Friday, July 19, 2019

“El Bululú. Antología Endiablada”...una oda al buen actor (por Wilfredo A. Ramos Vázquez)


Dentro de la programación de este XXXV Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, en su segunda semana, llega al escenario del On Stage Black Box del Miami Dade County Auditorium, una de las sedes del evento, desde Argentina, la agrupación Teatro Fugaz con el espectáculo unipersonal “El Bululú. Antología Endiablada”, el cual cuenta con dramaturgia y dirección de Leticia González de Lellis y Ozqui Guzmán, siendo en este último en quien recae la responsabilidad de defenderlo sobre las tablas.


... hagamos un poco de historia.

Es en la España de finales del siglo XVI, específicamente en la región de Galicia, en donde surge esa figura del actor solitario que recorre a pie los pueblos haciendo breves representaciones, interpretando a todos los personajes de las “loas”, “farsas” o “entremeses”, los cuales recibirán el nombre de “bululú”, quienes, se suponen que se inspiraron en la juglaresca medieval italiana y en el teatro renacentista. El propio Francisco de Quevedo hace referencia a ellos como “...los bufones en racimo son los faranduleros miserables de bululú”. Estos actores desarrollaran una técnica muy elemental, dando vida camaleónicamente a su narración y obligar a los espectadores a usar su imaginación. En la actualidad podrían verse reflejados en los cuentacuentos.


... continuamos con la historia, pero no tan lejana.

En el año 1962 llega a Buenos Aires, la Compañía de Teatro Español, con una puesta de “Yerma”, de Federico García Lorca, dirigida por Margarita Xirgu, contando en los roles protagónicos a María Casares y José María Vilches, la cual se presenta en el Teatro Odeón, ocasión que se convertirá en la puesta de entrada y permanencia de este último a la Argentina, estableciéndose definitivamente en este país. Después de una larga y fructífera carrera en el cinte, la televisión y el teatro de esta nación, en el año 1975, Vilches estrena su espectáculo unipersonal “El Bululú”, como una forma de honrar a ese teatro y a ese actor juglaresco español, lo que lo lleva a recorrer todo el territorio argentino durante nueve años, superando las 1,500 representaciones, en donde solamente acudía a una silla, una valija y una flor como elementos escénicos. Vilches falleció en un accidente automovilístico, cuando tan sólo contaba cuarenta y nueve años de edad. De su amor y compromiso con su trabajo, son estas palabras:
“No le tengo miedo a la sala vacía. Me importa tener éxito frente a mi mismo, no traicionarme, actuar para diez personas con las que pueda tener algo en común”.


... algo más de historia muy cercana.

Es en el año 2010 que Ozqui Guzmán se lanza a la travesía de revivir “El Bululú” como espectáculo unipersonal en los escenarios, después de haber acumulado horas durante su formación actoral en el conservatorio, escuchando en un disco de acetato las grabaciones de Vilches, lo que como bien el actor señala, se convirtió en una obsesión para su formación. Tanto es así que comenzó a hacer breves representaciones para sus compañeros de estudios en donde seguía los cánones de este tipo de trabajo, utilizando los temas propios del mismo. De esta manera, de acuerdo con la también actriz y su pareja en la vida real, Leticia Gonzáles, deciden darle vida a este espectáculo, para de esta manera rendirle tributo a un poco olvidado Vilches, el cual ya lleva un poco más de nueve años recorriendo no solo el país, sino además escenarios y festivales internacionales. Es importante destacar que Ozqui aunque es argentino por nacimiento, es de padres bolivianos, lo cual será un elemento que marcará la puesta en escena de “El Bululú”, de manera muy coherente y precisa.


... por fin, el presente!

