Monday, November 11, 2019

Un poema de Félix Luis Viera

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.     


Poema 55 de La patria es una naranja



55


Yaxkin Ramos se lamenta por Alejandro Reyes. A esa mujer de carnes amplias, de interminables honduras, a esa mujer con pretensiones de convoy, a esa dama abundante como los océanos, tú la penetrabas como aquel que penetra al sinfín multiplicado. Ancha, sólida, voluminosa era, y tú le ibas a ella como si se te fuera todo el cuero en cada lance. Alejandro Reyes –te decías–, qué infinitud guardan estas carnes y, sin embargo, qué estrechez interior, qué funda justa para mis ansias. Silvia era su nombre, y tú en las noches la llamabas: “Silvia, dame otra vez un poco de tus cremas más profundas; Silvia, que otra vez tus aguas vuelvan a lavarme por entero; que tus senos, inmensos como las montañas de mi niñez, vuelvan a tallar mis ojos; Silvia querida, excesos de exteriores, interiores de acero, deja caer todas tus tierras dentro de mí, que aún la noche sigue fría”. Alejandro Reyes –te decías–, ¿cómo habrá sido posible que tantas densidades confluyan en los muslos de Silvia? Y la llamabas: “Silvia querida, sueño con sismos debajo de la cama, sueño que varios volcanes me tragan y que una multitud de jarras cae desde los cielos, y yo estoy solo en una calle por donde nadie pasa: es tu ausencia, necesito que despiertes y te vuelvas a trepar sobre mí; si me duermo estoy solo, si no estoy contigo estoy solo”. Alejandro Reyes, qué solidez, qué ánimos de galeón los de Silvia, qué valles desbordados de esencias vaginales; qué talla: ocho mujeres en sí abarca Silvia. Rema, rema en las tardes Alejandro Reyes, Silvia es un lago cuya orilla contraria no se avista y tú la vas remando hasta que los remos se te astillan y aún no has llegado a su último desembarcadero. Cómo la penetrabas, Alejandro Reyes; qué fogatas, qué multilatidos había allá dentro; cómo tu sexo se calcinaba en aquella centrosfera; cómo al fin se deshojaba tu erección en esa flama. Qué muchachito eras recorriendo las llanuras de Silvia en verano. Cuán arropado te sentías sumergido entre sus senos en las noches de invierno. Qué enorme mujer; daba la impresión de que las estepas le quedaban chicas. Qué niñito te sentías, Alejandro Reyes, cuando las nalgas de Silvia te daban el sentido del Norte en esas noches en que dormían juntos. Tú la llamabas: “Ven, Silvia, déjame pasear otra vez en tu carrusel, dame los mismos caramelos, otra vez la pelota rojiazul y el carrito rojo; quiero jugar de nuevo a que estamos empezando”. Tú despertabas, Alejandro Reyes, y no sabías qué hacer si la enormidad de Silvia no estaba a tu lado. Ah, qué falta de calor, qué sobra de ausencia. Ah, el mundo se te ha quedado demasiado chico, Alejandro Reyes. Son diminutas las voces y los elefantes y microscópicos los edificios e invisibles los perros. Tú eres una mancha incolora en busca de Silvia, quien ya está más allá, más allá, más allá, en donde ya no podrás alcanzarla. Nunca. Nunca más.




55


Yaxkin Ramos si lamenta per Alejandro Reyes. Una donna dalle carni ampie, di interminabili profondità, una donna con ambizioni di convoglio, una dama abbondante come gli oceani, tu penetravi come colui che penetra un’incredibile infinità. Larga, solida, voluminosa era, e tu andavi da lei come se ti uscisse fuori tutta la pelle in ogni frangente. Alejandro Reyes - pensavi -, che infinito conservano queste carni e, malgrado ciò, che strettezza interiore, che fodera a misura delle mie ansie. Silvia era il suo nome, e tu nelle notti la chiamavi: “Silvia, dammi un’altra volta un poco delle tue creme più profonde; Silvia, che un’altra volta le tue acque tornino a lavarmi per intero; che i tuoi seni, immensi come le montagne della mia fanciullezza, tornino a scolpire i miei occhi; Silvia cara, realtà di eccessi, interiora d’acciaio, lascia cadere tutte le tue terre dentro di me, che ancora la notte è fredda”. Alejandro Reyes - pensavi - , come sarà stato possibile che tante densità confluissero nelle cosce di Silvia? E la chiamavi: “Silvia cara, sogno scosse di terremoto sotto il letto, sogno che diversi vulcani mi inghiottano e che una moltitudine di brocche cada dai cieli, e sono solo in una strada dove non passa nessuno: è la tua assenza, ho bisogno che ti svegli e che torni ad arrampicarti su di me; se mi addormento sono solo, se non sono con te sono solo”. Alejandro Reyes, che solidità, che animo da galeone quello di Silvia, che valli straripanti di essenze vaginali; che taglia: otto donne al suo interno contiene Silvia. Rema, rema nelle sere Alejandro Reyes, Silvia è un lago le cui sponde opposte non si vedono e tu vai remando fino a quando i remi si scheggiano e ancora non sei arrivato al suo ultimo imbarcadero. Come la penetravi, Alejandro Reyes; che fuochi, che infinite possibilità aveva là dentro; come il tuo sesso si bruciava in quella centrosfera; come alla fine cadeva la tua erezione nella fiamma. Che ragazzino eri mentre rincorrevi le pianure di Silvia in estate. Come ti sentivi protetto mentre eri immerso nei suoi seni nelle notti d’inverno. Che donna enorme; dava l’impressione che per lei le steppe fossero piccole. Che bambino ti sentivi, Alejandro Reyes, quando le natiche di Silvia ti indicavano il Nord durante le notti in cui dormivate insieme. Tu la chiamavi: “Vieni, Silvia, lasciami passare un’altra volta nella tua giostra, dammi le stesse caramelle, un’altra volta la palla rossa e azzurra e il carrettino rosso; voglio giocare di nuovo a quel che stiamo cominciando”. Ti svegliavi, Alejandro Reyes, e non sapevi che fare se le enormità di Silvia non erano al tuo fianco. Ah, che mancanza di calore, che grande vuoto intorno. Ah, il mondo è diventato per te troppo piccolo, Alejandro Reyes. Sono diminuite le voci e gli elefanti, sono diventati microscopici gli edifici e invisibili i cani. Tu eri una macchia incolore in cerca di Silvia, che adesso si trova più oltre, più oltre, più oltre, dove non potrai più raggiungerla. Mai. Mai più.



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Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado ocho poemarios; tres libros de cuento; siete novelas y dos novelas cortas.

Entre los premios que recibiera en su país natal, se cuentan el David de Poesía, en 1976; el Premio Nacional de Novela, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, galardón que ya le había sido otorgado a este autor, en 1983, por su libro de cuento En el nombre del hijo.

Su poemario La patria es una naranja, que aborda el tema del exilio a la par que incursiona en la realidad mexicana, ha tenido una buena acogida de crítica y público y recibió en Italia el Premio Latina in Versi en 2013.

Es ciudadano mexicano por naturalización.
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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960.

Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros.

Cuenta en su haber con una amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari.
Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.

Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.



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