Monday, August 19, 2019

María del Carmen Ares Marrero, de la estirpe que cruza la ordalía (por Manuel Vázquez Portal)


María del Carmen Ares Marrero vive en la lengua de Goethe, aunque su lengua materna es la de la Ma Teodora. Frente a ella Fausto se deja engatusar por Mefistófeles. Ve miles de almas compradas y vendidas. Día a día, Berlín le entra por los ojos. Le muestra que es ario y multicultural a la vez. Es su paisaje y su recinto, aunque, sus muertos no yacen aquí.

Soledad a soledad, Cuba le entra por el corazón. La morriña, animal sibilino, algunas veces, le entona nanas de su infancia, o le trae de vuelta un besos adolescente que dejó escondido entre los almácigos del Bosque de La Habana. Es su ensoñación y su calvario. Anda con un alma dividida, como si le hubieran prestado una casa para pernoctar, y le hubieran robado la casa de soñar, desconsuelo, /de la niña /que fui,/de la que aún llevo/desesperada, triste/en su cobija de lágrimas.

Ella ha devenido niebla europea y luz del Caribe, “todo mezclado”. Aparente sosiego exterior y real fuego interno. Fríos norteños y sudores del trópico. Mixtura de ensoñaciones y nostalgias. Pero, desgarradoramente, amor en cada latitud.

Cuando se espanta de todo el enajenante ajetreo cotidiano, de las normas, las regulaciones, el encarrilamiento, después de “ganado el pan” se refugia en la poesía, sin márgenes ni bridas, y la escribe en la lengua de Martí. Encumbrada, restallante, dolorosa. Profundamente hispana y habanera. Profundamente Ares.

Acuariana, como el Apóstol, es una heroína romántica. Sufre pero batalla. Padece pero no se rinde. Se despedaza pero se reconstruye. “Trémula y sola padece/ los anocheceres” pero no permite que la congoja la acogote, sale a encontrarse con la belleza, la encuentra, y la disfruta, y la comparte. Porque la belleza sana, y ella lo sabe. Aunque no hayamos podido quitar “el banderón de la acera”
Me desnudé
por no ahogarme en secretos
para despojarme de encorvamientos
hechos de materia imperfecta,
de sueños
de luctuosa niñez
me desnudé para no mentir,
para reclamar mi derecho
a destruir cánones impuestos
obsoleta raíz
Es una poetisa aflictiva, lacerante. Parece sangrar cuando escribe. Le va la vida en ello. No pinta con colores cómodos. Hay ardor, centelleo en cada trazo. Pero su dolor no es quejoso, sino embellecedor, deslumbrante, aleccionador. Quizás por eso no es una escribiente de poses todo el tiempo. Quien es escribidor las 24 horas no tiene tiempo para vivir, y, entonces, ¿de qué coño escribe?

El poeta genuino vive, y de esa vida es que le nace la poesía. El reto está en marchar; la belleza, en el reflejo honesto de esa marcha. Y María del Carmen Ares Marrero es de la estirpe que cruza la ordalía, no de aquella que la imagina, o la inventa, para simular desgarrones. Ella deja el pellejo y los tuétanos en las lanzas, los garfios, las espadas. Ella cae en el fango, en el estercolero, y, sin infectarse con la estulticia, se levanta y continúa. Ella sube lo escarpado, lo inhóspito, lo abrupto; se despeña y recomienza. Aspira y consigue lo elevado.

Luego, luego se prepara para la próxima arremetida de los azares y las trampas, y, si el tiempo alcanza, atrapa en versos “el cesto de llamas” que es la memoria. No va por la vida con una pancarta en la que diga: “admiradme, soy poeta”. Va por los amaneceres y los crepúsculos gozándolos, sufriéndolos, pero nunca evadiéndolos con versillos intoxicados de lentejuelas. Ella pare las emociones con la misma mezcla de dulzura y dolor con que parió, y educó soltera, a sus dos hijos. Es auténtica como una caricia o como una lágrima que el universo cuenta para que mane la hermosura.
Cuba es un espectro con traje de rey bueno
que cuenta historias de azares y Epos,
avezado carcelero que custodia barrotes
donde la herida florece para adornar el intento
de una mariposa de nieve que sobrevuela el vértigo
luego me posee tanto como el viento. 
Me vuelvo experta en el Arte de morir
Su poesía no se viste con la pacotilla de moda; se engalana con el bullir tropeloso de su espíritu rebelde. Lo exterior es válido en tanto que se torna sentimiento de regocijo o de rabia o de esperanza. No va cotejando versos lustrosos ni cazando metáforas deslumbrantes. Es tierna y ríspida a un tiempo, beso y cachetada, pero siempre honesta, sobre todo, consigo misma. Demasiado engaño en el mundo para engañar a otros o a sí. Ese es el pilar fundamental de su poética.

