Thursday, December 19, 2019

Dos visiones de la Cultura: La Polémica Mañach-Lezama (por Roberto Méndez)


Dos visiones de la Cultura: La Polémica Mañach-Lezama


por Roberto Méndez Martínez



En 1949 dos figuras claves de la cultura cubana polemizaron sobre poesía desde las páginas de la revista Bohemia: Jorge Mañach Robato y José Lezama Lima; el primero era ya una personalidad reconocida en los medios académicos, políticos y periodísticos de la nación, que no se había limitado a ser el agudo ensayista de La crisis de la alta cultura en Cuba e Indagación del choteo sino que había llevado su actividad pública hasta desempeñar el cargo de Secretario de Educación en el gobierno de Carlos Mendieta; el segundo había editado las revistas Verbum, Espuela de plata, Nadie parecía y estaba empeñado por entonces en la gran aventura editorial de Orígenes, pero su renovador poema Muerte de Narciso, sus Aventuras sigilosas, los ensayos que entrarían luego en Analecta del reloj y Tratados en la Habana, sólo eran conocidos por un mínimo grupo de enterados, era a la vez un miembro más de la burocracia judicial habanera y un artífice oculto que renovaba la cultura nacional a partir de reinventarla. Ambos se conocían y se trataban con cortés ironía, sin embargo, cuando salió de las prensas de Orígenes la summa poética La Fijeza -hermoso ejemplar con viñetas de René Portocarrero - no pudo evitar Lezama el enviar un ejemplar con la dedicatoria : "Para el Dr. Jorge Mañach, a quien Orígenes quisiera ver más cerca de su trabajo poético - con la admiración de J. Lezama Lima. Agosto y 1949”. Algo semejante hizo por esos días Cintio Vitier con su cuaderno de versos El hogar y el olvido.

La respuesta del antiguo promotor del Grupo Minorista fue la publicación al mes siguiente de “El arcano de cierta poesía nueva. Carta abierta a José Lezama Lima” (1), texto que aparece signado por una punzante ironía desde sus primeras líneas. Si bien el escritor reconoce el “heroísmo y prestigio sumos” con que Lezama conduce las ediciones de Orígenes, no puede evitar el acercarse a su libro de versos con un tono crítico que parece parodiar el singular estilo de su autor:
Primorosos volúmenes ambos, sobre todo el de usted, con esa cubierta citrón (le gustaría a usted que no diga el color en castellano, para que el adjetivo, para que el adjetivo no se domestique demasiado) que lleva el nombre de usted en modestas letras blancas, como una cicatriz antigua o un vago rubro estelar: con una viñeta en sepia de Portocarrero, donde se conjugan una lámpara, una oreja y algo que parece un caracol de tripa mágica; dominando ese tranquilo misterio de la portada, el título austero de sus versos, La Fijeza, como una negra pupila escrutadora.(2)
El voluntario epistológrafo no oculta sus deseos de polemizar sin ambages, asegura que “en las cuestiones de arte nos está haciendo falta desde hace tiempo un poco más de oreo y franqueza” e inmediatamente señala que ha encontrado una especie de reproche en la dedicatoria recibida al señalarse en ella su lejanía de la obra poética de Orígenes, lo que percibe también en otros escritores del grupo que reiteradamente le “han hecho patente la misma actitud a la vez de estimación y reserva” ; decide fundamentar su actitud con un distingo, desea que no se vea en ello “desestimación o altivez crítica” sino “falta de...adhesión o si se quiere, de comunidad en el modo de querer y preferir la obra poética”.

