Tuesday, March 26, 2019

“Casandra”, un festival en el que se puede confiar (por Wilfredo A. Ramos)


Recientemente cerró sus puertas la tercera edición del Festival Internacional de Teatro “Casandra”, dedicado a la mujer, el cual se desarrolló entre los días 1 y 9 del presente mes de Marzo, compartiendo su actividades entre el Koubek Center Theater y el Centro Cultural Español de Miami. Este evento es organizado por Ingenio Teatro, agrupación teatral de la ciudad que dirige la conocida directora Lilliam Vega, el cual cuenta con el apoyo y patrocino de variadas instituciones, organizaciones y fundaciones para su realización, algo muy difícil de lograr en esta ciudad.

Un evento dedicado a la mujer en estos tiempos que corren no resulta nada extraño, teniendo en cuenta la actual ola, a veces bastante desproporcionada, de un algo raro feminismo que trata de “demonizar” al ser masculino de todas maneras posibles (hasta de las más ridículas en ocasiones), pero por suerte, este no es el caso y por el contrario vemos como muy acertada la realización de este festival. Por supuesto que la premisa fundamental de éste, es el de destacar el rol de la mujer dentro del ámbito teatral, tanto como actriz, dramaturga, directora, productora, pero también abrazando el papel de ella en otras ramas del arte y la cultura, y claro está, sin obviar al hombre como compañero de camino, Es por ello que dentro de este evento se pueden disfrutar de exposiciones de artes plásticas, conferencias y otras actividades presentadas por ellos. Esto es un logro de este evento, el cual por exaltar una parte, no niega a la otra.

Durante todo el evento se inaguraron varias exposiciones de artes plásticas. La primera de ellas en la sala del Koubek Center a cargo de los artistas que se agrupan en el RUN Art Foundry, quienes expusieron una serie de pinturas y dibujos en las paredes de esta institución perteneciente al Miami Dade College. La otra muestra tuvo como sede el Centro Cultural Español y consistió en una breve pero maravillosa muestra de pequeñas esculturas en bronce con el tema al que se dedicaba el festival: la mujer. Los artistas, Uldis López, Luis Alberto Avilés, Erlis Reyes y Julio César Banasco, los cuales mostraron hermosas y elaboradas piezas que no dejaban duda de la excelencia y maestría de sus autores.

"Yerma"... al frente Susana Perez
 y en segundo termino
 Ivanesa Cabrera (Yerma)
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Ivanesa Cabrera (Yerma)
 y Rodolfo Jaspe (Juan)
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El festival abrió sus cortinas con la puesta de “Yerma”, obra de Federico G. Lorca, muy conocida y llevada a los escenarios en versiones teatrales y danzarias, la cual contó con la dirección de Lilliam Vega y dramaturgia de la profesora e investigadora teatral Raquel Carrió, así como las actuaciones de Ivanesa Cabrera (Yerma), Jorge Luis Alvarez (Juan), Anna Sobero (Maria) y Rodolfo Jaspe (Víctor). El diseño de luces corrió a cuenta de Richard Rodriguez y la música original de Hector Aguero.

Ivanesa Cabrera (Yerma)
 y Anna Sobero (Maria)
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Esta Yerma se movió en ese tono poético en que se desarrolla la dramaturgia de la Carrió, quien a través de hermosas imágenes plásticas hace que transcurra la puesta. Personajes comodines en la escena ayudan a crear ese ambiente de irreal poesía, que si bien no ayudan al desarrollo de la trama, adornan la escena. El trabajo actoral se mueve por lo general dentro de un tono algo altisonante, bastante lejano al lamento íntimo que evoca su personaje central y que hace que esos sentimientos suenen por momentos falsos, a esto tenemos que añadir un pobre nivel interpretativo en algunos otros casos, lo que hizo de la función que presenciamos, el que estuviera algo desbalanceada actoralmente. En general considero que esta puesta en escena de la obra lorquiana debiera ser trabajada en función de alejarla un poco de ese tono que distingue a la fuente matriz (Teatro Buendía), para así poder disfrutar de un trabajo de dirección con estilo propio, sin que nos recuerde todo el tiempo a esa otra destacada agrupación teatral habanera, No obstante, bienvenido siempre Lorca a la escena!

