Monday, December 23, 2019

Historias Habaneras: Doña María de Cepero y Nieto (por Teresa Fernández Soneira)


En la revista Cuba y América de diciembre de 1900 y bajo el título de “Historias Habaneras”, escribía un curioso artículo Alfredo de Zayas(1)  quien luego sería Presidente de la República de Cuba. El escrito relata el fallecimiento en 1557 de doña María de Céspedes y Nieto, habanera de la alta sociedad de aquellas décadas de la fundación de las primeras villas en la isla de Cuba. Por los interesantes y novedosos datos del artículo, voy a reproducir aquí partes de este episodio que posiblemente sea desconocido para la mayoría de los cubanos, sobre todo para los habaneros.

Alfredo Zayas relata: “En una mañana del año de 1557, la humilde iglesia parroquial de La Habana se veía invadida por insólito concurso de fieles, ataviados con sus más ricas y vistosas galas. Los cirios de blanca y dúctil cera de Castilla esparcían su dudosa claridad, desvanecida en el torrente de luz que por ventanas, claraboyas y hendijas arrojaba el espléndido sol de los trópicos; el incienso humeaba, y la no bien concertada e incompleta orquesta, desde el coro alto llenaba de sonoras notas los ámbitos del templo”. La Parroquial Mayor, situada frente a la Plaza de Armas, era por entonces un edificio de poca importancia y de escasa arquitectura. Contaba con una sola nave y una puerta abierta a occidente y otra lateral que daba a la calle Obispo. Poseía varias capillas y habitaciones para sacerdotes y acólitos y un cementerio. Al fondo, detrás del altar mayor, estaba la sacristía dominada por una torre de poca elevación, con un reloj londinense que marcaba el transcurso de las horas. Doña Cepero residía al cruzar la calle de la Parroquial Mayor, en la esquina de Obispo y Oficios.

Pero ese día al que nos vamos a referir, la concurrencia en la iglesia era extraordinaria, atraída por una solemne actividad religiosa que costeaba la piadosa y acaudalada María de Cepero. Y sigue Alfredo Zayas su narración:
los cofrades del Santísimo Sacramento, los del Nombre de Jesús, los de la Sangre de Cristo, de San Crispín y Crispiniano y de Santa Bárbara asistían en crecido número, y con sus insignias y pendones bordados con hilos de oro, realzaban el esplendor de la fiesta. El Gobernador don Francisco Dávila ocupaba el lugar señalado a su alta gerarquia (sic), acompañado de los capitulares y otros personajes de distinción, y oficiaba el venerable presbítero don Francisco de Casas, habanero graduado en Salamanca, empobrecido por socorrer a los pobres, y cuya humildad le dictó el deseo que dejó expresado de que su cadáver no se enterrase en el pavimento de la iglesia, donde era costumbre inhumar los de los eclesiásticos, sino en el cementerio común, en medio de su amada grey.
Todo el templo oraba oyéndose los susurros y oblaciones que brotaban de los labios de los asistentes. En el centro del templo, de espalda a la puerta principal e inclinada la frente, oraba también doña María. Y dice Zayas:
llegó el momento en que un piquete de arcabuceros, en correcta formación en la Plaza, había de descargar sus armas en honor de la Divinidad; pero aun devolvían los ecos vecinos al unísono fragor, aun no habíase disipado al viento las nubecillas de humo, y confuso clamoroso que revelaba dolor, espanto y lástima, llenaba el sagrado recinto, mientras los congregados con indescriptible consternación se arremolinaban alrededor de la piadosa patrocinadora de la fiesta, de la desventurada señora Cepero que víctima de una bala extraviada, mortalmente herida, yacía exánime y ensangrentada en el suelo, y una rapidísima agonía exhalaba el último suspiro.
Al siguiente día se celebraron las exequias a las que asistió un numeroso público. En el mismo lugar donde trágicamente doña Cepero había encontrado inesperadamente la muerte, se cavó la sepultura y se le dio un adiós final a la que con religiosidad y amor había auspiciado la ceremonia el día anterior. Para conmemorar el triste día y suceso se colocó una lápida de piedra en el templo sobre la que tallaron una cruz, un querubín y otras alegorías, e inscribieron: “Hic finen fecit tormento belico inopinate percusa Domina María a Cepero. Pater Noster. Ave María. Anno 1,557”, que en castellano significa: “Aquí finó la señora María de Cepero, herida inesperadamente por una máquina de guerra. Padre Nuestro. Ave María. Año de 1557”. Con el paso del tiempo los datos de este incidente se fueron difuminando y comenzaron a inventarse historias y relatos errados sobre cómo había ocurrido la muerte de María de Cepero. Hasta se llegó a decir que había muerto de una bala de cañón escapada de un barco ¡que estaba anclado en el puerto!

