Saturday, August 24, 2019

Gala de danza moderna y contemporánea del XXIV Festival Internacional de Ballet de Miami (por Baltasar Santiago)


Como un muy innovador precedente en el recién finalizado XXIV Festival Internacional de Ballet de Miami, el programa preparado por el Maestro Eriberto Jiménez, director artístico del magno evento dancístico, para la Gala moderna y contemporánea del Festival, se presentó en dos partes, el viernes 9 de agosto de 2019, en dos espacios al aire libre del Condado Miami Dade: en Lincoln Road Mall, de Miami Beach, y en Wynwood Walls, del Distrito del Arte de la ciudad de Miami, totalmente sin costo para los espectadores- transeúntes.

La ya tradicional y esperada inclusión de esta Gala de danza moderna y contemporánea dentro de la programación de esta prestigiosa fiesta del ballet y la danza en los Estados Unidos, es uno de sus más grandes logros, pues su fundador, el maestro Pedro Pablo Peña (E.P.D), desde sus inicios, tuvo el gran cierto de convocar a las compañías y bailarines que apuestan por proposiciones más innovadoras, para que el público miamense no se viera limitado solo a ver el repertorio más clásico y tradicional.

Miami Arts Charter School Wynwood, el sábado 10 de agosto, y el domingo 11, el Amaturo Broward Center for the Performing Arts, fueron los nuevos escenarios, ya bajo techo, más convencionales, donde se volvió a ofrecer esta atractiva gala.

La función del sábado 10 de agosto en el teatro de la Miami Arts Charter School Wynwood comenzó con Run on the Night, música y coreografía del multifacético Octavio de la Roza; interpretado por Camilla Colella y el propio Octavio, también director artístico de la compañía que lleva su nombre.

En conversación con Octavio, este me refirió que está abordando varias manifestaciones artísticas diferentes en sus espectáculos, y este Run on the Night es una muy buena muestra de ello, pues Octavio toca la guitarra, canta y luego baila con Camilla, y la música también es “fruto de su inspiración”, como se decía antaño.

Le siguió Naboria Daca, por el Ballet Nacional Dominicano (director artístico Armando González), con música de Juan Luis Guerra y coreografía de Carlos Veitía; interpretado por un Maykel Acosta muy bien entrenado y en forma, y luego Bossa Nossa I, “un homenaje a la ciudad de Río de Janeiro”, por la Compañía Nos da Danca, de Brasil, con coreografía de Regina Sauer (directora artística), diseño de luces de Nando Pereira; una composición grupal mixta, que comenzó como si fueran marionetas (sin hilos), para luego realizar interesantes transiciones a dúo, tanto hombre/mujer como mujer/mujer y hombre/hombre, estos dos últimos acostados en el piso, primero boca abajo, luego hacia arriba, y rotando; en fin, una dinámica muy bien respaldada por la cambiante música, desde la Garota de Ipanema y las Sambas de Bencao y de Uma Nota So, hasta Chega de Saudade, “un tributo al padre del Bossa Nova, Joao Gilberto, recientemente fallecido”, según reza en el programa de mano.

Maykel Acosta en Naboria Daca
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Bossa Nossa I, “un homenaje a la ciudad de Río de Janeiro”, 
por la Compañía Nos da Danca, de Brasil.
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A piel desnuda, por el Ballet Nacional Dominicano, con música de Rakim (Dead can dance), coreografiado e interpretado por Joel Rodríguez, fue la segunda oferta de la noche de esta compañía caribeña.

Joel, un bailarín negro que muy bien pudiera modelar en las pasarelas europeas de más alto rango, salió a escena con su bien esculpido torso desnudo y una larga saya azul, de la que se despojó prontamente para quedarse solo con una perturbadora trusa o malla color carne, dentro de la cual ejecutó un solo técnica y visualmente avasallador.

El pas de deux Omaggio a Edith (Homenaje a Edith) fue la carta de presentación en esta gala de la Lyric Dance Company de Italia (director artístico Alberto Canesto), interpretado por Benedetta Pollini, Reika Vigilucci, Leandro Salvischiani y Nicola Giannelini, con música de Federico Chopin y coreografía del propio Alberto Canesto; una muy pulida entrega de estos dotados bailarines, musicales y precisos, y totalmente sincronizados cuando la coreografía lo requería, a quienes ya habíamos tenido el privilegio de disfrutar en anteriores festivales, caracterizados por la belleza de sus movimientos y su pasión por la danza.

