El domingo 25 de enero de 2026 acudí al Adrienne Arsht Center for the Performing Arts, para ver la opereta "El Murciélago", del compositor austriaco Johann Strauss II, en una producción de la Florida Grand Opera (FGO).
Lo primero que me sorprendió y me preocupó fue que el prolijo y atractivo libro del programa de mano no estaba también en español, como en las 25 temporadas anteriores a las que he asistido desde que llegué a Miami en 2000.
Esta es la segunda vez que veo la opereta "El Murciélago", pues ya la había visto antes, en 1991, cuando el Estudio Lírico, creado y dirigido por la gran soprano Alina Sánchez, la presentó en el Teatro Nacional de La Habana, con gran éxito de público y de crítica, y la propia Alina como Rosalinde, la protagonista principal.
Considero oportuno decir que fue una gran puesta en todos los sentidos: vestuario, decorados, bailarines, la orquesta y el coro, y por supuesto, el elenco a cargo de los personajes principales.
Gracias a la inolvidable Mariloly, hemos podido ver escenas de esa puesta, que me ratifican que no idealicé lo que vi hace ya varios años, sino que en verdad fue un espectáculo de gran nivel artístico, en el que Alina Sánchez interpretó a una Rosalinde memorable y deliciosa.
Recuerdo además que fue cantada y hablada totalmente en español, lo que me regresa al Miami de enero de 2026, para comentar ahora en esta reseña que la FGO la presentó cantada en alemán -el idioma original-, con subtítulos en inglés y en español, como ha sido costumbre, pero con los demasiado extensos parlamentos y diálogos en inglés, pero sin subtítulos en español.
Esto, unido al programa solo en inglés, vuelve a despertar mi suspiscacia: ¿la FGO se suma a lo del inglés como idioma oficial de los Estados Unidos, a pesar de que hay un vasto público hispano en Miami, que gusta de la ópera desde sus países de origen, como es el caso de los cubanos, por ejemplo?
Ojalá que yo esté equivocado, pero que sirva mi comentario al menos para que la FGO reflexione sobre esto y lo enmiende en la próxima temporada 2026-2027.
Es un pena que este asunto de que lo hablado no tuviera los correspondientes subtítulos en español conspirara contra la mayor comprensión de la trama, sobre todo porque a mi juicio lo hablado ocupó demasiado tiempo de la opereta, al punto de que parecía más una obra de teatro que un musical, algo que la FGO debe recortar hasta para los angloparlantes, pues escuché pocas risas de la audiencia ante los supuestamente simpáticos diálogos, máxime cuando el argumento es poco creíble y hasta absurdo: un antifaz no vuelve irreconocible a una esposa para su marido.
Ahora bien, por suerte, es la parte cantada de la opereta la que la salva y la hace imperecedera, gracias a las hermosas melodías de Johann Strauss II, revividas para nosotros por la excelente orquesta de la FGO, bajo la experta batuta de Pablo Mielgo, que "nos trajo Viena a Miami", como ya expresé en el título.
Catedral San Esteban, Viena.
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Escenografía del diseñador belga Benoit
Dugardyn, inspirada en el estilo Art Deco.
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Celebro la elaborada y cambiante escenografia de Benoit Dugardyn, con escaleras, arcos y vitrales de fondo, parece que de inspiración art decó -algo totalmente fuera de época, pues la obra data de 1874-, pero considero que el diseño del piso del escenario, con rayas blancas y negras en zigzag -que interpreto como una referencia inspirada en el icónico techo de la Catedral de San Esteban de Viena, de estilo románico gótico- puede resultar distractivo y excesivo para algunos espectadores, como lo fue para mi amiga Dalia en la butaca a mi lado.
Rebecca Nelsen como Adele, y
Ginger Costa Jackson como el Prince Orlofsky.
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No hubiera bastado la belleza de las partituras de Strauss II si las voces de los cantantes a cargo de los personajes que las interpretaron no hubiesen sido las adecuadas, pero tanto las sopranos Esther Tonea, como Rosalinde, que Rebecca Nelsen, como su criada Adele, cantaron muy bien y actuaron de forma muy convincente, como si de verdad se creyeran la inverosímil trama; secundadas por los afinados tenores John Viscardi, como Eisenstein, y Ricardo García como Alfred; este último intercalando temas populares en español -y hasta el "Nessum Dorma", de la ópera "Turandot", de Puccini- en sus parlamentos, algo que me pareció llamativo y contradictorio con la falta del programa paralelo en español y de subtítulos como tal a lo hablado y no cantado (¿sería su forma, como orgulloso hispano, de reivindicar a su manera, en la puesta, nuestro omitido, rico y sonoro idioma?).
A su vez, la soprano Ingrid Kuribayashi, como Ida, la hermana bailarina de Adele; y la mezzo- soprano Ginger Costa Jackson, como el atarantado y pedante Prince Orlofsky, desempeñaron sus papeles con sumo histrionismo, sobre todo Ginger, que reivindicó así con la FGO su mal concebido rol como Carmen en la temporada pasada.
El resto de los personajes secundarios -el Dr. Falke, el Dr. Blind y Frank- supieron engarzarse en la alocada aventura de Rosalinde, Eisenstein, Alfred y Adele, para hacerla más entretenida y variada, así que bato palmas para Alex Granito, Levi Atkins y Louis Otey, sus respectivos intérpretes, por su buen desempeño.
No me percaté de la presencia de ninguna "celebridad sorpresa", anunciada en el programa como Frosch, a no ser que fuera el inefable carcelero, pero no se hizo énfasis en ello si así hubiese sido.
Felicito al director Conor Haratty por haber llevado a buen puerto -de cruceros, debe ser- esta gustada opereta, que por llamarse "El Murciélago" sería mejor decir "a una sombría cueva", pero estamos en Miami, "la Capital del Sol", así que lo ha hecho a plena luz del día, con Viena, "la Capital Musical de Europa", en nuestras mentes y en nuestros corazones.







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