Tuesday, October 10, 2017

Las mil y una noches (por Juan Cueto-Roig)

 Nota del blog. El texto que comparto forma parte del nuevo libro de Juan Cueto-Roig, titulado Vericuetos III (Editorial Silueta, 2017). Se presentará este sábado 14 de octubre a las 3 p.m., en West Dade Regional Library, 9445 Coral Way, Miami. La presentación estará a cargo del escritor José Antonio Albertini y será auspiciada por el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio.

Agradezco a Cueto la gentileza de enviarme un ejemplar de su libro.

 
 

A tantos siglos de su creación, sería superfluo reseñar tan magna obra, pero me pareció apropiado escribir un escueto comentario sobre su contenido, como hice una vez con el Quijote en Cuatro apuntes sobre Don Quijote de la Mancha y las Novelas ejemplares, crónica que aparece en mi libro Verycuetos y que reproduzco parcialmente después de este párrafo con el fin de evidenciar lo que primero me llamó la atención en la lectura de Las mil y una noches: la diferencia entre la higiene de sus personajes y la de los que aparecen en los libros de Cervantes.

Extracto de Cuatro apuntes sobre Don Quijote de la Mancha ...
Aparte del suceso escatológico per se en el capítulo XX de la primera parte (muy explícitamente narrado, por cierto), la falta de higiene es evidente en todas las páginas de El Quijote.
En ningún lugar se menciona el baño. Las veces que el ingenioso hidalgo se acerca al agua son raras en número y someras en propósito.
Una vez, después de embarrarse de unos quesos, se lava la cabeza y el rostro... y todavía se quedó el agua de color de suero.
Más adelante, le lavan las barbas en casa de los duques.
Y casi al final del libro, después de la aventura de los toros, de la que han salido cansados y sucios, cuando topan, esta vez no con la iglesia, sino con una fuente clara y limpia. (Aquí el lector se entusiasma creyendo que al fin presenciará el tan preterido baño). Pero no... enjuagóse (Sancho) la boca, lavóse don Quijote el rostro...y nada más.
En cuanto a Sancho, la única ocasión en que lo vemos tocar el agua, aparte de ese enjuague bucal, fue después del ocurrente diálogo con su amo sobre la supersticiosa creencia de que los piojos de los españoles que embarcaban para ir a las Indias morían al pasar la línea equinoccial; entonces, después de tentarse el escudero la pierna y encontrarse algos (piojos) en la corva izquierda... sacudiéndose los dedos, se lavó toda la mano en el río.
Y es el propio Cervantes quien nos describe así a su héroe: ...las piernas eran muy largas y flacas, llenas de vello y no nada limpias...
Por eso nos llama la atención que tan triste figura amoneste de la siguiente manera a Sancho: ...lo primero que te encargo es que seas limpio, y que te cortes las uñas, sin dejártelas crecer...
He copiado mi comentario en su totalidad para contrastarlo con la siguiente observación sobre Las mil y una noches.

El baño (hammam) y la limpieza corporal son menciones comunes y frecuentes en esta maravillosa y extensísima obra.

Hay innumerables versiones y compilaciones de Las mil y una noches. La edición que leí es un libro de 576 páginas publicado en España por EDIMAT LIBROS, S. A.

Esta colección incluye tres o cuatro historias en las que los protagonistas son animales; fábulas como las de Esopo, pero mucho más elaboradas y extensas que las del famoso escritor griego.

Hay cuentos que parecen haber sido escritos por el mismo autor, pues es evidente la similitud en el patrón y los ardides de la trama.

Además de las historias más conocidas como la de los siete viajes del inquieto aventurero y perenne náufrago Simbad el Marino; la de Aladino o la lámpara maravillosa; y la de Alí-Babá y los cuarenta ladrones, hay de todo en este conjunto de cuentos orientales:

Comedia de enredos y travestimo, como en la Historia de Kamaralzamán y la princesa Budur.

Canibalismo: «Y en el tablón de las cabezas de carnero había tres cabezas humanas, desolladas, limpias y cocidas al horno para la venta», en Historia del cuarto hermano del barbero.

De sumo interés son las profundas divagaciones sobre la religión islámica, sus leyes y costumbres, así como las preguntas y respuestas y los acertijos y adivinanzas en la Historia de la docta Simpatía. Véase esta definición sobre un fenómeno de tanta actualidad: «La guerra santa es la que se lleva a cabo contra los infieles cuando el islam está en peligro. No se debe hacer más que para defenderse y jamás debe tomarse la ofensiva. ¡Cuando el creyente se ha puesto ya sobre las armas debe ir contra el infiel sin volver sobre sus pasos nunca!».

Las historias ocurren en países que en la época actual se mencionan diariamente en la prensa: Siria, Afganistán, Irak, Persia (Irán), Egipto. El nombre de las ciudades es usualmente adornado con algunas de sus características, por ejemplo: «Damasco, la ciudad de las flores y de las frutas y de las aguas dulces». «Bagdad, morada de paz». Descripciones que contrastan con el estado de violencia y de terror en que se encuentran hoy día.

Los esclavos negros son, en más de un relato, motivo del celo de sus amos, cuando sus esposas y concubinas satisfacen con ellos sus fantasías sexuales, en infidelidades privadas o en orgías.

Los personajes de los cuentos beben aguas perfumadas con almizcle o rosas y, también, a pesar de los mandamientos del Corán, son muy aficionados al vino.

Raras expresiones que se repiten:

«Besar la tierra entre las manos» (fórmula de cortesía y agradecimiento)
«Escucho y obedezco» (fórmula de avenencia a una orden o petición)
«Un día entre días» (frase con que comienzan los párrafos que narran lo que ha sucedido en un día especial)

La metáfora más usada (casi la única) para describir la belleza de la mujer, aunque también la del hombre, es la Luna.

Pongo fin a estas conjeturas y observaciones con una anécdota familiar.

Cuentan mis hermanas que, en Remedios, ciudad donde vivieron los primeros años de su niñez y adolescencia, había una tienda de ropa llamada La Bandera Cubana, cuyos dueños, Matilde y Vitalio, eran de un país del Medio Oriente.

Vitalio, al saludarlas, solía (para el asombro de ellas) decirles: «Mi ojo».

Pues resulta ser que en los cuentos de Las mil y una noches se emplea con frecuencia esa expresión, equivalente al «mi vida», «mi cariño», «mi corazón» de los cubanos. Después de tantos años, gracias a mi lectura, se develó el misterio que tanto las intrigaba.

(Prueba de que casi todos los libros nos enseñan o nos revelan algo.)

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