Friday, December 4, 2020

Agendas ocultas (por Wendy Guerra Torres)




Texto tomado del Facebook de la autora






¿Entonces se trata de agendas ocultas? 

Si así fuera empezaríamos a recitar todas las agendas ocultas o visibles en las que participamos los cubanos sin ser consultados, incluso, siendo menores de edad. 

Estas cruzadas nos dejaron la convivencia e interacción en escuelas o centros de trabajo con guerrilleros, intelectuales de todas las izquierdas, latinoamericanas o de la Europa del Este, personas de otras culturas que pertenecieron a disímiles organizaciones que van desde el M-19 a la ETA, de los Tupamaro a los Montoneros, de los Sandinistas a los Chavistas, ellos han vivido en nuestro país por años y también, eran parte, poseían o traían bajo el brazo su memorándum oculto. Cada cual tenía una agenda, la suya y la de su organización, y no siempre en sus países de origen los ciudadanos aprobaban con agrado nuestra intervención ideológica en sus cambios internos, pero allí estuvo Cuba por décadas, cada uno con una hoja de la agenda en las manos, interpretando, improvisando, sin poder cotejar todo el cuaderno para enterarnos de lo que verdaderamente pasaba internamente en los entresijos de la Guerra de Angola, Etiopía o El Congo. Los entrenamos, amparamos, curamos, alfabetizamos, alimentamos ideológicamente, con armas, maestros, soldados o doctores, algunos de ellos hasta formaron parte de nuestras vidas, y son hoy pareja, padres, abuelos de nuestros amigos, hermanos, parte de nuestras familias que bien poco saben aun de la letra pequeña, corrida que duerme en sus agendas vintage, descoloridas. 

El gobierno cubano hizo su intervención económica y política en otras ideologías en nombre de un ideal. Para miles de personas fuimos, somos y seremos su peor adversario. No se trata de esconderse detrás de un enemigo para evitar un diálogo, de colocarnos en una barricada porque nos están atacando. Los únicos que nos estamos atacando somos nosotros mismos al no escucharnos y ponernos de acuerdo. Ya basta de pretextos, actos de repudios y canciones o consignas manipuladas y sacadas de contexto.

En Cuba no hay espacio para el trabajo independiente al Estado y nadie tiene un detector de enemigos que diga hasta dónde quién puede o no apoyar financieramente un proyecto.

Ya va siendo hora de que sintamos que resolver nuestros problemas con otros puntos de vista nos libera. Ser autónomos es lo único que nos independiza del resto y no se puede desoír nuestro historial independentista. El peor enemigo es el miedo que nos paraliza. 

Las personas que estaban ante el Ministerio de Cultura esperando una respuesta nunca se olvidaron de los jóvenes de San Isidro, de lo contrario, jamás hubiesen incluido todos estos puntos en sus pedidos:

1- Derecho a la libre creación.

2- Derecho al disenso. 

3- Revisión y cumplimento del debido proceso judicial a Denis Solís.

4- Que se le permita al artista Luis Manuel Otero Alcántara regresar a su domicilio. 

5- Cese del hostigamiento, la represión, la censura, el descrédito y la difamación por parte de las autoridades y los medios oficiales a la comunidad artística e intelectual cubana y a todo ciudadano que disienta de las políticas del Estado.

6- Reconocimiento y respeto al posicionamiento independiente. 

7- No más violencia policial, no más odio político, sea el amor y la poesía lo que una a este pueblo.

El pistoletazo lo dieron los miembros del Movimiento San Isidro y el abuso de poder hacia a ellos por sus actitudes, gestos y agenda, esa que a ellos les importa defender, la compartamos o no, nos guste o no, el resto lo hicieron los artistas e intelectuales cubanos, llamados por sus conciencias y sus propias voluntades.

Un país no debe poseer una sola agenda, una sola manera de ver la ideología, una sola voz para dictarla, y mucho menos un modo arbitrario de llevar la justicia que decreta, quién puede o no respirar, opinar, obrar bajo su cielo. Mi país debe tener 11 millones de agendas para comenzar a afinar el coro.

Estos días he visto con horror caer rayos y centellas sobre los nombres de los miembros de San Isidro, Tania Bruguera, Carlos Manuel Álvarez, Carlos Varela, Leoni Torres, Haydée Milanés y demás cubanos. A todos los han encendido con comentarios sectarios, racistas, excluyentes, homofóbicos, machistas que contienen una violencia y vulgaridad semejante a los actos de repudio de los 80 y de los actuales, organizados “espontáneamente” con autobuses, audio y meriendas incluidas.

El mundo ha visto con asombro el contraste entre el articulado discurso de artistas, intelectuales y activistas dispuestos a conversar sobre su realidad con respeto y brillantez, y el desarticulado, anémico modo de repetir consignas o retuitear ofensas de una oficialidad desgastada, torpe, sin criterio, que niega la realidad objetiva de un pueblo que necesita un cambio urgente para poder comer, vestir, asearse y vivir decentemente de sus talentos o habilidades.

Los lenguajes, los códigos, los objetivos, los puntos de vista, las prioridades, la información, los referentes, el pensamiento, el mundo tal y como lo conocíamos antes de la llegada de internet en Cuba ha cambiado. Los jóvenes han roto el candado de la jaula y saben que la única opción es revolucionarlo todo. Sus agendas no están ocultas, son un libro abierto. Es evidente, la transformación con diálogo o sin él ha comenzado. Dentro del cambio todo, fuera del cambio nada.

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