Sinceridad en el vivir y sinceridad en el escribir. Su verso es dramático. Como el teatro que ama. Porque sobre todas las cosas Ares Marrero es una actriz y una teatróloga. El pan lo gana actuando (en el doble significado del término), dirigiendo teatro y cine, impartiendo lecciones y talleres, enfrentando una realidad, a veces, agobiante.

Pertenece a esa generación que tiene en la mirada una sensación de descalabro y liberación al unísono. Sensación como de desencanto infantil dejada por la explosión del globo utópico y la supuesta caída de los muros. Soñó y despertó. Queda la resaca. Y eso la hace saber que no hay sistema político-social que resuelva la catástrofe interior del ser humano. Que la vastedad del universo y la nimiedad que somos, cargados de preguntas sin respuesta, sigue siendo el mar donde, como náufragos, continuamos braceando. No hay certidumbres ni caminos. En cada elección solo ganamos una renuncia. Porque la felicidad consiste precisamente en creernos caminantes con un destino, una última estación a la que hemos de llegar con el alma en carne viva.

Su libro (inédito aún) Berlinario es la bitácora de su viaje. En él deja testimonio de sus apegos y sus sustos, de sus exultaciones y sus pérdidas, sus culpas y sus exorcismos. No fue a sitios exóticos a montear historias ni personajes. Cuenta la de ella, que es, en fin, la de todos, porque aquello que más uno nos hace es ser todos, sin querer y sin poder evitarlo.

Y como siempre, aquí, los poemas de Ares Marrero.


Cuba
(Del libro Berlinario)


Cuba se me aparece sólo en sueños.

Lejana, intangible,
en la cómoda del cuarto,
en el espejo
oleaje de melena larga
desconsuelo,
de la niña que fui,
de la que aún llevo
desesperada, triste
en su cobija de lágrimas.

Aullido feroz de realidad el sueño!

Cuba entra en mis recintos
sólo cuando duermo
me abrasa, me esclaviza,
me aparta de mí, de cualquier dueño
Cuba se aposenta en mi garganta
y sólo expiran ruegos
entre amargos sonidos de lenguas de hielo

Hay días que despierto
ahogada en la llaga abierta de costado a costado
que nunca cierra, que arde en el cuerpo
donde el olvido se tiñe de diminutos férreos
reflectores que se ensanchan
y todo vuelve al comienzo

Cuba se apodera de mí, de todo cuanto tengo
que no es nada; NADA sólo memoria sin huesos...

A veces quisiera volver,
desenterrar cimientos,
repasar historias de amantes sin techo
pero sigo colgada de esta parálisis
columna rota de aspiraciones y tedio

Ay! si algún día pudiera destilar el veneno
de aquella isla inundada de mar
de mis adentros
sitiada de nudos que golpean
el resplandor de paz que intento.

Ay! Si algún día dejara de embestir
la dentellada del Adiós en cada hoy,
en cada verso

Cuba es un espectro con traje de rey bueno
que cuenta historias de azares y Epos,
avezado carcelero que custodia barrotes
donde la herida florece para adornar el intento
de una mariposa de nieve que sobrevuela el vértigo
luego me posee tanto como el viento.

Me vuelvo experta en el Arte de morir
cruento ijar despiadado es el tiempo...
adorna el pelo blanco enlazado al deseo
de levitar en libertad
plata sin más Dios que la sed de cicatrizar
monólogo del aprender a AMAR
Cuba es mi templo.


