Thursday, March 14, 2019

Del "machismo leninismo" en la Cuba de hoy (por Wendy Guerra Torres)


Soy una mujer jovial, que interactúa con todos en la calle. Me gusta mirar a los ojos, contesto con una sonrisa a los piropos delicados y valoro el carácter humano de este pueblo que resiste con sentido del humor lo que, sin nuestra idiosincracia, no hubiésemos podido tolerar.

Esta mañana salí a buscar comida como cualquier ama de casa habanera, pues al no tener trabajo aquí, soy eso, una orgullosa ama de casa. El tránsito por los sitios populares, agros, bodegas y mercados que venden sus mercancías en pesos o Cuc ha sido insufrible, no ya por el terrible desabastecimiento, tampoco por el estado de las calles convertidas en muladares y basureros, cercados de aguas albañales, baches y lodo. Uno de los grandes problemas que aqueja este país es la soberana falta de respeto de la generalidad de los hombres que te encuentras sin hacer nada merodeando por los alrededores.

Una mujer sola, comprando en cualquiera de estos sitios es un blanco perfecto, los varones que pululan zapando por horas estos lugares no tienen sentido del límite. Te sacan la lengua relamiéndose, se pegan a tu cuerpo, te dicen groserías, te tocan y agarran por el brazo con el pretexto de venderte algo, lo que sea. Si protestas te gritan y manotean para intimidarte con aires de macho marginal empoderado en este caldo de cultivo social.

Quienes me conocen saben bien que no soy una abanderada del feminismo y que desde pequeña tengo más amigos hombres que mujeres. Hice teatro, radio y televisión rodeada de colegas hombres que hoy son mi familia, pero el modo de relacionamiento entre hombres y mujeres en esta isla ha cambiado dramáticamente en los últimos dos años.

Se acabó el respeto, se acabaron los modales y la distancia física no es ya una traba para quienes desean acceder a tu cuerpo sin permiso.

La proximidad, gestualidad e interacción tiene aquí una base enfáticamente sexual, es una acción anómala e impulsiva, un gesto reguetonero y cavernícola que debes asumir como un martirio, una tarea partidista, un modo apropiado de transitar para no buscarte problemas ni llamar la atención.

La invasiva, vulgar y permisiva manera en que nos tratan ciertos hombres cubanos a pleno sol y delante de cualquiera resulta un acto de verdadera vejación que a pocos parece preocuparle.

¿Por que esto no se debate?

Lo peor de todo es que las mujeres cubanas viven con ese suplicio y lo toman como parte de la lista infinita de tropiezos y desazones que soportamos en nuestra cotidianidad.

¿Las ciudadanas cubanas que sufren este maltrato diario, saben que esto es acoso? ¿ Existen leyes para juzgar estas posturas ya masivas? ¿Es ir en contra del colectivismo acusar a quienes violan nuestra dignidad?

Creo que tras años de hacinamiento y promiscuidad en internados y becas, tras el paso de los maestros emergentes, el desmembramiento familiar y la instauración del dogma: “aquí todos somos iguales” se ha producido un sistema consiente e inconsciente de irrespeto a la mujer.

El hombre maltrata, la mujer asume ese maltrato en cualquier orden, sociopolítico, filial, jerárquico y ético. Forma parte del aire que respiras, ya es un gesto de identidad que te ofendan en la calle. Las extranjeras no dejan de quejarse de este rasgo que aquí nadie parece ver como una deformación social.

El machismo leninismo ha triunfado y vivimos a merced de cualquier acto, por violento que sea, porque como me dijo una vez un profesor de Preparación Militar. “Aquí mandan los hombres porque esta Revolución la hicieron los hombres”.

¿Hasta cuándo vamos a aguantar esta situación? ¿Hasta cuando bajar la cabeza por miedo a que nos levanten la mano, nos peguen o nos lleven ante una autoridad integrada y estructurada básicamente por hombres?

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