Para argumentar esta distancia crítica Mañach decide hacer “un poco de historia”, recuerda su afiliación a la generación literaria de 1925, decidida a barrer con los residuos del Modernismo, señala el papel del Grupo Minorista, primero y luego de la Revista de Avance que él dirigiera junto a Ichaso, Lizaso y Marinello, para la campaña del “vanguardismo”:
De lo que se trataba era de barrer con toda aquella literatura trasudada y de estimular una producción fresca, viva, audazmente creadora, capaz de ponerse al paso con las mejores letras jóvenes de entonces. Fue una revolución - el preludio, en el orden de la sensibilidad y estética de la revolución política y social que quiso venir después. (3)
Nótese cómo el fundador del ABC, el delegado a la Constituyente de 1940, se resiste a permanecer en el puro plano estético, la revolución de la sensibilidad le parece sobre todo una anticipación de la que debía operarse en el panorama nacional y cuyos síntomas externos eran la rebeldía de los artistas contra la chatura burguesa que preludiaba - o iba a confundirse- con la lucha de amplios sectores sociales contra la dictadura machadista ; lo esencial era dar a Cuba un lugar dentro del concierto de las naciones cuando estaba relegada todavía como “comarca segundona en el mapa literario latinoamericano”. No niega el escritor que hubo “exageraciones e injusticias”, que se exaltó muchas veces lo que Mariátegui llamara “el disparate lírico” - por ejemplo la edición provocadora de la “Oda al bidet” de Giménez Caballero-, se obsesionaron con lo que designa como “microbiología freudiana” y se tomaron tan en serio el “creacionismo” de Huidobro como la “poesía pura” que venía de la mano de Brull. Sin embargo, se atreve a confesar que no se sentía totalmente de acuerdo con el vanguardismo, al menos en su vertiente más extremista :
En el fondo, conservaba mi fe candorosa en la poesía como idioma comunicativo y no sólo expresivo, y aunque consideraba que la mediocridad y la rutina tenían ya muy abusados todos los viejos cánones, repugnábame un poco, para mis adentros, la anarquía que cultivábamos, y apetecía - por estos resabios clásicos que sin duda tengo- algún orden de la expresión capaz de asegurarle a ésta a la vez profundidad y claridad.

Más que una batalla estética, para mí fue todo aquello una batalla cultural, una rebelión contra la falta de curiosidad y de agilidad, contra el provincianismo, contra el desmedro imaginativo y la apatía hacia el espíritu de nuestro tiempo. (4)
Estos párrafos dejan traslucir sobre todo los ideales del sociólogo, del político, de encauzar una batalla estética en bien de una política general que traiga una reacción saludable a la nación y la engrandezca. Sin manifestarlo se está adhiriendo a ideales que vienen de la Ilustración y que hallan en Martí su punto más alto: aquellos que reclaman una utilidad de las letras, un compromiso de éstas con el destino nacional. Sin embargo, su cultura, nutrida de fuentes clásicas, su disciplina profesoral, influyen en la confesión de que siempre esperó que una vez despejado el campo “volvieran nuestras letras más finas (...) a juntar en sobria disciplina la pureza, la novedad, la hondura y la claridad”. Nótese que estas cualidades son precisamente aquellas que los retóricos desde Horacio y Quintiliano reclamaban para el discurso literario.

No en vano cita una frase atribuida a Enrique José Varona sobre el vanguardismo:”Andan por las nubes: ¡ ya caerán !”, es la que sirve de puente para lo que viene después: sin decirlo de manera explícita, deja ver que son ahora los escritores de Orígenes los que andan lejos del suelo. Los considera descendientes de aquella generación de 1925 y no puede evitar el reprocharles “su falta de reconocimiento filial respecto de nosotros” y más aún el que envuelvan a sus antecesores “en el mismo altivo menosprecio que entonces nosotros dedicábamos a la academia”, con lo que extrañamente contradice las líneas iniciales del artículo en que destaca las muestras de admiración que sigue recibiendo de esos autores, pero es que aún para un temperamento moderado como el suyo, las furias de las luchas generacionales nunca se apagan del todo. Si reclama de esta nueva hornada que reconozca “la deuda que tienen contraída con sus progenitores” de Avance por ser los primeros en haber traído la “nueva sensibilidad”, reconoce que él y sus contemporáneos han envejecido: “apagamos los fuegos revolucionarios, escribimos como dicen que Dios manda” y más aún: ganan premios, entran en academias - él en particular había sido electo en 1940 miembro de la Academia de Historia- y sarcásticamente señala que eso es tan inevitable como echar abdomen después de los cuarenta años, pero que no se puede renegar del padre “aunque no tenga la esbeltez de antaño”.

