Monday, November 12, 2018

Historia de una canción: «En el balcón aquel» (por Dulce Sotolongo)

Nota del blog: Agradezco a Armando Nuviola de la Editorial Unos y Otros, el envío de este texto, incluido en el libro En el balcón aquel, de Dulce Sotolongo.

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Era una tarde del mes de enero, una tarde gris, una tarde fría. Yo tenía diecinueve años, me dirigía a la casa de mis tíos por la calzada de Güines. Vi a una muchacha rubia asomada a un balcón. Me apresuré, pensando cómo hacerme notar. Al acercarme, comprobé con alegría que la joven se encontraba en el lugar que yo iba a visitar. Casi corriendo subí las escaleras. Mi tía me la presentó.

Yo te miré y en un beso febril/ que nos dimos tú y yo sellamos nuestro amor.

No fue tan fácil conquistarla. Le dije a Elvira Robles, que así se llamaba, que yo era compositor, sin sospechar que esta sería mi desventura, ya que ella había sufrido un desengaño amoroso con un creador musical.

/Recuerdas tú la luna se asomó/ para mirar feliz nuestra escena de amor. / El balcón fue nuestro cómplice, vivimos un apasionado romance, pasábamos horas y horas con la luna como único testigo. / Hoy ya no estás y lleno de dolor/ muy solo en el balcón suspiro por tu amor. /

Todo terminó, pero yo seguí visitando la casa de mis tíos y siempre me asomaba al balcón recordando a Elvira. Allí me inspiré e hice el texto de la canción.

Recuerdas tú Elvira Robles:
Mi familia vivía al lado de la de él, no fue tan casual nuestro encuentro, siempre lo veía cuando llegaba y aquella tarde me decidí y lo esperé. Yo fui la que tuve que terminar con él, pero nuestra relación fue muy linda, pero imposible. A veces voy caminando por las calles y escucho «En el balcón aquel», «Mi súplica» y otras canciones que me dedicó y me quedo abstraída escuchando, la gente piensa que estoy loca, por cierto, es una lástima que canciones tan bonitas cada día se escuchen menos. Hay que hacer algo para que no muera el bolero que en definitiva es lo más importante.
Pasó el tiempo y un día, en 1958, fui a visitar a Celio González quien estaba muy triste, su pequeño hijo Celito estaba enfermo. Se quejaba de que nadie había ido a verlo. Recuerdo que le llevé algunas viandas y pollo. Tal vez por agradecimiento, me pidió un bolero, le ofrecí «En el balcón aquel». Luego de escucharlo me mandó a hablar con Severino Ramos, arreglista de la Sonora, para que le hiciera el arreglo. Se grabó en disco, acompañado de Humo, primer instrumental de la Sonora.

Recuerdas tú, aquella tarde gris,en el balcón aquel donde te conocí. 
Yo te miré y en un beso febrilque nos dimos tú y yo sellamos nuestro amor. 
Recuerdas tú, la luna se asomópara mirar feliz nuestra escena de amor.
Hoy ya no estás, y lleno de dolormuy solo en el balcón suspiro por tu amor.
Tú volverás me dice el corazónPorque te espero yo colmado de ansiedad.
Y me darás tu amor igual que ayery en el balcón aquel la luna brillará.
Esta letra tiene el mérito de ser natural. En ella, una vez más, en nuestra música popular la luna se toma como testigo y cómplice de una relación sentimental. El conjunto resulta emotivo y permite a Ulloa trascender como creador musical.

No sé qué decir del éxito de aquella canción. Por poco enloquezco al oírla en cada calle, en cada esquina, donde quiera que hubiese un radio, una victrola. Tuve que solicitar los servicios de un psiquiatra. Nunca pensé triunfar con ese bolero, para mí su letra era algo cursi, muy sencilla…

