Wednesday, October 14, 2020

Mario Carreño en Camagüey (por Carlos A. Peón-Casas)


Del pintor cubano, nacido en La Habana en 1913, y fallecido ochenta y seis años después en Santiago de Chile, poco o casi nada se nos dice hoy. Una interesante biografía: Historia de un sueño fragmentado, de la escritora y periodista chilena Marilú Ortiz de Rosas, editada en Chile en 2007, es una muy interesante y reveladora exegesis de su vida y su obra que nos marca pautas para esta necesaria rememoración. 


Carreño fue un niño prodigio que a los nueve ya había ganado su primer premio. Con solo doce años fue alumno de San Alejandro. Muy joven salió de Cuba rumbo a España. Fue amigo de los surrealistas, pero igualmente pintor de excelencias clasicistas que aprehendería en su etapa parisina en los años 30’s del pasado siglo veinte. 

Para los camagüeyanos hay algo de especial en la vida azarosa del celebrado pintor, pero son realmente pocos los que tienen conciencia de este dato. 


Y es que algunos ejemplares de su celebrada obra pictórica, desde la figuración hasta la abstracción, se atesoran y exponen entre nosotros, en la valiosa colección de arte cubano; la segunda más importante de Cuba, y que resguarda el Museo Provincial Ignacio Agramonte de nuestra ciudad. 

Carreño, por añadidura estuvo mucho antes entre nosotros, algo que igualmente se desconoce y que es solo de dominio de algunos pocos. Sucedió allá por la década de los años cincuenta. Fungió en aquel minuto como profesor visitante de la Escuela de Artes Plásticas de Camagüey que había visto la luz a finales de la década de los años cuarenta del pasado siglo. 

Para el año 1951, el pintor ya tenía una aureola de celebridad bien ganada en Nueva York donde había expuesto en el Museo de Arte Moderno, y en Chile en la Galería del Pacífico, y regresaba a Cuba en compañía de su esposa chilena María Luisa Bermúdez. 


Ya en la isla y por mediación de su amigo Aureliano Sánchez Arango, ministro de educación del gobierno de Prío, obtenía una cátedra de arte moderno en la renombrada Academia de San Alejandro. 


Según nos sigue apuntando su biógrafa, la periodista y escritora chilena Marilú Ortiz de Rosas: 
Impartía sus cursos donde abordaba desde el impresionismo hasta la era moderna, pues en San Alejandro solían detenerse en aquel movimiento pictórico que cultivaran Renoir,Monet, Manet, Sisley y Pissarro[1]
En ese período igualmente: “realiza comentarios de arte en diversos medios escritos, y expone en el Museo de Bellas Artes de La Habana y en el de Caracas”[2]

La cercanía a la Escuela de Artes Plásticas de Camagüey se concretaría entre 1951 y 1957. Viene a Camagüey acompañando al también celebrado pintor Jorge Arche, quien fungiría como Director Artístico de aquella academia. Por entonces el local designado para aquella estaba localizado en la calle Padre Valencia, y en un segundo minuto a partir del año 1955, en la de Lope Recio. 


Su presencia en la ciudad en aquellos años queda en la memoria de quienes, con mucha probabilidad, fueron sus alumnos en la ciudad, a saber y entre otros nombres barajados se nos sugieren los de los pintores citadinos: Molné, Moreno, Santos y el escultor Miranda. 

La presencia de al menos cinco de sus cuadros, de los que ofrecemos oportunas reproducciones acompañando a este trabajo, y que se guardan en el valioso fondo pictórico del Museo Ignacio Agramonte, nos hace barruntar que quizás alguno de aquellos, pudieran haber sido una donación personal del pintor a la institución, dadas sus cercanías profesorales a la academia camagüeyana, o que en algún otro caso, tales obras fueran adquiridas para enriquecer los fondos bien respetables de su colección. 

En el año 1958, Carreño partió a Chile, donde divorciado de su primera esposa, se volvió a casar y tuvo familia. Allí fue cofundador de la Escuela de Arte de la Universidad Católica, donde fungió como docente por más de dos décadas. Ejerció la crítica de arte en el diario El Mercurio. A sus ochenta años, en 1993, se realizó una importante retrospectiva de su obra en El Museo de Bellas Artes de La Habana. Regresó brevemente a Cuba en 1994 a trabajar en el taller Portocarrero. Falleció en Santiago de Chile el 20 de diciembre de 1999.[3]

Ida González y Lazaro Carreño, 
en la casa de Alicia Alonso. 1993
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[1] Historia de un sueño fragmentado. Biografía de Mario Carreño. Marilú Ortiz de Rozas. Aguilar Chilena de Ediciones, Santiago de Chile, 2007. p.125 
[2] Ibíd, p.238 
[3] Ibíd., pp.238-240

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