A partir de allí, el autor entra por caminos más delicados y personales, dice que no es ese “pequeño resentimiento”- el de la falta de reconocimiento de la paternidad generacional- el que lo distancia de la obra que hacen sino la “incapacidad de fruición” que siente ante sus escritos que atribuye “a una excesiva extralimitación de ustedes”. Si bien asegura que ha leído asiduamente Orígenes y las revistas que le precedieron, así como la reciente antología preparada por Cintio Vitier- en clara alusión a Diez poetas cubanos- “le mentiría, amigo Lezama, si le dijese que fueron ésas muy gratas lecturas, o que saqué mucho en limpio de ellas” aunque encontrara algún poema “de rara sugestión y fuerza lírica” de Gastón Baquero, Angel Gaztelu, Cintio Vitier “o de usted mismo, a quien todos tienen por maestro”- frase que tiene cierto trasfondo nada inocente- ; los ha admirado pero no los ha comprendido y esa ausencia de comprensión se le convierte en una clave fundamental :”esa experiencia es, amigo Lezama, la que en general me queda de toda esta poesía de ustedes. La admiro a trechos ; pero no la entiendo” (5).

Ya a estas alturas, Mañach se siente obligado a invocar la existencia de otras personas cultas que tienen su misma “limitación”, el no comprender lo que escriben los origenistas y lo atribuye a un problema intrínseco a sus poéticas : “También es posible que ustedes se hayan forjado un concepto de la poesía demasiado visceral, por decir así, demasiado como cosa de la mera entraña personal, ajena a la sensibilidad de los demás.” (6)

A partir de aquí, el poeta profesor se siente obligado a explicar su propia concepción de la poesía, que para él oscila entre dos polos : el de la expresión y el de la comunicación, sin el segundo, la experiencia del autor no puede hacese clara al lector. Reconoce en el Romanticismo la exacerbación del individualismo que ha hecho que el poeta contemporáneo se vaya quedando “casi enteramente solo con su misterio” con lo que la poesía sufre el riesgo de convertirse “a lo sumo en un idioma de pequeñas fratrias poéticas” y “marginado por su propia soberbia expresiva, el creador poético se queda cada vez más incomunicado con el mundo que su voz debía iluminar y ennoblecer” (7). Como corolario de esta actitud, que cree identificar en Lezama y sus seguidores, advierte la posibilidad de que se pierdan para la cultura cubana talentos “con semejantes ensimismamientos”. Sin embargo ya a esas alturas su voluntad de diálogo parece ceder ante la criolla necesidad de “choteo”, que él no sólo había estudiado sino que padecía como cualquier hijo de vecino insular:
no sabe cuanto le agradecería que nos ilustrase a todos un poco en un lenguaje que podamos entender - y digo esto, con perdón, porque demasiado a menudo ocurre que al tratar de explicarnos estas cosas resulta que la explicación necesita a su vez ser explicada. (8)
La despedida sigue en el mismo tono y sólo alguien muy poco avisado podría ignorar el alfilerazo evidente en la frase “le admira más por lo que le adivina que por lo que le entiende”. El terreno de la lid ha sido planteado.

El asunto debió parecer muy exótico a la mayoría de los lectores de Bohemia, el número en el que apareciera “El arcano...” era una especie de muestrario de la realidad cubana, en sus páginas se mezclaban : el descubrimiento de una conspiración de pandilleros en la Universidad, el atentado a Masferrer al salir del Capitolio, las críticas al gobierno de Prío hechas por Suárez Ribas, aspirante a la Presidencia, sin olvidar la preocupación por la salud del boxeador Kid Gavilán quien acababa de sufrir un asalto callejero en New York. Para un cubano común de entonces - y de hoy - la “claridad” de Mañach era tan ajena como la “oscuridad” de Lezama.

