Thursday, July 30, 2020

El controvertido general Lacret (por María del Carmen Muzio)


Dos famosas frases caracterizan al general de dos guerras José Lacret Morlot (1850-1904): «¡Todo por Cuba!» la que se comentaba en los campamentos mambises y «¡Si hace falta un general para fusilar a Gómez aquí estoy yo!» pronunciada durante los polémicos debates de la Asamblea de Santa Cruz del Sur.

La primera, incluso está grabada en una piedra que da inicio a la calle que lleva su nombre en la barriada de Santos Suárez; y la segunda, se difumina en algún que otro libro de Historia.

Sin embargo, para una visión más amplia de este general es bueno rastrear en los diarios de campaña mambí, siempre testimonios fieles aunque permeados por la visión de su autor. Uno de los considerados más objetivos y de suficiente mesura es el del teniente coronel Eduardo Rosell Malpica (1870-1893) quien lo conociera en los llanos matanceros y su mirada sobre Lacret constituye una valiosa opinión:
El único defecto de Lacret es que desconoce el valor del dinero; dicen que hace diez días le ingresaron diez mil pesos y ya no tiene un centavo, lo reparte sin ton ni son. A un médico porque sí y sin exigirle recado, le entregó ochenta centenes para los heridos […] Es una lástima lo de Lacret porque honrado lo es; en su persona no gasta nada; ni siquiera tiene ropa, pero en cambio le consiente a sus oficiales y soldados muchas cosas.(1)
Y Lacret es el mismo mambí que participara junto a Maceo en la Protesta de Baraguá y partiera junto con él a Jamaica en un intento de hallar apoyo económico para continuar la guerra. Rosell continúa:
En vez de ser él quien dé ropa a sus soldados lo que hace es facilitarles para ese objeto un par de monedas a quien le pide ropa, y por supuesto tal dinero se juega, se pierde y la ropa no se adquiere.(2)
El 18 de diciembre de 1895 cruza el Hanábana para hacerse cargo de la provincia de Matanzas a la que había sido propuesto por el Lugarteniente general Antonio Maceo. En la zona, bajo su mando, se desarrollaron varios combates, pero el más importante fue el de Hato de Jicarita, al sur de Unión de Reyes durante los días 3 al 7 de julio de 1896.

En Jicarita se combatió durante cuatro días en una zona cerrada que lindaba con la ciénaga de Zapata. Desde el primero de los encuentros el general los esperaba pues había comentado el gusto español de atacar por la madrugada antes del amanecer. En un momento, cuando los peninsulares arremetían contra la infantería cubana, Lacret simuló una retirada y el enemigo cayó en la trampa. Al otro día no se combatió pero el 5 las tropas españolas volvieron a arremeter contra los cubanos y el día 6 Lacret ataco con su caballería. Sorprendido por el enemigo pudo retirarse por la ciénaga; y caballería e infantería lo apoyaron para concluir al fin tantos días de combate.

Acción memorable por la astucia del general, por lo sangriento de los combates, con la pérdida de 60 soldados de las tropas españolas, –que entre otras, habían atacado la impedimenta y el hospital de sangre– y 15 por los mambises con 29 heridos.

No obstante, Rosell deja su testimonio sobre quien sería una de las personalidades más discutidas de nuestros jefes mambises:
Las consecuencias se deben al general Lacret; es este un hombre inteligente, de mundo, un gran patriota, pero más efectista que militar, no le faltan ideas, pero carece de planes, no ve sino la cuestión del momento y no los resultados que puede originar. Agradable en su trato, simpático en su persona, le faltan condiciones de carácter y de orden.(3)
Llevaba mucha razón Eduardo Rosell en sus criterios sobre Lacret porque a pesar de una serie de acciones realizadas en tierras matanceras, el Generalísimo decide destituirlo de su cargo por debilidad de carácter para dirigir la región.

Después participaría en la Asamblea Constituyente de La Yaya donde es elegido vicepresidente, y en el mes de agosto de 1897 presenta a la Asamblea un plan para invadir Puerto Rico el cual no es aceptado por considerarse inconstitucional. Un año después, en 1898, viaja a Estados Unidos para organizar una expedición que reforzaría las tropas en la difícil tierra matancera, pero desembarcó en Banes, Oriente, por los cambios de decisión del gobierno que tanto daño hicieron durante la guerra.

Luego de su infortunada participación en la Asamblea de Santa Cruz del Sur fue de los pocos generales cubanos invitados al cambio de poderes en enero de 1899. En 1900 dedica sus esfuerzos al desarrollo de la marina mercante en Cuba y hasta llega a fundar un periódico como ayuda en ese empeño.

Representante a la Constituyente de 1901 se opuso fervientemente a la Enmienda Platt. Tres años después fallecería en la capital. Sin una biografía que descorra el velo sobre personalidad tan contradictoria, mucho se desconoce de su vida familiar y, quizás, también mucho se ignora para ofrecer un juicio válido sobre un hombre que todo lo dio, equivocadamente o no, por su patria.

Lacret, una calle muy conocida por lo ancha y populosa en el municipio de Diez de Octubre, mientras aquel controvertido mambí espera no ser únicamente el simple parquecito que los transeúntes apurados utilizan para cruzar sin apenas detenerse en su frase insignia tallada en la piedra: «¡Todo por Cuba!».




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1. Souza, Benigno, Diario del Teniente Coronel Eduardo Rosell Malpica, Academia de la Historia, tomo I, La Habana, 1950, p.90
2. Ibidem, p. 91
3. Ibídem, pp. 96-97



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María del Carmen Muzio Zarranz (La Habana, 1947). Tiene publicadas las novelas El camafeo negro (1989), Sonata para un espía (1990), La Cuarta Versión (2000) y Dios no te va a entender (2015), así como los ensayos Andrés Quimbisa (2001), María Luisa Milanés: el suicidio de una época (2005) y el libro de cuentos para niños Los perros van al cielo (2004). Ha merecido varios galardones y reconocimientos entre los que destacan su mención en el Concurso Internacional Relato Policial, Semana Negra, Gijón, España (2002) y la del centro “Juan Marinello” por su ensayo sociocultural sobre la figura de Andrés Petit. 


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