Friday, September 15, 2017

Gala lírica y tradicional del XXII Festival Internacional de Ballet de Miami (por Baltasar Santiago Martín)

Fotos/Emilio Héctor Rodríguez
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El sábado 2 de septiembre de 2017, el Teatro Colony de Miami Beach abrió sus cortinas para el disfrute de la “Gala lírica y tradicional” del XXII Festival Internacional de Ballet de Miami, evento fundado y dirigido con admirable empeño por el maestro Pedro Pablo Peña.


La gala comenzó con un hermoso banquete “floral”, titulado precisamente Jazmín, a cargo de las 25 menudas y acopladas bailarinas de la compañía Atlanta Profesional Dance –chino-norteamericana, según aparece en los créditos del programa–, donde las danzantes se lucieron con hermosas composiciones y manejaron con pericia y a la vez delicadeza exquisita sus abanicos; un espectáculo fresco y dinámico, con coreografía de Sara Wong y música folclórica china como soporte sonoro, con el que la agrupación danzaría hizo honor al rigor con que Wei Dongsheng las dirige artísticamente.

A continuación, Chloe Slade y Denzel Taylor, de Ballet Inc. –compañía sí netamente norteamericana–, bailaron Les sentiments, con coreografía de Aaron Atkins (quien es también su director artístico), en el que supongo que los claro-oscuros formaban parte intencional de la propuesta dancística, pues si bien la pareja estuvo iluminada a ratos por un seguidor, se separaban para volver a sumergirse en la penumbra del escenario.


Les siguió la presentación de Grace Art Center, otra compañía del país anfitrión, dirigida artísticamente por Clare Vickery, con las dinámicas y descalzas Diana Figueroa y Jessie Marrero a cargo de defender Bailar, una coreografía del primer bailarín Isanuzi García Rodríguez (aquí sí es imposible obviar su apellido materno, pues es hijo de Perla, la gran bailarina de Danza Nacional de Cuba), en la que con ropa muy tropical –un vestido con estampado de flores una y saya floreal la otra– ambas “persiguieron” la súper cubana música de fondo (inspirada en Domitilo, ¿adónde vas?, de Peruchín), para lograr atraparla muy sensualmente casi al final.


Regresó Anika Xia, una de las chicas de Atlanta Profesional Dance, con el solo Snow’s Blossom (Flor de nieve), coreografiado también por Sara Wong, en el que Anika se lució en el diestro manejo de su abanico-velo, con acrobacias incluidas, tras lo cual volvieron 7 de sus compañeras para ofrecernos Primavera, una coreografía de Musashi Álvarez para una melodía no identificada en el programa –que a mí me supo totalmente a tango, ese argentino y melancólico ritmo que las musicales y bien acopladas danzantes “adoptaron” para darle un sentido diferente.

Y para cerrar la primera parte del programa antes del intermedio, Isanusy García, ahora sí en su condición de virtuoso de la danza, salió a defender, en representación del Ballet Clásico Cubano de Miami, The Dawn of the Last Day (El amanecer del último día), coreografía del Maestro Pedro Pablo Peña, en el que la guitarra en manos del también virtuoso músico Alberto Puerto desgranó la partitura de Francis Kleynjans para que Isanusy ejecutara un diferente Adiós a la vida (sí, inevitable el paralelo con el Mario Cavaradossi de Tosca), donde de nuevo hubo pobre iluminación, e incluso faltó el seguidor sobre ellos en los saludos finales, lo cual, sin embargo –paradójicamente–, no le quitó brillo a sus desempeños ni a la coreografía.

Luego de un adecuado intermedio, retornaron Chloe Slade y Denzel Taylor, de Ballet Inc., con E.P, un desconcertante trabajo de Aaron Atkins, sobre todo si tratamos de conectar el I will Survive de Gloria Gaynor del inicio –para Chloe sola– con la posterior música de Chris Zabriskie para ambos, donde de nuevo hubo pobre iluminación sobre sus bien sincronizados movimientos como pareja, antes de sobrevenir su abrupta separación, en la que Chloe queda sola en escena bajo el seguidor, mientras Chris se desvanece en la opresiva oscuridad de la ausencia.



Habaneras, el elegante y a la vez voluptuoso pas de cinq femenino coreografiado por Eriberto Jiménez –a partir de una inspiración del Maestro Peña–, con la hermosísima música de Ignacio Cervantes para piano como banda sonora, fue el muy acertado soporte para que Jennifer Villalón, Claudia Lezcano, Jessie Marrero, Yaíma Méndez –la figura central– y Mayrel Martínez recrearan con su estilizado baile la atmósfera de esa Habana de antes, que tuvo en Amelia Peláez a su más fiel pintora, por lo que extrañé la proyección, provista como fondo en el estreno, de una de sus emblemáticas y coloridas creaciones.

Le tocó a Isanuzi García Rodríguez –de nuevo en su faceta de dotado primer bailarín– ser el macho castigador –¿el chulo? – de la habanera interpretada por Yaíma Méndez, y a mí me vino a la mente tanto Yarini como Amalia Batista, esos personajes emblemáticos del folclor cubano; de ahí lo logrado de este ballet, tanto por lo que evoca como por las reminiscencias que provoca, reforzadas por los sugerentes trajes diseñados por Roger Salas.




Y como colofón de esta variada y bien recibida función, las gráciles bailarinas de la compañía Atlanta Profesional Dance volvieron con otro gran e impactante regalo visual: Beijing Opera Fusion, con coreografía de Sara Wong; una mezcla de ballet con la ópera tradicional china, fresca cascada luminosa en que las largas mangas de sus bellos trajes fungieron como ondulantes velos danzantes a la par de sus portadoras.

¡Gracias, maestros Pedro Pablo Peña y Eriberto Jiménez, por brindarle al ballet más variedad y riqueza, para mayor disfrute del público de estas inefables comarcas miamenses!


Baltasar Santiago Martín
Fundación APOGEO
Hialeah, 12 de septiembre de 2017

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