También el sábado 2, en horas de la mañana se realizó en el propio Koubek Center un taller con la invitada principal al festival, la actriz noruega/danesa Else Marie Laukvik, quien fuera fundadora del Odin Theatret en 1964, grupo de teatro-laboratorio, creado por el dramaturgo, investigador y director italiano Eugenio Barba, dirigido exclusivamente a los alumnos del grupo teatral Prometeo que dirige Egar García y en el cual también tomo parte la investigadora Raquel Carrió.

Para el domingo 3 en horas de la tarde sería la presentación para el público de la Laukvik con su espectáculo “Mis niños en escena”, a través del cual hace un magistral y sencillo recorrido por todos los personajes interpretados durante su extensa carrera sobre los escenarios, mostrando la manera de construir aquellos difíciles e intensos personajes bajo las exigencias de Barba y su novedoso método, para aquellos tiempos, de dramaturgia teatral. Mediante vídeos de aquellos momentos, que resultan un importante testimonio visual de gran valor para la historia teatral, así como breves demostraciones en vivo por parte de la actriz, en donde el uso de máscaras, muñecos y algún que otro elemento de utilería teatral agregaban el ambiente de la puesta original. Con una voz privilegiada, la actriz brinda numerosos matices que enriquecen el ambiente sonoro a la vez que ofrece la posibilidad de imaginar la presencia de múltiples personajes en la escena. Cabe destacar que esa misma y versátil voz, no perdió en ningún momento la dulzura del habla propia de la actriz, aspecto este que resaltaba precisamente el dominio total sobre su aparato vocal y del uso de los diferentes diafragmas como instrumentos para proyectar su voz. Sin duda que la presencia de Else Marie Laukvik en esta edición del festival fue todo un regalo para los teatristas y el público miamense, ansioso por poder disfrutar de las variadas opciones que ofrece la escena internacional.

La próxima actividad del festival se efectuó el miércoles 6 ya en su otra sede del Centro Cultural Español de Miami con la conferencia del joven investigador cubano radicado en Colombia, Doctor en Ciencias sobre Arte, Adyel Quintero, la cual llevó por título “Teatralidades del conflicto en Colombia: lo que la guerra se llevó”. Sobre esta actividad tenemos que reconocer que esperaba un trabajo que fluyera sobre como el hecho teatral se relacionó con el largo conflicto armado que envolvió a dicha nación, pero en su lugar encontramos un cuasi trabajo de recorrido histórico-sociológico del comportamiento, costumbres y hábitos de los nacionales de ese país, todo aderezado con cierta mirada desde conceptos metateatrales que al final nos alejaban del tema teatro para atraparnos en un teaa socio-político, ajeno al evento, y en donde la superficialidad al tocar algunos aspeectos de dicha realidad colombiana, sorprendió a más de uno. Considero que los organizadores del evento deben saber de antemano de que van las conferencias y conocer los textos previamente para evitar situaciones como estas bastante ajenas al concepto de dicho festival.

Esta misma noche, a continuación de la conferencia, se presentaron fragmentos de la obra “El regreso de la orquídea” del propio Aydel Quintero, bajo la dirección de Lilliam Vega, contando con las actuaciones de las jóvenes actrices Valeria Sandoval y Camila Rodríguez, texto que trata sobre los problemas que trajo a la familia colombiana el conflicto armado y que fue aceptablemente defendido por estas dos actrices que aun necesitan de bregar mucho en su preparación para los escenarios.