Sencilla, pero muy bella, opina el crítico Helio Orovio:
Es un bolero tango. Tiene en el fondo el aire del tango. Una impronta tanguística o tanguera, llama a la reminiscencia, al recuerdo de una escena de amor, a quién no le llega esto. Por otra, parte la melodía está bien lograda, con esa fuerza que le da la fusión del bolero y el tango que están unidos en sus orígenes, porque ambos salen de la habanera cubana. Toda esa fusión hace que sea un clásico de la cancionística cubana. Es sencillamente poesía.
Mientras, al también musicólogo Raúl Martínez, la canción le trae nostálgicos recuerdos:
A principio de los años sesenta, todavía existía el original paseo de los paragüitas del Prado, la acera y portal del hotel Saratoga. Yo era muy joven, caminaba enamorado. Era la época de grandes boleristas como Orlando Vallejo, Roberto Faz, Orlando Contreras; de pronto sentí una hermosa melodía. Sencilla, llena de valores muy reales, lo cual me emocionó totalmente. Recuerdas tú…. Con el tiempo me enteré que su autor se llamaba Leopoldo Ulloa.
Larga es la lista de todas las versiones. La cantan, entre otros, Los Papines, José Tejedor, Frank Hernández, Lino Borges, Néstor del Castillo, Manolo del Valle, María Elena Pena, Benitico Yanes, Adolfo Alfonso, Pablo Santamaría, Alfredo Rodríguez, Roberto Sánchez, Sindo y María Elena, trío Los de América, trío Azteca, dúo Enigma.

Le entregué, entonces, a Celio González otra partitura: «Mi súplica», que también me había inspirado la joven del balcón. Se trataba de una tierna melodía para recobrar un amor perdido. Eran canciones que había compuesto en ese estado febril que provoca el amor y estaban guardadas en mi gaveta esperando una oportunidad.

Oye un momento mi súplica de amorescucha, te lo pido, te lo ruego, por favorquiero que seas mía, totalmente y nada más,una vez en la vida demuéstrame tu amor. 
Mira, hay momento que nunca volverán,por eso es preciso aprovechar esta ocasióndame en un beso de nuevo el corazónque lleno de embelezo me entrego a tu pasión. 
No olvides que nadie en la vidaa ti te ha querido como te quiero yorecuerda aquellos momentosque juntos muy juntos pasamos los dos.
Oye, ten conciencia y no juegues con mi amor,escucha, te lo pido, te lo ruego, por favor,vuelve que te espero con loca adoraciónpara colmar las ansias que tengo de tu amor.

Con el transcurso del tiempo, en la década de los años sesenta, «Mi súplica», tendría otro genial intérprete en el cubano Antonio Machín, quien, hasta su muerte en 1977, fijó su residencia en España y en ese país, conoce la obra de Ulloa gracias Channy Chelacy.

Leopoldo guarda con amor una fotografía de Machín, en la cual este le explica que piensa incluir «Mi súplica» en su repertorio.

Siempre admiraré a este cantante por tres razones. Porque vivió por más de treinta años en España y nunca renunció a su ciudadanía cubana, además interpretó la música de muchos autores nuestros y los dio a conocer en el país ibérico y por gustarme su apasionado modo de interpretar bolero
Desde España Antonio Machín, le remite un disco de larga duración, en cuya portada anota:

Leopoldo, tu canción Mi súplica, pega por aquí. En mis actuaciones es muy solicitado. Espero que esta no sea la última que me envíes.

Mi súplica fue grabada con el arreglo del pianista Francisco Burull para la firma española Disco­–Phon.

En la década del noventa la Sonora Matancera graba un disco con el título Veinte boleros de oro. El único autor que tiene incluidas dos obras será Leopoldo Ulloa: «En el balcón aquel» y «Mi súplica». En la presentación del mismo opinan sus patrocinadores, Seeco Records y Discos Fuentes:

…Ya en los comienzos del 50, la agrupación obtiene fama internacional y en este mismo año entra Celia Cruz y graba con la Sonora un hermoso repertorio de canciones, después vino el desfile de estrellas, entre los que se destacaron Nelson Pinedo, Celio González, Leo Marini, Estanislao Sureda (Laíto), Carlos Argentino y muchos más hasta llegar al número de 50.

Cada uno de estos artistas dejó páginas inolvidables en el diario musical de la Sonora Matancera; sería preciso un libro para escribir no solo de sus cantantes, sino también sobre el inimitable elenco de músicos que por sus filas pasaron.

Lugar privilegiado en este elenco ocupa Leopoldo Ulloa, aquel adolescente que un día se le acercó tímidamente a Bubú para expresar sus deseos de hacer música y gracias a la Sonora y a intérpretes como Walfrido Guevara, Cheo Marquetti, Los Compadres, Enriqueta Almanza, Bienvenido Granda, Celia Cruz y Celio González, pudo ver sus sueños cumplidos en esa época prodigiosa de los años cincuenta.






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