La reacción del poeta no se hizo esperar, en la Bohemia del 2 de octubre del propio año apareció “Respuestas y nuevas interrogaciones. Carta abierta a Jorge Mañach”. Desde las primeras líneas se hace evidente que el autor de Enemigo rumor quiere superar a su adversario en ironía y en argumentos aplastantes, su técnica es la de replicar, como en la oratoria forense, punto por punto, a cada argumento del contrario. Después de señalar que Mañach en su epístola les ha entregado “sin paliativos sus negaciones, lejanía e indiferencias” (9) comienza por rechazar la interpretación que aquel hiciera de la viñeta de Portocarrero que aparece en la portada de La fijeza:
allí donde usted creyó ver una lámpara, sin que sea acaso necesaria la rectificación, se trata de un tornillo sin fin...Referencia tal vez a cierta plaza de la cultura cubana, donde pocos deseaban situarse y donde yo precisamente he insistido en levantar mi tienda con tan reiterada constancia que ha motivado siempre el total entrecruzamiento de flechas. (10)
En realidad también Lezama manipula el dibujo, pues lo ambiguo en él - cuando consultamos la ya rara edición- no es el vaso o lámpara de la izquierda, ni la gran oreja del extremo derecho, sino la figura central en la que Mañach creyó ver un caracol pero que en su centro tiene una especie de tirabuzón o espiral que la fantasía del poeta ha convertido en “tornillo sin fin” de modo que este símbolo, asociado a lo que profundiza y cala, al proceso continuo de ahondar en la oscuridad queda contrapuesto a la simple lámpara. Con ello quiere dejar constancia de su controvertido rol en la cultura cubana : su interés no está en ser claro, sino en ahondar en misterios, bucear en profundidades que otros hasta ahora no han revelado.

