Wednesday, November 7, 2018

De paraderos, guaguas y viajeros en el Camagüey del recuerdo (por Carlos A. Peón-Casas)


La ciudad de entonces los vio proliferar. Viajar a cualquier parte era lo mas natural, en ese minuto, lo mismo a la capital, que a cualquiera de las capitales provinciales, o a lugares intermedios. Pocos en el Camagüey de hoy día, podrían dar testimonio al respecto, que ha quedado indeleble solo en la mente de los que ya pasan de las seis décadas.

Una multitud imparable de ómnibus, regentados por varias compañías del rubro del transporte por carretera, cubrían las rutas sin descanso, noche y día.

Los sitios para abordarlos, los populares paraderos de entonces, a falta de una estación central, estaban dispersos por la geografía citadina.


Santiago-Habana(1), una de las compañías con más renombre y volumen de viajes se acomodaba en la esquina de Avellaneda y San Fernando, sus ómnibus, hacían el mismo recorrido que describía su nombre, en uno u otro sentido entre la capital y la oriental Santiago de Cuba.

El precio del billete en aquella época, se calculaba a razón de un centavo por kilometro recorrido, a la Habana se pagaban por entonces unos seis pesos o dólares al cambio de uno por uno, con algunos centavos. A Santiago, unos cuatro pesos.


Pero aunque el volumen de salidas de esta compañía, casi que desbancaba a la competencia, siempre había algún margen de posibilidad para otras firmas: la Cooperativa de Ómnibus Aliados(2), era una de aquellas, conocida por sus siglas como la COA, y quien igualmente cubria la misma ruta. Se ubicaba también en la calle Avellaneda, en el Hotel Quisisana, frente a la farmacia de Yuesma, (Pobres y Avellaneda) y se identificaba popularmente como la Ruta 34.

Completaba sus ofertas con otra ruta, la 80, que tenía su paradero muy cerca de allí, en el entonces Hotel Residencial, localizado en la Avenida de los Mártires, y que ofrecía viajes a los mismos destinos.


Aparejada con aquellas ya mentadas, y a la par de sus pares, con igual oferta a los mismos destinos, estaba La Cubana. Su paradero estaba localizado en lo más céntrico de la ciudad de los tinajones, en la Plaza de Maceo.

Correspondía aquel al local que hoy ocupa el Restaurant Rancho Luna. Para entonces incluía una especia de andén que corría de la calle hacia el fondo, y aun lado eran famosas una barra y un restaurant siempre concurridos, y no solo por los potenciales viajeros.


Otra línea bien conocida, era La Flecha de Oro(3), que tenía salidas hacia Cienfuegos, y su sitio de abordaje coincidía con la esquina de Avellaneda y San José.

Pero si se trataba de viajar dentro de los límites provinciales de aquel extenso Camagüey de ayer, a cualquiera de sus pueblos interiores, las ofertas y posibilidades eran igualmente variadas.

Si el viajero quería dirigirse a Florida, podría abordar sin mayores consecuencias un ómnibus que enlazaba ambas localidades, en una esquina tan céntrica como las de las calles Independencia y la entonces Estrada Palma, hoy Ignacio Agramonte, frente al desaparecido Bar San José.

Si el destino era Santa Cruz del Sur, la opción era tomar, uno de los por entonces famosos jeeps comandos, remanentes del equipamiento militar norteamericano de la Segunda Guerra Mundial, rematados a particulares a precios de ganga, después del conflicto, y que cubrían la ruta entre la ciudad y los predios de la conocida villa marinera del sur. Su salida se localizaba en la antigua Tienda La Sultana, en la Avenida de la Libertad.

Igual servicio era prestado en dirección al antiguo Central Ecuador, en la muy próspera región de Najasa. La salida era también en la ya citada Avenida de la Caridad.

Un poco más hacia el este, en dirección a las márgenes del rio Jobabo, el antiguo límite oriental de la extensa provincia del Camagüey, era popular una línea de ómnibus bajo el simpático apelativo de Elicanu, que conectaba la ciudad con el poblado de Elia.


Hacia el poniente, o en cualquier otra dirección, amen de las ya mentadas posibilidades a bordo de los ómnibus que partían hacia la capital, y las otras muchas que hacían transito por la ciudad, el interesado podía disponer, a módico costo, del servicio de una maquina de alquiler que lo llevara en tal sentido a cualquier hora, alcanzando incluso los entonces límites de la entonces dilatada provincia.

El escribidor conoce un caso puntual de una maestra de la ciudad que tenía su aula en el poblado de Jatibonico, y cada día hacia en una de aquellas su recorrido de ida y vuelta. Las piqueras de aquellos carros particulares o taxis al uso eran igualmente comunes en varios puntos de la ciudad.






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  1. Contaba con 117 ómnibus y 35 salidas diarias. Su filial hotelera la Santibana S.A, proyectaba ya en 1956 adicionar un hotel en la ciudad de los tinajones sumados a los ya en operaciones en Colon, Matanzas, Santa Clara y Ciego de Avila. En Las Empresas de Cuba 1958. Guillermo Jiménez. La Habana, 2004. p.535
  2. Cubría el 70% del transporte de pasajeros en la República. Tenía 1800 carros. Ibid. P. 220
  3. Sus propiedades estaban valoradas en 500.000 pesos o dólares de la epoca. Tenía 18 ómnibus, y era la quinta ruta por sus ingresos. Ibid. p.472

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