Wednesday, January 29, 2020

A Martí (un poema de Bonifacio Byrne)



Con sarcástica ironía
le llamaban soñador,
porque en el alma tenía
sembrada la poesía
a manera de una flor.

¡Era un soñador! ¿Por qué?
Porque tuvo mucha fe,
y a su pueblo infortunado
logró ponerlo de pie
cuando estaba arrodillado!
Soñador, porque en la cima
tuvo fija la mirada,
y porque en extraño clima,
ya la prosa, ya la rima,
esgrimió como una espada!

Soñador, porque su mano
fue quien sembró la semilla
que es hoy un árbol lozano:
porque vislumbró la orilla
en mitad del océano.

¡Muchas fueron sus quimeras!
Soñaba con las palmeras,
en donde quiera que estaba,
y al verlas imaginaba
que eran novias hechiceras.

Para dejar en la vida
un surco extenso y profundo
y una memoria querida,
hay que atravesar el mundo
llevando abierta una herida...

Desde que estoy desterrado
oigo como se le nombra
con un respeto sagrado,
y a veces miro su sombra
deslizarse por mi lado.

Por eso se le venera;
porque tuvo un ideal,
y desde tierra extranjera
fue a morir por su bandera
allá en el suelo natal.
De esos pobres soñadores
el mundo se encuentra lleno
como el sol de resplandores,
y el valle, fértil y ameno,
de pájaros y de flores.

Pobre de la tierra aquella
en donde algún ser no mire
allá en el cielo una estrella;
en donde nadie suspire
al ir detrás de una huella...

Pobre de aquella nación
donde la cabeza priva
a costa del corazón.
¡Dios no quiere que se viva
sin tener una ilusión!

No sé si estaré en lo cierto;
mas si de gloria cubierto
él no dobla la cabeza,
¡Quién sabe si hubiera muerto
de dolor y de tristeza!

1898

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