Monday, April 15, 2019

Una Historia de Amor... diferente (por Wilfredo A. Ramos Vázquez)


Como ya va siendo habitual, el On.Stage Black Box del Miami Dade County Auditorium, continúa presentando nuevas oportunidades al público de la ciudad para que pueda disfrutar de puestas teatrales interesantes, tanto de autores y directores del patio, como foráneos, así como de agrupaciones teatrales extranjeras, y es de esta manera que los pasados días 14, 15, 16 y 17 de Marzo, subió a las tablas de este espacio la obra “Historia de Amor” (Histoire d’Amour), del francés Jean-Luc Lagarce, con dirección de Nilo Cruz y en una producción de ARCA Images. El elenco estuvo formado por Adrián Mas, Alexa Kuve y Héctor Medina.

Antes de comenzar a hablar de la puesta, nos vemos en la necesidad de ofrecer un breve recuento de la vida y obra de este hasta hace poco tiempo casi desconocido autor, actor y director francés. Jean-Luc Lagarce nace un 14 de Febrero en la localidad francesa de Hericourt, Alto Saona, en 1957 y estudió Filosofía en la Universidad de Franche-Comté, campus de Besancon. Fue cofundador del Teatre de La Roulotte (Teatro del Carromato) en 1978, en donde llevó a las tablas obras de Ionescu, Beckett y Goldoni, así como algunas propias, siendo la primera “La bonne de Chez Ducatel” (Lo bueno de Ducatel), la cual había escrito en 1977. Escribió alrededor de 25 obras teatrales, siendo la última en 1995, poco antes de fallecer producto del SIDA, “Le Paga Iointain” (La paga lejana). Su dramaturgia ha sido traducida a 20 idiomas, y aunque en vida fue un autor casi desconocido, con escasas representaciones de sus obras, algunas radiofónicamente y otras pocas llevadas a la escena del Theatre Ouvert, la mayor parte de las mismas vieron su estreno después de su muerte, convirtiéndose en la actualidad en uno de los dramaturgos contemporáneos más representados y casi de culto para públicos y especialistas.

Lagarce también escribió un guión para una opera -jazz, ”Quichotte” (Quijote), con la colaboración musical del inglés Mike Westbrook, otro para un film, “Retour a l’automne” (Regreso al otoño) junto a Gerard Bouysse, un libro con los relatos “L’Apprentissage”, “Le voyage a la Haya” y “Le Bain” (El Aprendisaje, Viaje a la Haya y El Baño), una tesis para su graduación de filosofía en la universidad, “Theate et Pouvoir en Occidente” (Teatro y poder en Occidente), así como su Diario Teatral el cual consta de 23 cuadernos.

De la dramaturgia de Lagarce se ha dicho que está basada en el “arte del fracaso”, ya que lo que le preocupa es llevar a las tablas el fracaso de sus personajes, al mismo tiempo que en su obra hay una descontrucción de todas las reglas teatrales y que la originalidad de sus piezas va por una continuidad-descontinuidad de la acción. Esto último va muy marcado por la manera en que utiliza la palabra, de manera interactiva, repitiendo los mismos textos una y otra vez, trayendo acciones pasadas al presente o llevándolas al futuro. Lagarce es consciente de la importancia de la acción dramática, para él, en el teatro la narración barre la acción, haciendo que el pasado remonte el presente. Por ejemplo, cuando el autor dice “mort deja” (ya muerto), significa más que presente, la libertad de evolucionar entre presente, pasado y futuro. En su obra existirá una tensión entre lo político y lo íntimo. Es un teatro abierto hacia la multitud, en donde se pone de manifiesto su amor “al otro”, sin afectación ni complacencia, es un amor hacia la humanidad en su conjunto. Es por ello que algunos consideran que su obra es sutil, delicada y a la vez un laberinto siniestro y maravilloso.


Una vez trazado un panorama de la vida y obra del autor, regresamos a la puesta en escena a la que nos convocó Nilo Cruz como director de un texto no de su autoría. Para ella el director seleccionó a alguien a quien conoce muy bien para interpretar al rol de la Mujer, Alexa Kuve, en su doble rol de actriz y productora, por lo que fue al seguro en cuanto a como manejar el trabajo con la actriz y su desempeño con un texto no común, de por si difícil de memorizar debido a las constantes repeticiones, lo que hace que dicho texto se convierta en un serio dolor de cabeza para cualquier actor. Alexa, nos entrega una mujer que va evolucionando desde un presente hacia un pasado, llegando a un futuro, en donde va desgajando diferentes estados anímicos que se van superponiendo unos a otros de manera tormentosa, la actriz pasa de la alegría a la angustia, a la añoranza, a la desesperación, haciendo cambios rápidos y precisos. Su trabajo escénico fluye en la complicada trama de movimientos que el director dicta. Sus cambios de ánimo no afectan la proyección de su voz, que aunque de tono ligero, logra el decir con claridad. Para nosotros como observadores, después de haberla visto en algunas otras puestas en escena, nos quedamos con la sensación, que a pesar de cierto nerviosismo del día del estreno ante tan duro texto, estuvimos en presencia de uno de sus mejores trabajos en las tablas.

