Thursday, May 18, 2017

Obispos de Venezuela: "El estado de cosas a que nos ha conducido el actual sistema político gobernante es razonablemente injustificable, éticamente ilegítimo y moralmente intolerable"

Serena, pero firmemente, declaramos que por ser ciudadanos venezolanos, individual y corporativamente tenemos el derecho y el deber cívico y moral de intervenir en todos los asuntos concernientes a la nación, sin otras limitaciones que las señaladas por la ética y las leyes.

Somos responsablemente imparciales, pero de ninguna manera neutrales. A pesar de nuestras propias e individuales debilidades, procuramos actuar en nombre de la verdad, la justicia y la búsqueda de la reconciliación entre todos los venezolanos, como bases de un auténtico pluralismo ideológico, desarrollo humano integral y convivencia social pacifica y solidaria, camino hacia la paz verdadera y el reencuentro fraterno en el país.

La unidad del episcopado es un don del Espíritu Santo a la Iglesia, y la sostenemos a diario con la oración y el amor a Jesucristo y a los hermanos ¡Nadie nos separará del amor de Cristo y de la Iglesia!

Al mismo tiempo, nos confesamos irrestrictamente comprometidos con la promoción y la defensa los valores de la dignidad humana y del bien común de todas las personas y de toda persona. En consecuencia, denunciamos el dúo fatídico que nos ha vuelto dolorosa y triste la cotidianidad nacional. Reiteramos un NO rotundo a las muertes violentas fruto maligno del desprecio a la vida, del odio de Caín hacia Abel (Gn 4, 8) y del rechazo del mandamiento divino. ¡No matarás! (Dt 5,16)

En nombre de Dios, repetimos: Todo esto configura un cuadro de barbarie y violencia que en gran parte había desaparecido de nuestra cultura. Estamos regresando a etapas ya superadas, a una anticultura de muerte.

Con toda conciencia de nuestro oficio de pastores, con inquebrantable voluntad de compartir con el pueblo el destino democrático de nuestra nación, considero que el estado de cosas a que nos ha conducido el actual sistema político gobernante es razonablemente injustificable, éticamente ilegítimo y moralmente intolerable. No es este un juicio jurídico ni político sino moral y espiritual, en línea profética, que reclama una sincera conversión de las mentes y de los corazones que dé frutos de renovación, justicia y reconciliación.

Es la hora de un examen de conciencia, de una insurgencia espiritual y moral de los líderes y de los ciudadanos que promuevan desde el interior de las personas un cambio radical de la situación del país. La legítima protesta en la calle ha de ser pacífica y respetuosa de las personas y propiedades, y una señal de resistencia ética y civil.

A todos los venezolanos nos ha de mover la voz de Dios en nuestras conciencias y nos ha de impulsar al compromiso con la verdad y la justicia, para vencer el mal con el bien (Cfr. Ro. 12,21).

En este momento es una obligación nuestra invitar a todos los dirigentes políticos, económicos y sociales, de cualquier signo y color, a ponerse del lado del pueblo y a buscar, en sintonía con el mismo, soluciones que beneficien a todos. No es momento para darle la espalda o para hacer oídos sordos a sus clamores. Al Gobierno nacional, en todas sus instancias, particularmente a El Ejecutivo, le pedimos que de verdad escuchen los clamores de la gente y resuelvan los gravísimos problemas que han provocado con medidas improvisadas y nocivas y medidas. (cfr. Comunicado de la Presidencia de la CEV el 17 de diciembre de 2016) (Leer texto completo en el website de la Conferencia Episcopal Venezolana)



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