Saturday, September 14, 2019

Una anécdota de Mons. Juan García, nuevo cardenal cubano (por Clemente Morgado)


Por estos días circulan en las redes sociales, historias y anécdotas sobre la vida y obra pastoral del arzobispo de La Habana, monseñor Juan de la Caridad García Rodríguez, nacido en Camaguey el 11 de junio de 1948 quien ya partió al Vaticano para ser consagrado como cardenal. Quiero aportar mi granito de arena a este saber colectivo recordando un pasaje de su vida.

Conocí a su Eminencia a principios de los años 90 cuando era el Padre Juanito, párroco del poblado de Florida, Camagüey; por razón de unos trámites judiciales que realicé en mi condición de abogado. Con el tiempo me adentré en la fraternidad masónica y en la iglesia católica, nutriéndome de valiosas enseñanzas que enriquecieron mi vida. Así las cosas en el año 2003 fui electo por mi madre logia, la entonces Respetable y Meritoria Logia Hijos del Tínima, de la Gran Logia de Cuba de Antiguos, Libres y Aceptados Masones, como maestro de logia o venerable maestro, apelativo por el cual se designa la investidura. Dentro de mi programa de gobierno incluí realizar sesiones públicas o ¨tenidas blancas¨, en las cuales invitaría a personalidades de las ciencias, las artes, las letras, etc. Para realizar conferencias públicas que contribuyeran a la formación cultural y humana de todos los asistentes.

Luego de tomar posesión del cargo le di cumplimiento al programa de gobierno y en el mes de mayo de ese año 2003, invité al destacado escritor Roberto Méndez Martínez a impartir una conferencia sobre la vida y obra del Padre Valencia, un destacado sacerdote, que realizó numerosas obras benéficas y de piedad por varias partes del mundo, hasta que residió y murió en la antigua Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey, en la primera mitad del siglo XIX. Consulté con los miembros del del taller masónico la posibilidad de invitar a los prelados católicos del territorio a la tenida blanca, recibiendo la aprobación de la logia. Las logias son también escuelas de democracia. Invité a monseñor Juan, entonces Arzobispo de Camagüey y al Padre Ernesto Pacheco, entonces vicario de la Arquidiócesis. Existía la duda si aceptarían la invitación por los problemas que de antaño existieron entre la iglesia y la masonería, muchas veces enfrentadas entre sí. Tampoco había un precedente anterior de visitas de dignatarios católicos a la masonería local.

Finalmente llegó el día indicado, creo fue el último martes de mayo por la noche, en el templo masónico en Masvidal No 1, esquina a General Gómez en Camagüey; pronto se llenó de masones y sus familiares. Puntualmente llegaron Roberto Méndez, monseñor Juan y el Padre Pacheco. Recuerdo que monseñor se sentó a mi derecha y Pacheco a mi izquierda en el oriente de la logia, el sitio preferencial de la misma. Méndez se puso de pie y desarrolló una brillante conferencia sobre el Padre Valencia, destacando anécdotas que reflejaban su carácter misionero. Baste recordar que el Padre Valencia legó al Camagüey, valiosas obras como el leprosorio de San Lázaro, la iglesia del Carmen con los aledaños hospital de mujeres y escuela para niños pobres, así como el puente del arroyo de Santa Bárbara. Este puente lo comenzó a construir el Padre Valencia sólo con sus propias manos porque no encontró inicialmente apoyo para la obra y por la fuerza de su ejemplo, se fueron sumando principeños hasta que el puente quedó totalmente terminado. Se trata de un puente de un arco construido de ladrillos que ya cumplió mas de 200 años y continúa siendo objeto de tránsito hasta de equipos pesados.

Cuando Méndez terminó la conferencia, recibió un fuerte aplauso y los presentes realizaron al expositor algunas preguntas. Finalmente monseñor Juan, se puso de pie y repartió algunas oraciones impresas al Padre Valencia e invitó a los presentes a acompañarlo en la lectura de la oración, que ahora no la tengo en mi mano, pero recuerdo que invitaba a construir puentes en el corazón de los hombres, entre hombres de opiniones e ideologías distintas. Todos los presentes secundaron a monseñor y desde entonces quedó establecido un puente entre la iglesia y la masonería en Camagüey. Comprendí que además de su vocación misionera, monseñor Juan tenía un peculiar carisma ecuménico para tender puentes entre hombres separados por diversas razones o prejuicios.

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