Tras el breve intermedio, regresaron Octavio de la Roza y Camilla Colella para interpretar Tangocho, otra coreografía de Octavio, con música también de su autoría, con la que De la Roza ratificó su compromiso con la integralidad del arte, pues volvió a tocar la guitarra además de bailar con su compañera, por cierto que en esta ocasión con un vestuario sicodélico muy años setenta. Por si quedaran dudas de que es un homenaje a la capital argentina, se escuchó un texto en español diciendo “Buenos Aires…, de la Plaza, de la gente”, lo que le añadió un sugerente tinte nostálgico a su grata presentación.

Octavio de la Roza y Camilla Colella en Tangocho
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La Lyric Dance Company de Italia volvió a escena, esta vez con Frida, Kaus Dentro, coreografía de Alberto Canesto y música de Gabriel Fauré, de nuevo interpretado por Benedetta Pollini, Reika Vigilucci, Leandro Salvischiani y Nicola Giannelini.

Benedetta y Reika, de espaldas, con moños blancos en la cabeza, evocando de seguro a la mítica Frida Khalo, dieron inicio al espectáculo, para ser “desvestidas” luego por sus partenaires Leandro y Nicola, quienes “jugaron” literalmente con ellas hasta dejarlas solas en escena, tomadas de la mano. Un “ti amo” y un “il mare” quedaron flotando en el escenario.

Benedetta Pollini, Reika Vigilucci, Leandro Salvischiani
 y Nicola Giannelini
 en Frida, Kaus Dentro
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Para no ser menos, la troupé brasileña de la Compañía Nos da Danca retornó también al ruedo para presentar Bossa Nossa II, coreografíado igualmente por Regina Sauer y, como banda sonora, un collage musical de hermosos y conocidos temas de la autoría de Chico Buarque, Vinicius de Moraes y Tom Jobim, entre otros.

El escenario se transformó, por obra y gracia de estos dotados –y a la vez desenfadados– bailarines brasileños, en una suerte de Playa de Copacabana, con la aparición de dos hombres que desplegaron una gran tela blanca, y de cuatro mujeres en trajes de baño, que enseguida extendieron coquetamente sobre “la arena” sus toallas playeras (solo faltaron las sandalias Havaianas, ese sensual aporte carioca al mundo, calzadas por unas y otros, para sentir la brisa del mar en nuestros asientos). Hubo de todo, tanto movimientos muy sensuales como pasos de bailes populares (como la emblemática samba), hasta una especie de reguetón brasileño, que de “la playa” del inicio nos trasladaron a una concurrida calle en movimiento, pues todos se transformaron en dinámicos transeúntes bailando samba para Miami y para el mundo.

Y como tampoco los dominicanos se iban a quedar tranquilos si no salían a escena otra vez, María Valeria Melogno, Maykel Acosta y Joel Rodríguez, del Ballet Nacional de ese hermano país, fueron los encargados de hacerlo, con Una vida, dos vidas, una atrevida coreografía de Pablo Pérez –casi un menage a trois dancístico–, con música de Yann Tierseu, donde lo que se sugiere es mucho más rico que lo que se ve; y se vio mucho, por cierto, desde el innegable virtuosismo de los tres, hasta la sensualidad de su vestuario: ella de rojo, elegante y preciosa, y ellos dos con esas camisas negras de brillo, abiertas, para mostrar también su belleza masculina.

Maykel Acosta María, Joel Rodríguez y Valeria Melogno, 
en Una vida, dos vidas.
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Como ya dije en mi pasada reseña de esta misma gala en el año 2018: “Agradezco esta formidable posibilidad de “airear” los sentidos viendo propuestas diferentes, así que una felicitación para todos los participantes y para el director del Festival, el maestro Eriberto Jiménez”.


Baltasar Santiago Martín
Hialeah, 22 de agosto de 2019

Fotos: Emilio Héctor Rodríguez (derechos reservados; cortesía del autor)

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