Friday, December 21, 2018

Sergio Lastres (por Abel Quintero)


Es sin dudas, un dibujante extraordinario. Lleva consigo a donde vaya; sus cuadernos y lápices como si estos fueran una extensión de su propio cuerpo.

Mientras disfruta de otras culturas, capta el alma de cada paisaje y la esencia de quienes lo habitan. Sabe que; pasear con la mirada los contornos de un rostro, o hacerlo fugazmente ante la pose inquieta de una gaviota que hurga su alimento; es para un artista la forma ideal de experimentar el mundo, más allá de una lente sofisticada y fría.


Sergio Lastres posee la habilidad de reproducir la forma y captar las escenas con facilidad. Sin embargo no le basta con la representación estática de sus propuestas.

Dota de movimiento las figuras sin que su arte llegue a ser óptico, más bien se apoya en un recurso propio del futurismo Italiano, aquel grupo surgido a principios del pasado siglo, cuya trascendencia alcanza la modernidad.


A decir de Tomasso Marinetti, uno de los representantes de ese período; “La magnificencia del mundo se ha enriquecido de una belleza nueva: la belleza de la velocidad”. De ahí, que el efecto del movimiento podía ser representado de manera secuencial en una obra bidimensional, y es justamente lo que consigue Sergio. Su obra parece moverse, vibrar, incluso desde la profundidad hasta el espacio del espectador. Incita el sentido táctil mediante texturas, a veces al azar y otras en función del objeto. Es osado en sus composiciones, precisamente intentando abrir el espectro de esa “danza visual“ de esa interacción con un observador que no puede ignorar su coqueteo.


Este artista también es parte de su obra. Se retrata dentro de sus propuestas de forma muy interesante, a veces a destiempo cual profecía y otras como las crónicas de un habanero que no puede ni quiere desprenderse de su historia. Es simbólico y lúdico, se adapta a los íconos y comparte en una misma pieza varias formas de hacer. Algo así como un toque pop en un futurismo contemporáneo…¿?

Al observar su trabajo, puedes percibir que cada buena obra depende de una generosa formación artística. El manejo y dominio de varias técnicas, le abre el espectro a la experimentación. Luego la preparación a nivel conceptual, permite confluir diferentes resultados en una misma obra.


Sergio se muestra como un artista seguro de su discurso. No es incisivo en el tema del arte y juega con su cotidianidad, haciéndonos partícipe de ella.


Pero quizás su más reciente obra no sea la de los pinceles, sino el haber cultivado una relación muy especial con esa hermosa niña que con frecuencia lo acompaña y le sigue como ejemplo de vida. A veces me sonrío al ver como Tatiana convierte a su abuelo en un lienzo y descarga sobre él su propia obra, osada y tierna.

De tal palo… se diría.


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