representa igualmente el sello artístico de la conocida agrupación teatral habanera Teatro Buendía que a través de múltiples puestas en escena dejara afianzado como estilo de trabajo y de la que El ingenio Teatro es heredero por derecho propio.
El elenco integrado por Hosni García (Macbeth), Rachel Cruz (Lady Macbeth), Betsy Rodríguez (Puck), Jorge Luis Roddriguez (Rey Duncan), Ivanesa Cabrera (Reina), Simone Balmaseda (Nodriza), Kirenia Vega (Hécate), Rocio Álvarez (Bruja I), Fanny Tachin (Bruja II), abordaron cada uno de sus personajes con cuidado, fuerza y credibilidad, ofreciendo todos una demostración de buen decir escénico, donde la claridad en la dicción y la acertada proyección de las voces -incluso dentro ese estilo heredado algo altisonante que caracteriza el trabajo de algunas de las puestas de este colectivo- constituyó un magnífico referente al momento de disfrutar de un espectáculo teatral.
No obstante, el buen desempeño integral por parte del colectivo, nos vemos en la necesidad de destacar la brillante labor llevada a cabo por la actriz Betsy Rodríguez con su “infiltrado personaje de Puck” dentro de la presente propuesta. La actriz con su caracterización masculina, sin despojarse del todo de cierto rasgo fantástico del prestado personaje, lo integra con credibilidad a la realidad de la trama. Dicho personaje concebido también bajo la influencia del conocido pícaro del teatro español, la actriz logra incorporarlo con un certero ajuste de emociones, acciones y parlamentos, obteniendo un balanceado y bien ejecutado uso del cinismo y la simpatía propia de este tipo de sujeto. Su personaje hace que la oscura y en exceso dramática atmósfera de la historia se aligere por momentos, logrando además crear espacios de agradable balance tonal dentro de la sonoridad vocal general de la obra.
La música que siempre tiene un rol destacado dentro de las puestas de El Ingenio Teatro, a cargo de Héctor Agüero, Jorge Morejón, Julio César López y la voz D’Africa, aunque contribuye a lograr una intencional ambientación en la obra, para esta oportunidad resultó en un eclecticismo por momentos discordante con la historia que se desarrollaba sobre las tablas.
La puesta en escena en manos de Lilliam Vega, tuvo en cuenta el cuidado, la plasticidad y el manejo del movimiento escénico requerido por un texto dramático de tal envergadura, aun en su sencillez escenográfica, aunque se hubiera agradecido una mayor complejidad en el diseño de la misma -pero bien sabemos de cómo los aspectos económicos afectan decisivamente la realización del teatro en nuestra ciudad- para de esa forma haber contribuido a la gran imagen visual que dicha propuesta proponía. No obstante, lo disfrutado sobre las tablas mostró como ya es habitual, el certero trabajo de dirección el cual es el resultado del continuo esfuerzo que esta agrupación teatral viene realizando desde su fundación desde aquel ya lejano año 2011, en su afán por llevar a escena propuestas de alto rigor artístico, con las que se enriquezcan el conocimiento y la cultura del tan cosmopolita público de esta urbe.
Terminando estas líneas solamente una duda nos asalta ¿Habrá sido posible que la tan temida maldición teatral británica haya llegado a alcanzar a esta puesta sobre las tablas miamenses? Esperemos que no.
Wilfredo A. Ramos.
Miami, marzo 24, 2026.
Fotos: Manuel Valladares.



















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