Sunday, March 25, 2018

Francisco: ¿Por qué querríamos vernos como un estándar?


En el transcurso de sus conversaciones con Thomas Leoncini, un periodista y escritor italiano de 32 años, el Papa confiesa que “la industria de la atención estética y la cirugía plástica es aterradora”. “No podemos permitirnos que se convierta en una necesidad para el ser humano”, insiste.

Él distingue el culto de la apariencia del hecho de “cuidarse a uno mismo”: “Se trata de respeto, decoro, de una valoración positiva de uno mismo, que es el resultado de la autoestima legítimo y del sentimiento de la propia dignidad. Este es el cuidado apropiado del cuerpo y de su propia imagen, que expresa en el exterior un cuidado y una belleza interior”.

La sociedad de la apariencia se construye sobre la vanidad, y ¿cuál es el símbolo por excelencia de la vanidad? El pavo real. Imagina un pavo real: cuando pensamos en este animal, siempre lo vemos con su cola abierta, resplandeciente de color. Pero la realidad es diferente. ¿Quieres ver la realidad del pavo real? Míralo desde atrás. La vanidad siempre tiene un revés”.

“En esta sociedad de la apariencia –observa el Pontífice– parece que crecer, envejecer, entrar en madurez, sea un mal. Es sinónimo de una vida agotada, insatisfecha. Parece que hoy todo sea maquillado o enmascarado. Como si el simple hecho de vivir ya no tuviera sentido”.

Para el Papa, la necesidad de parecer va a la par con la inmadurez: “Hay muchos padres que son adolescentes en sus cabezas, jugando la efímera vida eterna y que, consciente o no, hacen de sus hijos víctimas de este juego perverso. Sin embargo, “una sociedad construida sobre lo efímero y la exclusión crea solo placeres momentáneos e ilusorios, y no alegrías profundas y duraderas”.

“Con demasiada frecuencia –señala el Papa– se ve a los adultos interpretando al niño, sintiendo la necesidad de ponerse al nivel del adolescente, sin entender que es un engaño. (Ver texto completo en Zenit)

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