Aparte de ser de la alta sociedad habanera, ¿quién era María de Cepero? Desde el siglo XIX se ha venido indagando e investigando sobre la identidad de esta mujer. El historiador José María de la Torre en su libro “Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna”(2)  escribe sobre ella, y luego el Dr. Manuel Pérez Beato(3)  la identifica como hija de Bartolomé Cepero, vecino de la ciudad, aunque luego reconoce el error y aclara que en realidad este era un tío(4). Lo que se cree es lo que más tarde publica el mismo Pérez Beato y el genealogista Francisco de Santa Cruz y Mallén(5)  asegurando que María era hija del Capitán Francisco Cepero(6), uno de los pacificadores de la isla de Cuba, quien había sido Alcalde ordinario de La Habana, casado con doña Isabel Nieto. La joven María se había casado con el Teniente Juan de Rojas Inestrosa y habían tenido una hija, Magdalena de Rojas y Cepero. Juan de Rojas pertenecía a una familia que había participado en la conquista y colonización de Cuba, y su padre Manuel de Rojas, suegro de María, había sido hombre de confianza del adelantado Diego Velázquez de Cuéllar(7). Aunque no se ha encontrado documento alguno que registre su bautizo o matrimonio pues los libros de registros de la Parroquial Mayor comienzan luego de su fallecimiento, todas las investigaciones confirman que esta era una dama de sangre noble, perteneciente a una de las más distinguidas familias fundadoras.

Cuando en 1777 se demolió la iglesia para construir en ese espacio el Palacio de Gobierno, que es donde hoy se encuentra el Museo de la Ciudad, la lápida pasó a manos de Rafael y José Cepero parientes lejanos de María, quienes sugirieron colocar la lápida en el muro de la casa solariega de la calle Obispo. En 1914 la lápida fue llevada al Palacio de los Capitanes Generales acompañada de una tarja en bronce que dice:
Este monumento, el más antiguo que se conserva en Cuba, fue erigido en memoria de Doña María de Cepero y Nieto, dama principal de la Villa de La Habana, en el mismo lugar donde, según la tradición, cayó mortalmente herida, en 1557, de un casual disparo de arcabuz, mientras rezaba en la Parroquial Mayor, situada en la parte del terreno que ocupa este Palacio Municipal.
Fue este el primer hecho trágico ocurrido en San Cristóbal de La Habana que quedó eternizado en una lápida. Pero la muerte de doña María de Cepero y Nieto aún permanece en la nebulosa de la historia; aquella historia de corsarios y piratas, de conquistadores y guarniciones, de flotas de navíos en el puerto de La Habana, de frailes y encomenderos. Pero a pesar de conjeturas y misterios, este es el primer monumento, el único monumento que ha llegado a nosotros de los comienzos de la conquista que está dedicado, nada menos, que a una mujer.


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  1. Alfredo Zayas y Alfonso (1861 - 1934) jurista cubano, orador, poeta y político; fiscal, juez, alcalde de La Habana, senador en 1905, Presidente del Senado en 1906, vicepresidente de 1908 a 1913 y cuarto Presidente de la República de Cuba desde el 20 de mayo de 1921 al 20 de mayo de 1925.
  2. José María de la Torre y Vidal Morales y Morales: Lo que fuimos y lo que somos, Librería Cervantes, La Habana, 1913.
  3. Manuel Pérez Beato, español que reside desde muy joven en La Habana, destacándose como médico, cirujano, profesor, historiador y bibliotecario.
  4. Carlos Venegas Fornias: María Cepero y Nieto, www.geni.com/people/María-Cepero-y-Nieto/6000000001147683857
  5. Francisco Xavier de Santa Cruz y Mallen fue un intelectual, miembro de la Real Academia de la Historia en España y de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana. Embajador en Cuba de la Orden de Malta y miembro de la Academia Cubana de la Historia.
  6. Francisco Xavier de Santa Cruz y Mallén, conde de San Juan de Jaruco: Historia de las Familias Cubanas, Editorial Hércules, La Habana, 1940, Tomo I, p. 315.
  7. Diego Velázquez de Cuéllar (Cuéllar 1465-Santiago de Cuba 1524) primer gobernante de Cuba desde 1511 hasta 1524. Fundó las siete primeras ciudades de la isla.





Bibliografía

  1. Barclay, Juliet: Havana portrait of a city, Cassell, Nueva York, 1993, pp.85.
  2. de Santa Cruz y Mallén, Francisco Xavier: Historia de las Familias Cubanas, Editorial Hércules, La Habana, 1940.
  3. de la Torre, José María y Vidal Morales y Morales: Lo que fuimos y lo que somos, Librería Cervantes, La Habana, 1913.
  4. Garve, Lucas: “María de Cepero”, CubaNet News, www.Cubanet.com
  5. Carlos Venegas Fornias: María Cepero y Nieto, www.geni.com/people/María-Cepero-y-Nieto/6000000001147683857
  6. Zayas, Alfredo: “Historias Habaneras”, Cuba y América, La Habana, diciembre 1900, pp. 162-63.



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Teresa Fernández Soneira (La Habana 1947), es una historiadora y escritora cubana radicada en Miami desde 1961. Ha hecho importantes aportes a la historia de Cuba con escritos y libros de temática cubana, entre ellos, CUBA: Historia de la educación católica 1582-1961, Ediciones Universal, Miami, 1997, Con la Estrella y la Cruz: Historia de las Juventudes de Acción Católica Cubana, Ediciones Universal, Miami, 2002. En los últimos años ha estado enfrascada en su obra Mujeres de la Patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba, (Ediciones Universal, Miami 2014 y 2018). El volumen I dedicado a la mujer en las conspiraciones y la Guerra de los Diez Años, y el volumen 2, de reciente publicación, trata sobre la mujer en la Guerra de Independencia. En estos dos volúmenes la autora ha rescatado la historia de más de 1,300 mujeres cubanas y su quehacer durante nuestras luchas independentistas.

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