Para el jueves 7, el festival nos tuvo reservada la presentación de la novela de la actriz cubano-italiana Inés María López, “Cubamía”, un viaje por un país de recuerdos, en donde las añoranzas familiares y locales convierten el presente en casi un pecado, un texto como tantos otros de exiliados cubanos que ven su partida solamente como un producto de sobrevivencia. pero sin relacionarlo en momento alguno con la dura realidad socio-política causante de tal desbarajuste económico-social. Como complemento a la presentación del libro, las actrices Susana Pérez, Zaida Castellanos y Miriam Learra, actrices todas de larga trayectoria, llevaron a cabo una hermosa lectura semi-dramatizada, la cual fue acompañada muy acertadamente por la voz de la actriz Ivanesa Cabrera, quien interpreto varias piezas del cancionero cubano y el pianista Ricardo Guerra, lo cual sirvió de marco perfecto para acompañar la emociones expresadas en dicho texto.


Para culminar la noche se presentó el número correspondiente al mes de marzo de la revista “Caritate”, que dirige Baltazar Santiago, dedicada el festival y a homenajear la trayectoria artística de la actriz cubana Martha Velazco, presente esa noche, quien habló sobre algunos temas de su carrera, y quien ante la insistencia del propio director de la publicación, se vió conminada a hablar sobre un lamentable suceso acaecido hace algunos meses que involucró una obra en la que ella estaba relacionada, debido a determinada oleada de intransigencia, falta de ética y de verdaderos conocimientos sobre la cultura teatral cubana por parte de personas con una agenda socio-política bien determinada, y que de ninguna manera debió ser tocada en este evento y mucho menos en una actividad en reconocimiento a la carrera de la Velazco. Algo sorprendente que sucedió al final fue el que nos quedáramos esperando la presentación de la cantante lírica Eglise Gutierrez, anunciada para cerrar la noche y que aunque se encontraba presente no llegó a cantar.

El viernes 8, de nuevo en el CCE, tuvo lugar la esperada mesa redonda “Los procesos creativos del actor”, la cual estuvo presidida por la Dra. Raquel Carrió e integrada además por las actrices Flora Lauten, Lili Renteria, Anna Sobero e Ivanesa Cabrera, las cuales hablaron sobre el proceso de creación del actor frente al personaje a interpretar, mostrando cada una de ellas sus diferentes experiencias ante tal acometida y como en cada una de ellas se manifestaban distintas necesidades para enfrentarlo. Actividades teóricas como esta, que muy bien pueden estar dedicadas no solamente a los del medio, sino también al público en general, son una excelente manera de atraer a ese púbico hacia nuestros teatros, amen de aumentar el nivel de conocimiento y preparación de los teatristas, los cuales no todos provienen de una sólida formación profesional.

Para finalizar la noche, llegó desde Madrid, la actriz cubana radicada allí, Esmérita Ramírez con un unipersonal escrito, dirigido y actuado por ella, titulado “Yo quiero ser la Lupe”, en el cual bajo el pretexto de la admiración hacia esa gran y controversial cantante cubana conocida en todo el mundo como la Lupe, se dejan ver las nostalgias, insatisfacciones, desventuras y frustraciones de una humilde y soñadora mujer. Un trabajo el cual hace algún tiempo ya fue disfrutado en esta ciudad y que para esta ocasión tuvo una cierta nueva mirada por parte de su autora. Sin duda, un grato momento de reencuentro con esta colega, que al igual que muchos otros se encuentran dispersos por toda la geografía terrestre y que nos ofreció la posibilidad de ver un buen trabajo por parte de la actriz en cuanto a la concepción de la historia y del personaje, con un acertado trabajo de dramaturgia escénica, que permite mantener el interés y disfrutar a la vez de las dotes actorales de esta actriz.