Frente a la obsesiva repetición de Mañach de su “no comprendo”, el poeta opone la defensa de lo oscuro como misterioso y estimulante para la cultura:
El incentivo de lo que no entendemos, de lo difícil o de lo que no se rinde a los primeros rondadores, es la historia de la ocupación de lo inefable por el logos o el germen poético. ¿Qué es lo que entendemos ? ¿Los monólogos misteriosos del campesino o el relato de sus sueños a la sombra del árbol del río ? ¿Y qué es lo que no entendemos ? ¿El artificio verbal, esa segunda naturaleza asimilable ya por la secularidad, y en el cual el hombre ha realizado una de sus más asombrosas experiencias : otorgar un sentido verbal, destruirlo y verlo como de nuevo se constituye en cuerpo, liberado del aliento de la palabra o del ademán de la compañía ? En realidad, entender o no entender carecen de vigencia en la valoración de la expresión artística. (11)
Lanzado ya en el terreno de la más cruda polémica es capaz de decir al conocido ensayista que su carta está recorrida por el pro domo suo, es decir por la parcialidad interesada : “muestra usted el orgullo de su ciudad intelectual y enarca la Revista de Avance”. Lezama la emprende entonces con esta publicación, procura recapitular las páginas que leyó en su juventud y se refiere a la mezcla de estilos y tendencias que allí aparecían, está convencido de que se carecía de “una línea sensible o de una proyección”, puede reconocer que: "Sus cualidades eran (...) de polémica crítica, mas no de creación y comunicación de un júbilo en sus cuadros de escritores”. Bajo estas líneas yace una sutil contraposición con Orígenes: la generación de 1925 queda así estrictamente asociada con la voluntad de cambio, con el choque de ideas incendiarias, mas la unidad, la coralidad, la plenitud, corresponden en realidad a quienes se nuclean en torno a la publicación lezamiana; por esta razón, puede percibirse que el autor de La fijeza considera a la revista de los años juveniles de Mañach como un capítulo cerrado para la cultura nacional: "Creemos que aquella Revista de Avance cumplió y se cumplió”. Ahora es el momento de otra de esas “gestas casi hercúleas en nuestra circunstancia cultural” y aprovecha para situar una especie de manifiesto:
Orígenes era la culminación de unos esfuerzos anteriores, en cuadernos y pequeñas revistas, que al fin logran alcanzar cierto ecumenismo huyendo siempre del énfasis- producto de que se había constituido-, huyendo también de la excesiva omnicomprensión, una pequeña república de las letras. Saint John Perse, Santayana, Eliot, autorizaban en sus páginas la inserción de sus manuscritos al igual que lo autorizaban para muy pocas revistas del resto del mundo culto. ¿Filiación y secuencia de la Revista de Avance ? Había radicales discrepancias. A Orígenes sólo parecía interesarle las raíces protozoarias de la creación, la propia norma que lleva implícita la riqueza del hacer y participar.(...) Decir lo dicho solamente por sus propias huellas, que fuese su progresión lo que quedase de su flecha. (12)
Por esta razón, sitúa la posición de ambos ante sus respectivas publicaciones como esencialmente diferentes, no sólo en el plano estético sino en el pragmático : uno añora lo que hizo en el pasado, el otro da vida a algo realmente actuante:
Dispénseme, pero su fervor por la Revista de Avance es de añoranza y retrospección, mientras que el mío por Orígenes es el que nos devora en una obra que aún respira y se adelanta, que aún demanda como la exigencia voraz de una entrega esencial, que volquemos nuestras más rasgadas intuiciones en la polémica del arte contemporáneo. (13)
La consecuencia que deriva Lezama de todo esto es de mayor alcance que el artístico, es ética, los animadores de aquella generación pasada no tenían ya para ellos “la fascinación de una entrega decisiva a una obra y que sobrenadaban en las vastas demostraciones del periodismo o en la ganga mundana de la política positiva” y peor aún “habían adquirido la sede, a trueque de la fede”, es decir se habían acomodado en posiciones públicas, perdido ya el fervor primero en las cualidades fecundadoras de la cultura. Esta acusación es grave y no totalmente justificada, es cierto que muchos de los hombres de nuestra “vanguardia” militaban en los más heteróclitos partidos y no siempre habían salido inmaculados de su relación con “la cosa pública”, pero en el caso de Mañach nada hacía pensar que el Secretario de Educación de Mendieta, fundador del Departamento de Cultura que tan provechoso resultó para apoyar muchas iniciativas artísticas, especialmente en el terreno de la plástica, el periodista defensor de una reforma en la vida nacional ajena a interferencias foráneas, mereciera tal reproche. Mas el poeta, absoluto y dominador como todos los fundadores y cabezas de grupo, está más dispuesto a defender su pensamiento que a reconocer la deuda de éste con el pasado ; sintiéndose agredido, usa todas las armas del idioma y no teme ser injusto.

Si Diez poetas cubanos había motivado el “no comprender” de Mañach, ahora Lezama le opone el reconocimiento que el volumen ha tenido por parte de Octavio Paz “considerado como el mejor poeta de su generación en su país”, el espaldarazo de éste queda opuesto a ciertas “rudas negaciones e incompresiones vacilantes”. Por último, no pretende futuro creador de Paradiso negar el que Avance trajera el “arte nuevo”, pero la misión actual es otra y aprovecha para colocar una síntesis del programa de Orígenes:
Pero de esa soledad y de esa lucha con la espantosa realidad de las circunstancias, surgió en la sangre de todos nosotros, la idea obsesionante de que podíamos al avanzar en el misterio de nuestras expresiones poéticas trazar, dentro de las desventuras rodeantes, un nuevo y viejo diálogo entre el hombre que penetra y la tierra que se le hace transparente. (14)
El texto de Lezama resultaba demasiado provocador como para que Mañach permaneciera mudo, sobre todo cuando la polémica había calado en ciertos medios literarios y periodísticos, un síntoma de ello era el artículo publicado por Luis Ortega el 2 de octubre en Prensa Libre, donde aseguraba que el balance de ese duelo entre dos generaciones marcaba “la defunción intelectual de los hombres del 25”. El 16 de octubre, Bohemia recoge la réplica de Mañach, titulada “Reacciones de un diálogo literario. Algo más sobre poesía vieja y nueva.”