No podemos negar que ante el anuncio de este espectáculo, estábamos con la incertidumbre de cual sería el resultado del mismo, conociendo algo sobre sus antecedentes históricos y teatrales, amén de tener que enfrentar una nueva vez el trabajo de un actor en solitario en escena, algo que por diversos factores, desde lo práctico hasta lo económico, se ha hecho “demasiado” habitual y que actores de larga y fuerte trayectoria se negaban en el pasado a realizar por temor al mismo. Nuestras reservas y dudas inmediatamente se desvanecieron una vez que el actor salió al escenario y comenzó su trabajo. Vestido con un traje de “diablada”, espectáculo netamente boliviano y entonando temas musicales de ese país andino y cuna de sus predecesores, inicia el andar de este “nuevo bululú”. A través de todo el espectáculo, que muy bien el actor define como una costura de variados retazos, haciendo alusión al trabajo de sus padres y al que él mismo realizaba, se nos van presentando ante nuestros ojos diversos textos del Siglo de Oro español, así como del Romancero Gitano de Lorca o como el excelente trabajo pantomímico que tiene como pretexto una cucaracha. El humor permea casi la totalidad del espectáculo, teniendo en cuenta el origen de los textos, aunque también un momento de introspección y fuerte drama se pasea por la escena con la interpretación de fragmentos del poema lorquiano “Muerte de Antoñito el Camborio”, dicho con toda la fuerza y emoción con que el autor lo concibió. Para el final, el autor nos “engaña” con dos finales, el primero después de volver a vestir su hermoso y lujoso traje de diablada y regresar al principio, recordándonos que el juglar es común a toda la cultura latinoamericana, mientras que el segundo, una vez despojado de su atuendo, regresa frente al auditorium a reclamar “modestamente” una ovación hacia su trabajo...por demás, muy merecida.


Tenemos que detenernos y hablar del magnífico desempeño sobre el escenario de Ozqui Guzmán, ya que estamos frente a un actor con un dominio excepcional de su cuerpo y sus expresiones faciales. Durante todo el espectáculo el actor hace un manejo brillante de sus cadenas de acciones, con tal precisión y rapidez en las mismas, que solo un efectivo entrenamiento anterior pueden permitir. Su cuerpo se mueve con la dinámica y plasticidad del bailarín, con gestos limpios y precisos que serán el soporte exacto de cada texto. Brazos, manos, piernas, pies, torso, cabeza, boca, ojos, tienen asignados su rol y cada uno es portador de la energía y contenido requerido. Sin duda alguna podemos afirmar que el actor habla no solamente con palabras, sino con cada parte de su cuerpo, lo cual queda confirmado con creces en su ya mencionada excelente pantomima de la “desdichada cucaracha”. Si el actor domina a la perfección su cuerpo, lo mismo podemos decir de su voz, la cual alcanzando velocidades y ritmos vertiginosos, puede ser entendida y escuchada perfectamente, teniendo en cuenta el tipo de trabajo al que se enfrenta el actor. Su relación con el público rompe la “cuarta pared’ en todo momento, llevando al espectador a ser su cómplice. Al derroche de técnica actoral, debemos sumarle un evidente sentido de sinceridad y humildad que proyecta este gran actor, lo que convierte su trabajo en un reto muy difícil de superar.


... final.

Cuando asistimos al teatro y tenemos el privilegio de disfrutar espectáculos como este, es que entendemos el nivel de entrega y sacrificio que el mismo conlleva. Largas y extenuantes horas de entrenamiento físico, estudio constante, investigación profunda, experimento de diversas maneras y registros a la hora de enfrentar el estudio de un texto, observar el trabajo de colegas, asimilar críticas inspiradoras, desechar lo no necesario que se ha ido recogiendo por el camino, en fin, todo una serie de importantes elementos que sin ellos no podrá estar completo el trabajo de un buen actor... ah! Amor, mucho amor!


... epílogo necesario.

Demos las gracias a este Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, por darnos la posibilidad una vez al año, de poder enfrentarnos con el acontecer teatral de otras regiones del mundo hispanoparlante, comparar, disfrutar de diversas maneras, estéticas y posiciones ante el hecho teatral, lo cual permite al gremio de esta ciudad ampliar sus horizontes y conocimientos, algo imprescindible para la carrera de todo artista, pero también de darnos cuenta de la gran necesidad de que existan los mecanismos necesarios para que esta posibilidad se mantenga, no decaiga, no merme en cantidad ni en calidad y que permita en algún no muy lejano momento de volver a disfrutar de la fiesta que es un festival teatral en donde la participación local no sea casi simbólica y la extranjera sea mas contundente.

Wilfredo A. Ramos.
Crítico de Teatro y Danza.

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