Saturday, May 4, 2019

Pedro Navaja en la escena de Miami (por Wilfredo A. Ramos Vázquez)

Fotos/FB Teatro Prometeo
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Como parte de la nueva vida de Teatro Prometeo, agrupación perteneciente al Miami Dade College, ahora bajo la dirección artística del puertorriqueño Edgar Eduardo García, se han presentado desde el pasado año una serie de puestas escenas comenzando con “Casa Ajena”, de Lisa Loomer, “Gentefrikation”, de Emilio Rdríguez y ahora subiendo al escenario del Koubek Center Theater, sede de la agrupación, “La Verdadera Historia de Pedro Navaja”, un clásico del teatro latinoamericano, con texto y letras de Pablo Cabrera, música de Pedro Rivera Toledo y basada en la conocida canción del panameño Ruben Blade.


Desde su aparición en los escenarios del Puerto Rico de la década de los 80 del pasado siglo, esta obra ha sido aclamada por público y prensa, manteniéndose en la preferencia de ambos, por ello no es de dudar que ante el anuncio de una nueva puesta en escena se cree gran expectación. Los antecedentes de este texto dramático se trasladan hasta 1728, con el estreno en Londres de la “Opera de los Mendigos” (The Beggar’s Opera), con libreto de John Gay y música probablemente de Johann Christoph Pepusch, siendo estrenada en el Lincoln’s inn Field Theater, un 29 de Enero. Representó una ruptura para la época por su concepción, ya que fue la primera ópera de baladas de sentido satírico que se llevaba a escena, inagurando este género a medio camino entre lo culto y lo popular. Más tarde el director y dramaturgo alemán Bertolt Brecht, retomará el libreto del inglés Gay, reescribiéndolo, para crear “La Opera de los Tres Centavos” (Die Dreigroschenoper), con música de Kurt Weill, fue estrenada el 31 de Agosto de 1928 en el Theater am Schiffbauerdamm de Berlín. Esta puesta se convirtió inmediatamente en un éxito de crítica y taquilla hasta la llegada del nazismo al poder, en que el autor se ve precisado por sus ideas marxistas, de las que la obra era una vocera, a abandonar el país. Ya para ese entonces el texto había sido traducido a 18 idiomas e interpretado más de 10,000 veces en los escenarios de toda Europa.


Es con estos antecedentes que Pablo Cabrera se da a la tarea de retomar la idea original, más lo realizado por Brecht, para traer la historia hacia el continente americano y en especial hasta el Caribe, situando la acción en el Puerto Rico de 1952, con todos los avatares de esos momentos, contando para ello con el apoyo musical del boricua Pedro Rivera Toledo y pidiendo la autorización del conocido compositor Ruben Blades para la utilización de su tema “Pedro Navaja”, el cual se inspira en la canción “Mack the nife”, de Brecht-Weill. Inmediatamente la obra, tal y como había sido con sus antecesoras, se convirtió en un fenómeno de audiencia, siendo la obra de más larga permanencia en escena de la historia teatral del país y convirtiéndose en su carta teatral de presentación en múltiples escenarios de este continente.


Ahora Edgar Eduardo García asume nuevamente la responsabilidad de llevar este texto a la escena, al parecer después de alrededor de 15 años sin que tuviera alguna nueva representación y para ello lo ha hecho desde el seno del muy conocido Teatro Prometeo, institución creada por la actriz, directora y maestra cubana Teresa María Rojas, que rápidamente se convirtió en el único programa en español en Estados Unidos para la formación teatral a nivel universitario y que trajo la posibilidad de que pasaran por sus clases múltiples generaciones de jóvenes que hoy en día forman parte de disimiles proyectos en cine, televisión y teatro a lo largo de todo el país. García ha tenido que enfrentar el reto de todos los teatristas de Miami, de hacer una producción partiendo de la falta de recursos monetarios, teniendo en cuenta que la puesta en escena de “La Verdadera Historia de Pedro Navaja”, como todo teatro musical, requiere de una producción costosa, ya que además del lógico trabajo de escenografía, vestuario, utilería y luces, hay que agregar el de montaje musical para la realización de la misma en vivo y el montaje de canciones y coreografías a los actores, lo que requiere de especialistas en cada uno de esos rubros. Por suerte, cuando hay mucho empeño y voluntad de realizar algo, aparecen las posibilidades y las puertas se van abriendo, siendo de esta manera que Miami puedo disfrutar de una obra que se ha convertido en un clásico del teatro latinoamericano.