Comienza el escritor con su habitual ironía por afirmar: "disto mucho de pensar que la respuesta del poeta fuese convincente en la misma medida en que me resultó interesante”(15). De inmediato, comienza su réplica por el aspecto más sensible: el ético. No cree que las labores que en el terreno de la política, la animación cultural, el periodismo, sean la negación de una pureza intelectual, pues eso mismo hicieron en su tiempo Bello, Sarmiento, Alberdi, Hostos, Martí, Varona. Frente a los “poetas, o ensayistas químicamente puros” él opone la condición del intelectual inmerso en los deberes públicos:
Esa es la gran tradición del intelectual americano : responder al menester público, no sustraerse a él; vivir en la historia, no al margen de ella. En los países ya muy granados y maduros, es perfectamente justificable que el escritor se consagre enteramente a sus tareas creadoras como tal, porque la conciencia moral e histórica de que está asistido, y aún la estética, encuentra en torno suyo un ámbito de suficiente respeto y servicio a los valores espirituales, y gente lo bastante numerosa, en la política o en el periodismo, para sustentar esos valores. Pero los pueblos todavía en formación reclaman y esperan demasiado de sus hombres de espíritu para que estos le vuelvan soberbia o tímidamente las espaldas. (16)
Nada delicado en su respuesta, alude a posiciones como la de Lezama como “purezas altivas” y “ascetismos cómodos” y contrapone a ellas su propia vocación de servicio :”yo creo que el primer deber de un hombre de espíritu es luchar porque el espíritu efectivamente reine en el ámbito donde el destino le situó”.

A partir de allí, en la segunda parte del trabajo, procura reflexionar sobre el papel social de la poesía,con la defensa de la tesis de que ésta no es sólo expresión, sino también - y sobre todo- comunicación. Él, que se proclama lector de Rilke, Valery, Eliot, Neruda, no rechaza la novedad, sino que exige a ésta una eficacia comunicativa, si bien la emoción poética puede mostrar ciertas cumbres: La calidad más alta de materia poética es aquella que, al ser ponderada, le revela al poeta motivos profundos y universales, raíces que la vinculan al misterio del hombre y del mundo - al sentido o “sinsentido” de la vida, del dolor, del amor, de la Naturaleza, de la muerte.(...) El misterio - eso es, en definitiva, el tema mayor de la poesía, como lo es de la filosofía. (17)

Para él la poesía verdaderamente grande es la que se aventura en esa zona misteriosa y casi inefable, donde la expresión poética ha alcanzado alturas incalculables, mas no basta con sumergirse “en un fárrago de palabras y de imágenes”, es necesario comunicar ese misterio.

Considerando que el asunto no ha sido totalmente agotado, a pesar de que Lezama no volverá a responder - al menos de manera clara y pública- vuelve Mañach por sus fueros con un “Final sobre la comunicación poética” que vio la luz en Bohemia el 23 de octubre de ese año. Este último artículo está marcado por su preocupación por el papel que la poesía puede desempeñar dentro de la sociedad cubana. Justifica así su insistencia en el tema:
Huelga decir que la cosa tiene cierta importancia cubana. No trascendemos mucho al exterior, o a la Historia, por nuestros episodios políticos, sino por la cultura.(...) Que se cultive en Cuba poesía buena es cosa tan importante, por lo menos, como el que la Nación esté bien gobernada y, desde luego, mucho más importante que la fortuna, próspera o adversa, de tal o cual bandería o renglón administrativo. (18)
Se cuestiona entonces cuál será la expresión poética que dará a Cuba “más gusto, más edificación espiritual y más prestigiosa resonancia”, duda que sea la cultivada por “Lezama Lima y sus cofrades” pues a pesar de ser “la generación más dotada para la poesía que Cuba ha dado”, sin embargo sus obras en muchas zonas se contentan con “la pura expresión sin generosidad comunicativa alguna”. Une entonces poética, ontología y ética en la interrogación: ¿qué sentido tiene la imagen, recurso primordial del poeta, sino ése de unir lo disperso, de enlazar lo distinto, de asimilar lo incoherente, como para reivindicarnos la conciencia de la integridad del Ser, tan comprometida por las apariencias y los episodios del mundo ? (19)

