Wednesday, August 9, 2017

Baño de Luna (por Juan Cueto-Roig)

Baño de Luna (Autor: Nilo Cruz, Director: Nilo Cruz) se está presentando a teatro lleno (de jueves a domingo, desde el 3 hasta el 13 de agosto) en el On Stage Black Box del Miami-Dade County Auditorium (2901 W Flagler St, Miami, FL 33135).

Claudia Valdés (Marcela)
 y Ariel Texidó (el padre Monroe)
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Andrea Ferro (Trini), Claudia Valdés (Marcela)
Teresa María Rojas (Martina), Ariel Texidó (padre Monroe)
Fotos de Pedro Portal
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El tema de esta obra (inspirado en el famoso caso del padre Alberto, según ha dicho su autor) está exquisitamente tratado. Además del amor del sacerdote por Marcela, una de sus feligresas, madre soltera que se gana la vida como pianista de su parroquia, sueldo con el que mantiene a su madre, a su hermano y a su hija, existen otros conflictos no por tangenciales, menos importantes: la precaria situación económica de la familia; el engaño del hermano de Marcela, que le hace creer que estudiaba medicina en República Dominicana; la incipiente demencia senil de la madre, el tema de las visitas a Cuba (sobre todo de los jóvenes, a pesar de que no han cambiado las razones del exilio): subtramas muy bien engarzados por el autor.

La obra comienza con un sermón, novedosa y muy justificada idea; aunque no me pareció acertado el recorrido del padre Monroe por todo el escenario, movimiento más propio de un teleevangelista que de un predicador católico. Sería preferible la inmovilidad de un púlpito, lo cual contribuiría a su vez a una proyección más uniforme y audible de la voz del actor. El sermón es un introito a la disyuntiva que se va incubando en la mente del clérigo: su amor por Marcela y su voto de castidad. Hay, además, en este discurso alusiones veladas a temas de actualidad: murallas, muros ideológicos, cercas, exclusiones.

Encontré falso (quizás menos enfático resultaría más creíble) el exabrupto acusatorio del hijo contra su pobre madre, sumida ya en la amnesia de la senectud; despliegue histriónico muy bien representado por el joven actor Joel Hernández Lara.

Algunas escenas rozan ligeramente la cursilería: momentos no muy convincentes en la farsa del hijo, convertido en esposo de la madre, etc.

Un poco traído por los pelos (aunque el chiste es muy bueno) lo de vestir de traje y corsé al padre, cuando trató de escapar de Cuba en una embarcación.

Pero nada de lo anterior es óbice para afirmar que Baño de luna posee la calidad y vigencia que la hará perdurar como una de las más interesantes obras de la dramaturgia de Nilo Cruz.

Es también de celebrar la dirección y la escenografía del propio autor.

Excelentes fueron la luminotecnia, la adecuada música de fondo y el escueto y eficaz atrezo.

Y, por supuesto, muy buenas las actuaciones del ya mencionado Joel Hernández Lara; Carlos Acosta-Milián, como el obispo; Andrea Ferro, en el papel de la hija de Marcela; y, en especial, la de Claudia Valdés, en un difícil rol, por los sutiles cambios de emociones que requiere su personaje. (Nota sin mayor importancia: un gesto que debería evitar o disminuir esta bella actriz: su constante acomodo manual del cabello).

Y aunque todos los actores estuvieron muy bien, es preciso resaltar a la gran Teresa María Rojas y a Ariel Texidó, consagrado actor que siempre nos deleita con sus interpretaciones.

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