Wednesday, March 7, 2018

Poetas del Camagüey (por Carlos. A. Peón-Casas)



Poetas del Camagüey en
  Arpas Cubanas. Poetas Contemporáneos(1)

por Carlos. A. Peón-Casas


Se trata de una Antología de poetas cubanos de principios del pasado siglo XX. Con prólogo que firma una figura singular, y a veces controvertida de los ambientes literarios de aquel minuto: Aniceto Valdivia(2), mejor conocido por su alias o seudónimo literario: Conde Kostia.

La selección de autores es sugerente, y habla con claridad de los altos quilates que alcanzaban los vates locales: (Byrne, Uhrbach, Sánchez de Fuentes, Villoch, Hernández Portela, entre otros), sumando quizás un honroso caso, el de una poetisa foránea: Lola Rodríguez de Tio, puertorriqueña de origen y cubana por propia adopción.

Nuestra cercanía, preferirá esta vez los nombres de los vates camagüeyanos mas notorios, y sus descendientes, que aparecen allí antologados, a saber: Esteban Borrero Echeverría, su hija Dulce María (habanera por nacimiento), Aurelia Castillo de González y Enrique José Varona.

Los textos escogidos, seis por autor, recorren en magnitud variable, según cada uno de sus autores, los entresijos del estilo poético del minuto: el Modernismo, que como tendencia pusieron muy en alto, antes dos representantes cubanos de valías singulares: nuestro Apóstol José Martí, y el celebrado rimador de inevitables influencias parnasianas: Julián del Casal.

Aunque resulte obvia la clasificación de los ya citados antologados en tal movimiento literario, no resulta necesariamente concluyente tal encasillamiento, como esbozamos antes, a la hora del contraste de los estilos personales de estos rimadores, donde cada uno va marcado al hierro de los particulares estros poéticos que los distinguieran en su minuto.

El caso más singular, de apego no necesariamente irrestricto a los moldes modernistas, lo hallamos en los textos de un ya maduro rimador: Enrique José Varona, con un par de rimas que delatan refinamiento y oficio poético.

Se trata primariamente de una composición singular: una estrofa de seis versos, dos tercetos, donde los primeros versos, de nueve silabas cada uno van libres, y el tercero, de solo seis silabas, rima consonantemente con el sexto. El título es otra vez singular: María Gratia Plena:
(…) Pues vas, colibrí nacarado,
Buscando en las hierbas y ramas
Colores y aromas
Prendada del sol, de la brisa,
Del blanco aguinaldo, que al lejos
Festona las lomas
El sujeto poético tiene, la altísima consideración del rimador, y ante cualquiera de las mundanidades posibles que acaso parecieran poder achacársele como cuando dice:
Te siguen las fiestas en coro
La torva calumnia a tu paso
Se esquiva rehacia (…)
Su deseo mas ferviente y feliz para aquella es concluyente cuando cierra su poema y le vaticina:
Que nunca te llegue la hora,
La hora fatal en que puncen
Tus pies los abrojos.
Que siempre por blando camino
La maga Ilusión te acompañe,
Vendado los ojos.
Aurelia del Castillo de González, es otra de las voces del Camagüey, antologadas en esta poco manejada colección de poemas y poetas cubanos de principios del siglo XX. El poema que preferimos destacar se titula Victoriosa, y es otra verdadera excepción en cuanto al ya mentado molde modernista que acaso se acuse mas en otras de sus composiciones aquí reunidas.

Se trata de un bellísimo soneto dedicado con ardor patriótico a la bandera cubana, al verla flotar en el minuto acaso ¿feliz?, de la instauración de la Republica en 1902, un texto ciertamente poco manejado, sin dudas coincidente en espíritu, con el ya famoso del poema A Mi Bandera de Bonifacio Byrne, y ciertamente revelador del mismo sentimiento profundo de lealtad a la patria naciente, ante nuestro pabellón ondeante:
¡La bandera en el Morro¡ ¿No es un sueño?
¡La bandera en Palacio¡ ¿No es delirio?
¿Ceso del corazón el cruel martirio?
¿Realizose por fin el arduo empeño?
¡Muestra tu rostro juvenil, risueño,
Enciende, ¡oh Cuba¡ de tu Pascua el cirio,
Que surge tu bandera como un lirio,
Único en los colores y el diseño¡
Sus anchos pliegues el espacio libran
Los mástiles que altivos se levantan,
Los niños la conocen la adoran
¡Y al solo verla nuestros cuerpos vibran¡
¡Y solo al verla nuestros labios cantan¡
¡Y solo al verla nuestros ojos lloran¡

Habana, 1902.
Dos de los nombres que completan la lista de estos poetas y poetisas del egregio Camagüey, son como se sabe padre e hija: son las voces de dos generaciones, que hacen al mismo tiempo una continuidad de inspiración perdurable.