Rosalinda Rodríguez (Frida)
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Para la clausura del festival, se regresó al escenario del Koubek Center Theatre, en donde subió a las tablas con carácter de estreno total el espectáculo “La fiesta de Friducha”, un trabajo que si bien se inspira en la vida de la conocida pintora mexicana Frida Kalho, no intenta en ningún momento ser una biografía de la artista, sino más bien una muestra de su temperamento, de sus amores, pasiones, rencores, frustraciones, de sus deseos de seguir viviendo, cual amalgama de sentimientos que conformaron a este también controversial ser humano. Lilliam Vega tuvo a su cargo la dirección de esta puesta, que contó con las actuaciones de Rosalinda Rodríguez, en el rol titular de la Kalho, mientras que la actriz Carmen Olivares, asumía la responsabilidad de lo que podríamos llamar “actor comodín”, puesto que con su presencia escénica se ofrecía la oportunidad de ver la representación silenciosa de algunos personajes que pasaron por la vida de la pintora y que influyeron en ella, así como facilitarle a Rosalinda distintos cambios de vestuario sobre la escena. Algo que nos sacó de contexto y nos sorprendió en extremo, fue que el espectáculo que se desarrolló hasta casi bien llegado el final a manera de un gran unipersonal, de pronto rompe con ello y el personaje “comodín” incorpora sorpresivamente a Frida Kalho, comenzando a hablar como tal y a cantar, por cierto esto último deliciosamente, para más tarde volver a incorporarse a la escena Rosalinda, retomando su personaje hasta el final de la obra y regresando la otra actriz a su papel fantasmal. Repito, este tratamiento de los personajes dislocó el desarrollo del género de la puesta, preguntándonos frente a cual nos encontrábamos y si era realmente necesario para el desarrollo de la trama, la realización de este cambio de roles. Amén de esta distracción, estamos en la obligación de decir que el desenvolvimiento en escena de Rosalinda fue excelente, convincente de principio a fin. La actriz se apropió del personaje y lo recreó, le dio nueva vida a una historia ya demasiado conocida, provocando nuevas sensaciones en el espectador que iban de la mano con cada palabra, cada gesto de la actriz. Algo a destacar fue el exacto uso de los niveles de voz para entregar las diferentes emociones, las cuales pudieron ser recibidas por el público a la perfección y que sirvió para alejar a la actriz de ese “marcado tono televisivo” que en muchas ocasiones lastran el desempeño escénico de los actores que habitualmente trabajan en ese otro medio. Sin duda estuvimos frente a un trabajo actoral de altos quilates, que dejó bien asegurada sobre las tablas de esta ciudad la posición de esta actriz.

Rosalinda Rodríguez (Frida)
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Otro aspecto a destacar en esta puesta en escena fue el muy bien logrado trabajo de escenografía, el cual fue realizado por las estudiantes de pintura; Mariana Altamirano, Toa Castellanos, Maria Castillo, Alexandra De Lar, Perla Sofía González, Esther Mendoza, Aurora Molina y Noemí Hernández, todas alumnas del artista de la plástica Yovani Bauta, que a través de obras realizadas por ellas ofrecían la impresión de encontrarnos en el taller de la propia pintora mexicana. Esto, unido a un muy bien estudiado diseño de luces a cargo del experimentado Richard Rodríguez y a la participación del grupo de danzas folklóricas mexicanas Ameyal y el Mariachi Mexicali, aseguraron el éxito total del espectáculo, convirtiendo este hecho teatral en uno que será recordado por mucho tiempo en las tablas de nuestra ciudad.

Como conclusión podemos decir que tenemos que dar las gracias a los creadores de este festival y a todos los que colaboran para que sea realidad, La ciudad de Miami debe sentirse agradecida que sus artistas no se den por vencidos ante tantos obstáculos y estén todo el tiempo dispuestos a crear eventos como este, que no son solamente una vía para el entretenimiento, sino además para la superación del conocimiento, algo imprescindible para ser mejores seres humanos. Gracias a Ingenio Teatro y en particular a su siempre inquieta directora Lilliam Vega por dar vida y mantener un evento creado con las ganas de volar y esperemos que llegue a su mayoría de edad con todo el rigor, la calidad y el amor, con que sabemos que ha sido concebido. Y desde ya, esperamos la llegada de esta distinta Casandra en su cuarta edición, la cual nos obliga a creer en ella y sus buenas nuevas.



Wilfredo A. Ramos
Crítico de Teatro y Danza

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