En la burbuja

Enferma sin poder
ver sin percibir
tendía a confundir
el ritual del látigo
con el fluir
la dependencia emocional
con el sentir
el fino y acompasado acto de destruir
con el de amar…
creía poder interpretar
acciones enérgicas del alma
cuando solo era obligar al prójimo a venerar
mi arte truculento de fingir
saludar mi estandarte de sufrir
sello enrevesado
hasta que pude romper la burbuja.
Reconstruir lo que estaba destrozado.


Mi purga
(poema viejo a mi padre)

El verano languidece con su avidez casi humana
con él, el fuego de una vieja llama
el verano quiere barrer mis vicios, que se afanan
verano, arráncame los ojos
vuélveme beduino enloquecido en este desierto de alhajas
por qué no me dejaste morir
ninguna vez en mis intentos
Por qué vuelvo a perseguir este Fata Morgana!

Destierra la sólida ausencia, pugna de nombre sin presencia
la tarde me lanza otra vez a los laberintos de mi insensatez
en un rincón de una fotografía quedó sentada mi niñez
rumiando el eco del gancho del patio,
Calabazar de La Habana Saavedra sin su Sancho.
Llévate verano de una vez al héroe de mis tristes llamadas!
quiero olvidar al pueblo hundido en un sartén,
el pedazo de su pan con salsa.

No quiero pisar mis viejos pasos
quiero vaciarme de todos los ocasos
AMAR, si no a Dios, al menos a mí en la desmesura
sellar el antes, el después, sobre mi cuna, sin lazos
la muerte de mi niñez porque me faltó tu abrazo
Quería recibir una bufanda en cada cumpleaños
ser el nido del conejo que pintaste en la pared

Soy un cuerpo de losa, que te lloró en mil nombres
he cargado en las entrañas el dolor del Orbe
tu mitología venció mi bola de cristal,
tuve que llamar padre a otro hombre,
mis sábanas ajadas se volvieron de metal
niña mansa inerte, que se puso a orar
bajo una ducha pálida y de un tirón apuró mil cápsulas
guardadas en un botiquín buscando el cielo,
la nada, tu amor, con antenas destrozadas
décadas guardados en un cajón a la orilla de tu aldaba.

Hoy te reencuentro y me dices que nunca me quisiste.
El puño de la aldaba golpea otra vez sobre mi suelo
impalpable de tanta polución del deseo
el aquí y el allá de mi no infancia ha quedado lejos
el esto y el aquello irreparable en los telares del lenguaje
Tedeca la fábrica la historia de mi abuela
Saavedra y Cervantes, uñas y colmillos
en el pozo solitario del destierro, sin anillos
rodeada de sonámbulos espejos
tus razones han cobrado la forma de un cuchillo
ya no hay conejo
vacío el escaparate hirsuto de odios a tu nombre
de objetos
sentado en el trono de mi propio nombre
en el subsuelo de la tradición crece la rabia
nueva vegetación, el hongo sin fin en el zócalo impune,
plagado de respuestas inexistentes.
Pronto pondré punto final a este desastre!



Evanescencia (I)

Entre la vergüenza y el deseo
cayeron todos los velos
en un acto desmesurado
por desnudarme ante Dios
intento supremo por purgar mis miedos

Entre el placer y el dolor
burlé las muecas apostadas
dentro del espejo
contemplé a Budha extendido
rojo cangrejo
sentí el dolor antiguo…
eterno
del epitafio en cada puerta
idea fija de perforar los cuentos

Me desnudé
por no ahogarme en un torrente de secretos
para despojarme de reminiscencias encorvadas
hechas de la materia imperfecta de mi niñez…

para no mentir,
para reclamar mi derecho
para destruir mi propio ardid
mis cánones obsoletos
para desgarrarme y perdonarme a mí
a los autores perecederos…
para despedir al búho país
desconocido redomado macilento
para no sembrar más árboles en el desierto
para despedir el daño que infligí
al más sagrado de los templos

He vuelto para desgarrar mis velos
decir a ese culto viejo, adiós!
a la plegaria Soledad
a entender y perdonarme
devolver el latido
al estanque de mis versos
al ojo de confinar a la bestia enrevesada
que taladra mis piernas,
mi cerebro
dejar el castillo perpetuo
de la inconsciencia, la autocompasión
donde el rumbo se torció
salir del laberinto, de sus ecos
del placer de beber la sangre
de mis sesos
He vuelto