La vástago es Dulce María Borrero, hija del camagüeyano Esteban Borrero Echeverría, aunque nacida en La Habana, su delicada producción poética, alcanza sin dudas una madurez difícilmente imaginable. Resulta interesante para este escribidor, la no inclusión de de los versos de su malograda hermana Juana Borrero, de intenso y particular lirismo en verso y autora de cartas de amor de inigualable acento, desaparecida en la flor de la edad, a sus cortos dieciocho años.

De Dulce María es su soneto Sepultus Est, dedicado a Cristo, una pieza maestra tanto por el buen manejo de tan difícil metro (innovador además con 12 sílabas cada verso), como por el contenido impecable de elevado lirismo.
Cristo sobre la tierra que redimiste
Y que al librar del crimen, de amor bañaste,
¿quién ha vuelto a acordarse de lo que hiciste?
¿quién siguió la doctrina que predicaste?
Extranjera en las almas tu imagen triste,
Vuelve a hundirse en las sombras que disipaste,
Y el mundo que salvado mirar creíste
Torno a abrirse las llagas que le ceraste.
A tientas, en la vida, perdido el hombre
El camino recorre con paso incierto;
Al apoyo divino su mano niega;
Y si alguno pronuncia tu dulce nombre,
Creyendo que aun existes después de muerto
Vuelve a crucificarte la turba ciega.
Con Esteban Borrero Echeverría, ponemos a consideración del lector en este cierre, un poema de bellísimo acento y lirismo sin igual, donde el poeta recuerda con nostalgia su paterno lar, el Puerto Príncipe de su infancia, el texto poético intitulado Hojas Secas, sigue la estructura rigurosa de unos cuartetos endecasílabos, con rima consonante del segundo y el tercer versos, y libres el primero y el cuarto.

Así rememora el poeta cualquier tiempo pasado, el de su temprana infancia y primea juventud, en aquella comarca de entre ríos, en el apacible Príncipe, de antaño, que siempre debió ser mejor:
Venid a mi, venid, marchitas hojas
De aquellos verdes arboles floridos,
Que del céfiro blando remecidos
En mi niñez oía susurrar
¡Venid a mi¡ Traéis tantos recuerdos
Y memorias tan tristes y queridas
Reliquias sois que a mi llegáis ungidas
Con el oleo de placida amistad.
Venid, decidme: aun corre transparente
Del Tinima la linfa bullidora,
La tojosa, en la siesta abrasadora
¿Baja a beber su límpido cristal?...
¿O esta su fértil cauce aridecido?
¿En el crecen las zarzas y los abrojos?
¿Esta seco, decid como mis ojos
Que ya no tienen lagrimas que dar?
Contadme aquella historia tan querida
De mi pueblo natal, de su alborada
Dadme la tibia luz de su enlutada
Noche el misterio y la solemne voz (…)
 1878.



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  1. Arpas Cubanas. Poetas Contemporáneos. Prólogo del Conde Kostia. La Habana. Imprenta de Rambla y Souza. MCMIV. 
  2. Copiamos al lector lo que Francisco Calcagno, nos dice de Valdivia: Sancti Spiritus 20 Ab. 1859: según los datos aparecidos en El País, curso segunda enseñanza en Sant. De Cuba y Derecho en Sant. De Compostela: de allí fue a Madrid donde publicó un pequeño poema titulado Ultratumba y una colección de rimas. Colaboroó con varios periódicos de la Corte: El Globo, El Pabellón Nacional y Madrid Cómico (…) En Diccionario Biográfico Cubano. New York, 1878 p.647. Su fallecimiento acaeció en Cuba en 1927. Para otros detalles véase: El Extraño Caso de Aniceto Valdivia, el Conde Kostia. Por Carmen Suarez León. En Palabra Nueva Año XXVI. Nov-Dic 2017. No. 274 pp.69-72

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