Héctor Median, regresa a las tablas de este escenario, con toda la carga de su joven pero ya segura presencia actoral. Este actor trabaja sus personajes de manera tan sutil, que da la impresión de que no hay esfuerzo alguno en la construcción de los mismos, entregándonos este Segundo Hombre desde la naturalidad de un personaje que viaja en sus emociones desde el amor hasta la ironía, llegando la crueldad en sus palabras. El esfuerzo no aparece en los códigos de este actor, todo en él se proyecta con suavidad, con facilidad, es como si pusiera en práctica los postulados de la vida del autor del texto; lo sutil, lo delicado para llegar a lo desgarrado del ser. Héctor, como es costumbre, dice su texto con las intenciones y claridad requerida, con ese suave hablar que crea una muy agradable modulación vocal, algo que le da a sus personajes y a este en particular una “dulzura peligrosa”, que puede ocultar móviles ocultos en su personaje. Sin duda, la presencia de este actor sobre las tablas, a pesar de su aún corta edad, es siempre bienvenida y un regalo para la audiencia teatral.


Por último nos encontramos con el actor Adrían Mas incorporando al Primer Hombre, sobre el que gira toda la trama de la obra, al ser el objeto central en este triángulo de amistad-amoroso, siendo quien a través de las supuestas páginas de una novela que recrea la relación de todos ellos en un período de tiempo que se pierde entre el presente, el pasado y el futuro, irá llevando el tiempo de la acción dramática. Mas se ha dedicado en esta ciudad más a la televisión que al teatro, por lo que su presencia sobre las tablas es un evento que agradecemos, porque como sabemos todos, el verdadero entrenamiento de un actor está sobre el escenario de un teatro, en donde se tiene que enfrentar a un público directamente, observar sus reacciones, ser cómplice de ellas y saber que cada función es diferente a la anterior y será distinta a la de mañana. Mas tiene el reto de llevar sobre sus espaldas la historia de esta trama que en su sinuoso andar de un lado hacia otro, hace que la misma no resulte del todo precisa. Su personaje pretende contar una historia que trata ser de amor, de unión, de comunión, mientras que el resto de los personajes le van mostrando que si en algún momento hubo algo de ello, no todo era color rosa como trata él de describirlo. A partir de este hecho, el actor tiene que trabajar su personaje entre las contradicciones de su yo con las verdades de los otros, y el actor encuentra los medios apropiados para mostrar estas contradicciones a que lo enfrenta este difícil texto, aunque requeriríamos de un trabajo aún más profundo para enmarcar las diferentes emociones, debido a que su trabajo expone por momentos falta de niveles en la muestra de sus emociones, acentuado esto por una proyección vocal que se mantiene casi todo el tiempo en el mismo nivel de emoción. No obstante este detalle, que nos parece algo lógico por su ausencia de este tipo de teatro dramático, tenemos que reconocer que su lenguaje corporal, su dicción y su desenvolvimiento escénico estuvieron a la altura de lo que se esperaba.


Como siempre, no podemos terminar sin mencionar el trabajo del equipo técnico-artístico, sin el cual el teatro no llega a ser teatro y del cual casi siempre se olvidan de hablar, pues recordemos que el teatro es un trabajo de conjunto aunque lo que apreciemos en escena sea principalmente el del actor, director y dramaturgo. Una vez más Jorge Noa y Pedro Balmaseda son los autores del trabajo escenográfico, el cual es resuelto con magistral sencillez, en este caso, utilizando solamente unas estructuras metálicas a manera de bancos, pero que al mismo tiempo son usadas de manera muy convincente para mostrar diferentes ambientes, así como otras estructuras colgantes forradas con un collage de hojas de papel escritas que recuerdan el tema de la obra: la novela que cuenta las vidas de estos personajes en algún momento de ellas. De nuevo, la inteligencia y el buen gusto acompañan el trabajo actoral sobre los escenarios gracias a estos dos artistas.

El resto de la responsabilidad del trabajo técnico-artístico recayó sobre los hombros de Humberto Alvares, al frente del vestuario, Gary Lund en el diseño de luces, José Toledo como ingeniero de sonido, mientras que la asistencia de dirección y jefatura de escena estuvo en las manos de Gabriel Schicchi, la asistencia de producción en las de Carlos Silva, la traducción simultanea fue responsabilidad de Yamilet Hernández y Carlos Jara, y los técnicos fueron, de audio, Franck Martínez, luces, Jesika Almazan y Dan Sobush, tramoya, David Salomón y el director técnico, Celso Peruyera.

Por último tenemos que referirnos al trabajo de dirección artística por parte de Nilo Cruz, quien como ya dijimos al principio de este artículo, se sumergió en las profundidades de un texto ajeno y complejo, tratando de desentrañar sus misterios, sus relaciones para entregarlo al público de esta ciudad que necesita enfrentar trabajos de esta categoría de la dramaturgia internacional. Cruz maneja con eficacia el movimiento actoral en una pieza en donde la acción dramática se complejisa debido al constante intercambio de tiempos y escenas que convierten dicha acción en un laberinto algo difícil de seguir. Con mano segura, el director hace que los actores se muevan en el espacio y utilicen el único elemento de utilería que tienen a la mano de excelente manera. Cruz sabe pedirle a los actores el tono preciso para enfrentar sus respectivos trabajos y casi siempre acierta en su totalidad a la hora de escoger sus elenco.

Bienvenido este nuevo trabajo de este conocido dramaturgo y director del patio, quien se preocupa de mantener el teatro en español en nuestra ciudad, junto con algunos otros, en el nivel que se merece: el de la excelencia!

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