Es su preocupación el que la poesía moderna que aspira a suprimir “ toda superficie, toda periferia” y quiere llevar la imagen hacia sus últimas posibilidades, se deje llevar por una especie de autoritarismo de los “genios” que sacrifique la comunicación con el lector y se quede en la pura autocomplacencia estética, con el riesgo de provocar “una desmoralización absoluta del gusto como factor de ennoblecimiento espiritual”. (20)

Asume Mañach el que a partir de estos criterios pueda ser calificado de “atrasado”, mas siente que su conciencia está tranquila pues : "Ganada o perdida, habrá sido ésta una batalla más por la diafanidad y fecundidad de nuestra cultura.” (21)

¿Qué consecuencias tuvo esta polémica en la cultura cubana ? Quienes intervinieron en ella se mantuvieron en sus posiciones irreconciliables. Rafael Rojas ha señalado la diferencia básica de las estrategias de ambos: Así en los años 40 y 50, Mañach concibió una estrategia pública inversa a la de Orígenes. Para Lezama la crisis era política y la cultura funcionaba como un dispositivo secreto contra la escasa imaginación del Estado. Para Mañach la crisis era cultural y el espacio público ofrecía una zona neutra donde regenerar la ciudadanía y vigorizar la nación. (22)

En la vida pública siguieron pesando más la corrupción gubernamnetal, el “bonche” universitario y otras calamidades, sin embargo, en el plano subterráneo, invisible, estos conceptos contrapuestos nutrían un pensamiento cubano que décadas después sigue confrontando las relaciones cultura- espacio público con posiciones que, más allá de ciertos matices, estaban ya contenidas en los puntos de vista de Mañach y de Lezama.

Un poema de Cintio Vitier viene a cerrar el abismo entre Mañach y Orígenes :

Ciegos sus ojos para el rapto,

usted no vio lo que veíamos.

Bien, pero en sombras yo sabía,

mirándolo con hurañez,

lo que ahora llega iluminado:

Tener defectos es fatal

y nadie escapa a sus virtudes. (23)

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  1. Cf. Bohemia, 25 de septiembre de 1949, p.78 y 90.
  2. Ibid, p.78
  3. Ibid
  4. Ibid.
  5. Ibid, p.90.
  6. Ibid.
  7. Ibid
  8. Ibid.
  9. Cf. Bohemia, 2 de octubre de 1949, p.77.
  10. Ibid
  11. Ibid
  12. Ibid.
  13. Ibid
  14. Ibid
  15. Jorge Mañach :”Reacciones de un diálogo...”, Bohemia, 16 de octubre de 1949, p.63.
  16. Ibid
  17. Ibid, p.107.
  18. Jorge Mañach :”Final sobre la comunicación poética”, Bohemia, 23 octubre, 1949, p.56.
  19. Ibid
  20. Ibid, p.113.
  21. Ibid
  22. Rafael Rojas :”Mañach o el desmontaje intelectual de una república”. En : Gaceta de Cuba, no.4, 1994, p.9.
  23. Cintio Vitier :”Jorge Mañach”. En : Gaceta de Cuba, no.4, 1994, p.10.

2 comments:

Anonymous said...

Muy bueno Lugareño, felicidades.

un abrazo

Eduardo Mesa

Ernesto G. said...

Gracias por esta nueva seccion de tu blog. Mis felicitaciones por el buen trabajo que estas haciendo. Saludos.

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