Monday, September 25, 2017

Lorena Montero (un poema de Félix Luis Viera)

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.
  

Lorena Montero

En un hotel del centro de una ciudad cuyo nombre ya no es posible recordar, tú, hombre, aún estás mirando a Lorena Montero maquillarse, lentamente, luego de un acoplamiento más bien temerario, intempestivo casi, tal vez inesperado. Señoras y señores: aquí frente a ustedes tienen a Lorena Montero: está desnuda, es sonoramente blanca desde la frente hasta los pies y si no fuera una frase demasiado trillada podríamos decir que hay en su entrepierna un bosquecillo oscuro, ardiendo.

Aquí la tenemos mirándose en el espejo: eso que ven no es el perfil de un puñal, es el seno derecho de Lorena Montero. Dios lo bendiga, y al izquierdo también. (Tú, hombre, en esas tardes en una banca de un parque de esa ciudad olvidable, olvidada, mientras acariciabas por sobre la tela los senos de Lorena Montero, imaginabas que por ellos, tú pequeñito, te deslizabas como el esquiador que se ha lanzado en busca del relámpago; también Dios te bendiga a ti, hombre.)

Pero creo que es mejor ver aún a Lorena Montero en esa otra habitación de un hotel de paso. A Lorena Montero prendiendo flamas en la oscuridad bajo tu cuerpo, hombre. Ah, sus dientes, su vientre sonoramente blanco. Los ojos enrojecidos de Lorena Montero. Era domingo. Todavía es domingo. Lorena Montero está gimiendo como quien viene regresando de la muerte. Todavía es domingo: el tiempo se ha marchado para siempre hacia ese domingo en la habitación de ese hotel de paso; Lorena Montero ha quedado para siempre saboreando el postorgasmo encima de tu cuerpo, hombre, y en tu pecho están sus senos capaces de negar toda dialéctica, y su entrepierna húmeda escancia en tu entrepierna y tus manos —esto no debes olvidarlo nunca—: tus manos descansan, la izquierda, en la nalga derecha, la derecha, en la nalga izquierda de Lorena Montero (ambas crujientes, ambas a punto de percutir parece). Todavía es domingo. Todavía es aquel domingo. Ahora Lorena Montero va a hablar. Pero no: el tiempo habrá de detenerse en ese instante. Ella no hablará. Ella no habrá de decir lo que dijo. 


Ciudad de México, febrero de 1999



Lorena Montero 


In un hotel del centro di una città il cui nome ormai non è possibile ricordare, tu, uomo, stai ancora osservando Lorena Montero mentre si trucca, lentamente, dopo un accoppiamento abbastanza temerario, quasi inatteso, forse insperato. Signore e signori: davanti a voi avete Lorena Montero: nuda, decisamente bianca dalla fronte ai piedi e se non fosse una frase troppo trita potremmo dire che nel suo inguine c’è un boschetto oscuro, ardente.

Eccola mentre si guarda nello specchio: quel che vedete non è il profilo di un pugnale, è il seno destro di Lorena Montero. Dio lo benedica, così come il sinistro. (Tu, uomo, in quelle sere in una panchina di un parco di quella città dimenticabile, dimenticata, mentre accarezzavi sopra la stoffa i seni di Lorena Montero, immaginavi che da loro, tu piccoletto, scivolavi come lo sciatore che si è lanciato in cerca del lampo; che Dio benedica anche te, uomo).

Ma credo che è meglio vedere ancora Lorena Montero in quella camera di un albergo a ore. Lorena Montero che prende fuoco nell’oscurità sotto il tuo corpo, uomo. Ah, i suoi denti, il suo ventre decisamente bianco. Gli occhi arrossati di Lorena Montero. Era domenica. È ancora domenica. Lorena Montero sta gemendo come chi sta tornando dalla morte. È ancora domenica: il tempo se n’è andato per sempre verso quella domenica nella camera di quell’albergo a ore; Lorena Montero è rimasta per sempre ad assaporare il suo orgasmo accanto al tuo corpo, uomo, e nel tuo petto ci sono i suoi seni capaci di negare ogni dialettica, e il suo inguine umido versa nel tuo inguine e le tue mani - questo non devi dimenticarlo mai -: le tue mani riposano, la sinistra nella natica destra, la destra, nella natica sinistra di Lorena Montero (entrambe crepitanti, È ancora quella domenica. Adesso Lorena Montero comincerà a parlare. Ma no: il tempo dovrà fermarsi in quell’istante. Lei non parlerà. Lei non dovrà dire quel che disse.

Città del Messico, febbraio del 1999

 
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Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado siete poemarios; tres libros de cuento; cuatro novelas y una noveleta.
Entre los premios que recibiera en su país natal, se cuentan el David de Poesía, en 1976; el Premio Nacional de Novela, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, galardón que ya le había sido otorgado a este autor, en 1983, por su libro de cuento En el nombre del hijo.
Su poemario La patria es una naranja, que aborda el tema del exilio a la par que incursiona en la realidad mexicana, ha tenido una buena acogida de crítica y público y recibió en Italia el Premio Latina in Versi en 2013.
Es ciudadano mexicano por naturalización. Reside en Miami.

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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960. Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros. Cuenta en su haber con una amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari. Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.  Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.

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