Paseo por dentro de mí misma
entro y salgo
con la humildad de la mariposa
con su serpenteo
entre colores, claridades
y escarceo
sostengo el hilo que me ata
a un único minuto
el de practicar el amor
que olvidé tantas veces
que no supo sembrar el jardinero

Me declaro capaz de bailar
sobre la cuerda floja de mis sentimientos
con los ojos vendados,
caerme y regresar al centro de la Tierra
que es como volver al centro de mi misma
volar en las alfombras de Eros
sin timonel y sin presagios
tomar las riendas
de todos mis corceles desbocados…
escalar los Pirineos de la desdicha
remontar otra vez el vuelo

Me declaro, en fin,
capaz de dar y recibir
aquello que tengo
Estoy aprendiendo
a creer en mis dedos...

Entre el hacer y el no hacer
dime espejo mágico,
con qué me quedo?

Berlín soleado… 17 de agosto. 2013


Conversación I
(con un árbol seco en Primavera)

Sale el sol. No es una metáfora…
Berlín invadido, contento
luz primaveral;
frente a la ventana
un árbol seco...

Tal vez reverdece,
cierro las cortinas
miente el sol
Yo también miento.

Mentimos. En plural el verbo.

Miento cuando digo libertad
soy un árbol con raíz al viento
y me creo el adalid de esa única verdad
pena de piedra que arde sin matiz…
heraldo negligente
por los siglos de los siglos
no hay amén que me contente.

Miento como mienten los dioses
con congruencia senil
bienvenida la condena
de verdades y cimientes:
somos similares...
somos diferentes...

Fui expulsada de todos los Paraísos
Virgen María, Virgen del Carmen
bienvenida al Purgatorio latente:
vivir en las fauces abrumadas de la gente.
O al menos, eso creo yo.
Pienso, luego soy vulnerable
a esta espuma gris, irreverente.
al hambre insaciable
a la sed descomunal
de la gente
de las riberas turbias
condenada a llorar,
a no reír
soy igual a los demás.

Añoro el mar
oceánica ansiedad de mendigo
no voy a conjugar el verbo
Todos saben que mentimos!
en plural y en singular
Mienten los árboles como mienten los amigos…

Con su arte infalible miente el reloj
el pinchazo que me desfloró
el vuelo del zorzal
el no saber vivir
ni contigo ni conmigo.

En un instante nació la herida,
compartida con la violencia brutal
de no haber sido bienvenida
se perpetúa en mi lengua natal
y en la yoruba
en todas las lenguas en que conocí la humillación

Vientre morado que se abrió
por la sutura débil, del adiós a Cuba
nueve piedras en el tronco visceral de la cordura
una gala, en alemán podrida dura
el horno de aprendiz
fruto de un alma que supura.

Ya no ofrezco perlas ni palabras
el tormento nacarado del recuerdo
La buena fe de las lágrimas que abarrotan mis ojos
para que pueda sentir el mar
deploro lo difícil en mí...
Será que soy espejo?
melodía triste de ese árbol viejo
asusta al que se acerca
y se marcha luego del convite
sin reserva.

Destierro bendito… nacimiento eterno
coronado por la dádiva
regalo de invierno
el árbol de la ventana miente

Vacío se quedó mi templo
sólo hay un pedestal para el falo de un obrero
golpea en el metal de mis entrañas sin fuego.
Nada se puede hacer contra el ADN

De palabras triunfales están repletos los espejos
ritos corales, la vastedad de la oración
tan descomunal como la violencia
vine a succionar tanta indecencia
a debatir sobre el tallo de la mentira

Que suene entre mis paredes
el fragor de la lápida.
mi soledad de cangrejo,
que arruina la salud y me da vida.
Bienvenido el crítico
como a Susskind
Me hace infalible verle tranquilo y feliz.

BERLIN. Marzo 28, 2017


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María del Carmen Ares Marrero, La Habana, 1962. Es licenciada en Artes Escénicas con especialidad en Teatrología y Dramaturgia. Estudió dirección de Teatro y Cine en Moscú. Vive en Alemania desde 1993. Ha escrito poesía y teatro. Su poemario Berlinario aún permanece inédito. Desde la década de los 80s, poemas suyos han sido publicados en varias revistas culturales.

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