Un trabajo como este requiere de un amplio elenco y para ello se realizaron audiciones a las que se presentaron más de 70 aspirantes, aunque tuvimos conocimiento que muchos potenciales actores no se enteraron de dichas audiciones, por lo que consideramos que en otra oportunidad se debe hacer promoción sobre las mismas utilizando la radio y televisión, además del internet. Finalmente quedó seleccionado el elenco, el cual incluyó actores de experiencia y otros más nobeles, los cuales en su totalidad tuvieron que enfrentar una rigurosa preparación para poder realizar el trabajo en un musical, una especialidad teatral que exije mucho del actor y para el cual la mayoría no está preparado o no posee las condiciones para su realización, algo que se pudo apreciar en la escena.


El elenco estuvo encabezado por la talentosa y conocida actriz cubana Beatriz Valdéz, quien posee una larga trayectoria en cine, televisión y teatro, no solo en su país natal, sino también en Venezuela, donde vivió por un largo periodo de tiempo. En su personaje de Diana la Maromera, el que por cierto fue su carta de presentación es escenarios venezolanos, esta actriz hace gala de toda su experiencia sobre las tablas para darnos un personaje bien preparado y que hace galas de todos sus recursos actorales. Si bien la Valdéz no es una actriz con condiciones vocales suficientes para cantar, su interpretación estuvo a la altura de lo que se espera que haga un actor ante estos retos y lo hizo con toda la profesionalidad que la caracteriza. Si algo nos resultó demasiado sobreactuado, fue su importante monólogo, determinante para el desarrollo de la acción dramática, el cual resulta en un tono en exceso falso, en donde faltó ese doble sentimiento de culpa y ambición humana, pero desde una proyección más real. No obstante dicho momento fue sin duda uno de los cumbres del espectáculo y en donde la actriz demostró toda su clase.


Otro de los trabajos a destacar es el del actor y bailarín Pedro Rodríguez, con su personaje de Don Pastor Buenaventura Santos, desde el cual proyecta un trabajo conciso, bien preparado, creando un personaje creíble, que se nos presentó con la apropiada característica de poder bailar en escena un magnífico tango al mismo tiempo que lo cantaba de manera aceptada para su rol y desempeño como actor no cantante. Como contraparte del anterior personaje, Michelle Brava, en su Doña Pura Virgen Mártir de Buenaventura, quien además tuvo la responsabilidad de ser la Directora Vocal del espectáculo, fue una excelente pareja en este duo matrimonial actoral, perfecta en el canto y defendiendo bien su responsabilidad al bailar el tango antes mencionado, hizo un personaje bien trabajado desde lo mas típico y esperado del género.

Otro trabajo que sin duda estuvo a la altura de lo esperado fue el del actor Yuri Rodríguez, más conocido por sus antiguos trabajos de doblaje para filmes, quien en el rol del personaje Don Rafael “Falo” McKenna nos ofreció un cínico inspector de policía, con todas sus características, en un bien concebido personaje.


Karen Martello, joven cantante, tuvo la gran responsabilidad de asumir el difícil personaje de El Lince de la Barandilla, el cual es quien guía toda la acción dramática de la obra, asumiendo el rol de un contador de la historia omnipresente, recordándonos a los antiguos narradores de los orígenes de la historia del teatro. Con este trabajo tuvimos serios problemas, primero porque no nos resultó convincente su labor desde el punto actoral en la escena, su desempeño fue frío, falso, con ausencia total del personaje del malandro y si a eso le sumamos su imagen totalmente andrógina, podemos decir sin duda que su selección no fue la más acertada desde nuestro punto de vista. Al parecer su participación se realizó sobre la base de una muy llevada y traída actual política de género, que no siempre es bien colocada y con la cual debemos ser cuidadosos para no provocar el efecto contrario al deseado.


