Wednesday, February 19, 2020

Los restos del P. Félix Varela llegan a La Habana (por Carlos A. Peón-Casas)


El 8 de noviembre de 1911, casi un siglo después de su partida definitiva de su patria cubana, llegaban para reposar en su sagrado suelo los restos del que fuera preclaro hijo, sacerdote, maestro, y precursor sereno de la ansiada independencia para su patria cubana, nuestro Siervo de Dios Padre Varela.

Ya muy próximos a celebrar el segundo centenario de su salida como Diputado ante las Cortes Españolas en 1822, y ante unas recientes especulaciones que se han escuchado, sobre una muy posible beatificación del que ya fuera declarado Venerable por Benedicto XVI en 2012 , se impone echar luz sobre tan particular hito de nuestra historia republicana, y de la vida de la Iglesia católica cubana, de la que Varela fue servidor fiel.

Sorteando los avatares más inenarrables del destierro, y la persecución por la causa tan sagrada de amar a Dios y a su patria hasta las últimas consecuencias, Varela sigue siendo un claro signo de clarísima integridad y coherencia, entre el patriota y el sacerdote, entre el filósofo y el maestro de una generación que encontró en sus palabras, el imprescindible acicate para tomar el relevo, en el largo camino de servir a Dios y a la patria, sin que una cosa fuera en detrimento de la otra.

La llegada de sus sagrados restos a la patria la encontramos muy oportunamente rememorada, en un libro muy reciente y ciertamente ya imprescindible para la historiografía cubana, se trata de: Cien barcos en la historia de Cuba o Historias de Cuba en cien barcos, del eminente intelectual y coleccionista cubano Emilio Cueto.

Para empezar, Emilio Cueto, el autor del libro, habanero y afincado en Washington, nos regala el dato poco sabido de que tan sacra entrega se hizo por mediación del vapor Miami, que procedía de la Florida, con toda probabilidad de Jacksonville.

Plaza Padre Félix Varela
Catedral de San Agustín, Fl
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El día 6 de noviembre en San Agustín de la Florida:
el obispo católico Monseñor William J. Kenny le había entregado los restos del sacerdote habanero(…) al cónsul cubano en Jacksonville Sr. Julio Rodríguez Embil y al Dr. Manuel Landa González, presidente de la Audiencia de Pinar del Río ¨para ser trasladados a su tierra nativa(1).
Dos días después, 8 de noviembre, el Miami entraba a la rada habanera con su preciosa carga. Cueto sigue precisándonos el ya poco recordado suceso:
En la Machina del puerto se hallaban los Canónigos de la Catedral de la Habana don Félix Caballero y don Antonio Abín, en representación del Obispo Pedro González Estrada. También estaban don Manuel Delfin, Diego Tamayo, Raimundo Cabrera, Eduardo R. Plá y el Marques de Esteban, junto con una multitud de fieles, patriotas y curiosos(2).
Luego de desembarcados, pasaron por dos destinos distintos antes de arribar a la Catedral, para ser entregados al Sr. Obispo. Primeramente reposaron en el antiguas Junta de Educación en Cuba No. 1, y después en el Ayuntamiento, sitio este último donde fueron recibidos por las personas del entonces Vicepresidente de la República, el del Tribunal Supremo, el alcalde y el Presidente de la Cámara Municipal(3).

Luego de una solemne Misa, en la catedral habanera, los restos de aquel “que primero nos enseñó en pensar” según reza el inspirado aserto de su discípulo José de la Luz y Caballero, serían solo depositados allí por unos pocos días más, pues pasarían a reposar, como ya había sido pactado entre las autoridades civiles y eclesiásticas, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

La ceremonia de traslado tenía lugar el domingo 19 de noviembre. Partiendo de la Catedral, el respetuoso cortejo, fue presenciado por millares de expectantes escolares habaneros, apostados a lo largo del extenso recorrido hasta la Universidad. Allí fue recibido por el presidente de la República, los Cuerpos Armados, y multitud de académicos(4).

Aula Magna
Universidad de La Habana
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Por más de cien años, han reposado allí imperturbables, los restos de aquel insigne cubano, indiscutible mentor de las ideas más preclaras sobre la libertad patria, la fe y la cultura.

Los que hemos tenido la suerte de titularnos en esa benemérita universidad habanera, recordamos siempre con cariño, ese minuto solemne, ante la urna que conserva los restos del P. Varela en el Aula Magna donde por tradición, acontecen tales actos.

Ante la posible perspectiva de que Varela fuera beatificado, vuelve a reactivarse el debate primero de dónde debieron depositarse aquellos restos, si en el sitio actual, o en la Catedral habanera, o en el antiguo Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde Varela se formó y ejercitó sus labores profesorales.

En uno u otro sitio, Varela, el sacerdote ejemplar, el maestro incansable, el filosofo y el patriota, seguirá velando por esa patria cubana y por sus hijos con la misma convicción que antes de entregar su alma al Creador, prometiera para siempre:
Guiado por la antorcha de la fe, camino al sepulcro en cuyo borde espero, con la gracia divina, hacer, con el último suspiro, una protestación de mi firme creencia y un voto fervoroso por la prosperidad de mi patria(5).


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  1. Cien barcos en la historia de Cuba o Historias de Cuba en cien barcos. Emilio Cueto. Ediciones Universal. Miami, 2018. p.196
  2. Ibíd. pp.196-197
  3. Ibíd. p.197
  4. Ibíd.
  5. En Cartas a Elpidio, tomo 1, carta 6, p. 182. Citado por Emilio Cueto en Cien barcos en la historia de Cuba o Historias de Cuba en cien barcos Op. cit.

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