Tuesday, March 24, 2020

(The Voice. Archdiocese of Miami. March 23, 1979) Jesús, María, la Patria en el Escudo Episcopal. Por Mons. Agustín Román

Nota del blog: El sábado 24 de marzo de 1979, se celebró la ceremonia de ordenación como obispos auxiliares de Miami de Mons. Agustín A. Román y de Mons. John J. Nevins.

La misa tuvo lugar en el Miami Beach Convention Center, presidida por el arzobispo local Mons. Edward A. McCarthy. Entre los obispos que concelebraron: Mons.  John J. Fitzpatrick de Brownsville, Texas y Mons. Rene H. Gracida de Pensacola-Tallahassee, ambos antiguos obispos auxiliares de la Archidiócesis de Miami. Además, otros 20 obispos, entre los que se encontraban los cubanos Mons. Eduardo Boza Masvidal, Auxiliar de Caracas y Mons. Eduardo Dalmau (emérito) de La Habana;   y alrededor de 500 sacerdotes.

En representación del Papa participó el Delegado Apostólico de Su Santidad en los Estados Unidos, Arzobispo Jean Jadot. 

Acompañaron a los nuevos obispos en su ordenación representantes de las iglesias ortodoxas y protestantes,  de la fe judía y representantes cívicos y del gobierno local y estatal.

Los nuevos prelados pidieron que los regalos fueran donaciones para los pobres. (Con información de The Voice)

En memoria de este importante acontecimiento, publico el texto Jesús, María, la Patria en el Escudo Episcopal, en el que Mons. Agustín Román (Mayo 5, 1928 – Abril 11, 2012), explica cada símbolo que escogió para el diseño de su blasón episcopal. 

Lo he reproducido del periódico The Voice, de la  Archdiocese of Miami, en su edición del 23 de marzo de 1979.

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por Mons. Agustín Román


Han pasado los años, pero el recuerdo de mi niñez en el verde campo cubano salpicado de coloridas flores, que hacía alzar los ojos al cielo como buscando al autor de aquella maravilla, no ha pasado; permanece mas vivo que nunca.

Allá en lo alto, bajo el radiante sol de los días, o bajo la plateada luna en la noche, se mecía la palma sobre todos los árboles con un donaire peculiar.


Hoy, por los caminos del destino, bajo el mismo sol y la misma luna, siguen mis ojos contemplando las palmas ahora en la Florida.

Este origen campesino ha dejado en mi alma gran admiracion por la naturaleza. Mi origen pobre, con escasez de libros, me hizo leer desde temprana edad en el lenguaje de los símbolos. La riqueza de mi fe cristiana me ha hecho arrancar de los mismos un
mensaje con dimensión trascendente.

Al preparar mi escudo he sacado de la Biblia el grito de San Pablo a los corintios: "Ay de mi si no evangelizara", y lo he querido eonvertir en un eco que me examine durante mi vida de Obispo.

He querido colocar en mi escudo tres símbolos sacados de la creación: el sol, la luna y la palma, y con ellos he querido simbolizar:

A JESUCRISTO, por el sol que dibuja con sus rayos la cruz redentora. El es la luz de las gentes, deseando así iluminar a todos los hombres con la claridad del Evangelio que brota del corazón de la Iglesia. La Iglesia lo expresa en la Liturgia de las Horas con estas palabras: "Oh, sol de justicia, a quien la Virgen inmaculada precedía cual aurora luciente, haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia".

A la VIRGEN, por la luna, que refleja la luz del sol en la oscura noche. La Madre de la Caridad que nos invita siempre a reflejar en la oscuridad de la Fe, la Luz y el Amor que brotan del Hijo Amado.

"El pueblo creyente reconoce en la Iglesia la familia que tiene por madre a la Madre de Dios. Y es en la Iglesia donde confirma su instinto evangélico segun el cual María es perpetuo modelo del cristiano, la imagen ideal de la Iglesia" (Puebla 1979). Nunca olvidaré cuando aun pequeño me
dormía en los brazos de mi madre y ella me señalaba con su mano la imagen de la Virgen con el Salvador en sus brazos. Aquellas fueron mis primeras catequesis. (San Antonio María Claret usaba estos mismos símbolos).

Al PUEBLO, por la palma, símbolo del escudo de mi patria e invitación biblica a la perfección: "El justo florecerá como la palma". Con ramos de palma recibió el pueblo al Señor el Domingo de Ramos cantando: "Hosanna al Hijo de David Bendito el que viene en nombre del Señor".

La Iglesia canta en la Liturgia de las Horas. "Aclamemos con palmas de victoria al Señor que viene y salgamos a su encuentro con himnos y cantos, dándole gloria y diciendo: "Bendito eres, Senor"
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