En cuanto al personaje protagónico de Pedro Navaja, al astuto y picaflor bandido urbano, su desempeño recayó en el joven músico y cantante Manolo Ramos, quien debutara como actor sobre las tablas con este trabajo, al cual trató en todo momento de darle la energía que requería, pero quedándose sin duda por debajo de los requerimientos de tal personaje. A su falta de experiencia escénica como actor, hubo de agregarle su falta de carisma en la introspección del personaje y la falta de una imagen que ofreciera la del verdadero chulo y delincuente. No obstante su trabajo vocal estuvo en el camino requerido por el género, con una excelente interpretación de los números musicales que interpretó.

Respecto al trabajo del resto del elenco, solo nos resta decir que llevaron a cabo un aceptable desempeño ante tan complejo género teatral, algunos hicieron un esfuerzo por cantar pero sus voces no resultaron del todo agradables pues se sintieron sumamente impostadas, otros nos están actos para el baile e incluso resulta algún que otro con pobres condiciones para la actuación...pero no quiero dejar de destacar al actor Karlos Anzalotta, como Chan el Cabro, quien demostró que no hay personaje secundario ni pequeño cuando se trabaja en serio y se disfruta, por ello fue premiado con una muy merecida ovación.

Con respecto a lo espectacular en si, hay que destacar dos números musicales-danzarios en especial, que siempre se llevan las palmas en cualquier montaje que se realice de esta puesta. El primero sin duda el siempre muy bien recibido “La Miseria”, en esta ocasión llevado a un acertado tango interpretado, como anotamos con anterioridad, por Michelle Brava y Pedro Rodríguez, y en segundo lugar “MIra, mira, mira”, el número de conjunto de los delincuentes amigos de Pedro Navaja interpretado y bailados por José Camuy, Mario Dusper, Ojeda, Joel Rod y Karlos Anzalotta, en el que el trabajo de este último se llevó las palmas como dijimos anteriormente.

Del trabajo de puesta en escena, Edgar E. García, su director artístico, trató de resolverlo lo mejor posible, teniendo en cuenta, los pocos recursos materiales con que contaron y el reducido espacio escénico disponible. Generalmente estamos acostumbrados a ver grandes producciones de esta obra en cualquier escenario en que se presenta, lo que no asombra teniendo en cuenta su condición de “teatro musical”. Así recordamos la realizada en el tristemente desaparecido Teatro Musical de la Habana, bajo la dirección del director cubano Jesús Gregorio, la del Teatro Rubén Darío, en Managua, Nicaragua, dirigida por el director cubano Nelson Dorr, la cual demoró dos años entre selección de elenco y montaje, así como la del propio Dorr en el teatro Mella, en la Habana. Cito estas tres por ser las que conozco, por haber tenido relación directa con las mismas de alguna u otra manera. Volviendo a la puesta que nos interesa, su director se valió de un sencillo pero efectivo recurso al darle a los músicos la preponderancia en el espacio escénico, recordándonos a los escenarios del Hollywood de los años 30, 40 y 50, con las grandes Big Bands en escena, mientras que el desarrollo de la obra se realiza entre el proscenio y la mitad delantera del espacio disponible, en donde los propios actores son los encargados de poner y retirar los pocos elementos escenográficos y de utilería. En general, la obra cumple con los requerimientos del género, del cual su director es un conocedor, teniendo en cuenta su trayectoria en su Puerto Rico natal al frente de tales tipos de trabajos. Algo que nos llamó la atención es que el concepto escenográfico aparece firmado por Jorge Noa y Pedro Balmaseda, habituales escenógrafos de Teatro Prometeo, pero que en esta ocasión no fueron los responsables de la misma, aunque en un principio si aparecían dentro del equipo de producción. Cualquier cambio en un programa debe ser anunciado por respeto al público y a los implicados, si no hay tiempo de rehacer el programa de mano, entonces a través de un endorso o bien anunciándolo por audio. Estos pequeños aspectos aportan credibilidad y respeto al trabajo artístico, así que nunca deben ser dejados de lado.


Finalmente y como siempre, tenemos que felicitar a todo el personal técnico que hace posible la magia del teatro, al equipo de producción, a los especialistas en las distintas manifestaciones que tuvieron bajo su responsabilidad la preparación en tan poco tiempo del elenco, a los músicos, a cada uno de los actores y a su director por su empeño en presentar buen teatro en nuestra ciudad.

Wilfredo A. Ramos Vázquez
Crítico de Teatro y Danza

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