Friday, March 24, 2017

Chipollino, un ballet precioso para niños de todas las edades (por Baltasar Santiago Martín)


Sí, no voy a tener escrúpulo alguno en emplear este adjetivo que casi nunca me gusta usar en mis reseñas, pero que en este caso lo considero el más apropiado: Chipollino, gracias a la cuidada y exquisita puesta de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF) que pude ver el domingo 12 de marzo, en el Teatro Amaturo, de Fort Lauderdale, resultó ser un ballet precioso para niños de todas las edades, por la historia que cuenta, el lujoso y excelente vestuario, diseñado por Jorge Gallardo; su agradable y melodiosa música –la del pas de trois entre Chipollino (Cebollita), Miss Carrot (Zanahoria) y Miss Cherry (Cereza) merece ser más difundida, por su belleza y originalidad–; las coreografías grupales, tan simpáticas y bien coordinadas (una verdadera hazaña del Maestro Vladimir Issaev, director y autor de esta versión coreográfica, con tantos niños pequeños en escena, sin caer ni tropezar); en fin, una delicia total.


Hacía tiempo que no disfrutaba tanto un espectáculo de ballet, donde no hubo lugar para el aburrimiento –ese pecado capital en las artes escénicas– y me pude olvidar por completo del tráfico de la I-95 y del Palmetto; del inefable Donald Trump y del calentamiento global, tanto del planeta como de las relaciones internacionales…

Aunque pareciera ser solo un ballet para niños, Chipollino tiene a mi juicio tanta complejidad como la que poseen ballets más afianzados y reconocidos en el repertorio internacional, como Coppelia y La fille mal gardée, y considero que puede ser una forma muy válida de acercar a los niños, a sus padres y a sus abuelos al universo de la danza clásica. Ojalá que el Sistema Escolar del Condado Miami Dade contratara a ABTF para que, en un teatro mucho más grande, diera una función –o varias– de Chipollino, para que todos los niños y jóvenes del condado puedan disfrutar de este ballet tan entretenido y hermoso, y gratis o a un costo mínimo (porque lo que no cuesta muchas veces no se valora).

Cipollino (Cebollita) es un personaje ficticio del cuento homónimo Cipollino, de Gianni Rodari (en italiano: Il romanzo di Cipollino), retitulado desde 1957 como Aventuras de Cipollino (en italiano: Le avventure di Cipollino), una especie de metáfora infantil sobre la opresión política, cuyo tema principal es la lucha contra los poderosos, del bien versus el mal, y la importancia de la amistad ante las dificultades.

En la Unión Soviética fue llevado al ballet, dada su gran popularidad, con música de Karen Khachaturian y coreografía de Genrik Alexandrovich Maiorov; y fue estrenado originalmente en el Teatro Nacional “Taras Shevchenko” de Ópera y Ballet de Ucrania, en 1974.

En la función del domingo 12 de marzo, los roles protagónicos de Chipollino y Miss Carrot fueron brillantemente interpretados por Kevin Zong y Mary Carmen Catoya, tanto por su bravura técnica como por la simpática y expresiva pantomima que ambos dominaron sin esfuerzo aparente.

La felicidad y total armonía entre frutas, vegetales y flores reinante en Limonia es interrumpida por el Jefe Tomate, personaje en el que Daniel Panameno se lució, gracias a su adiestrado arsenal técnico y su fuerza interpretativa (muy bien acompañado además por sus esforzados “policías”); preámbulo de la aparición del Príncipe Limón, que viene a exigirles el abusivo pago de impuestos por la luz del sol, el viento y la lluvia.

El Príncipe Limón, rol a cargo del convincente Luke Stolkton, es enfrentado por Chipollino, y en venganza apresa a Chipollone, el padre de este, quien también estuvo muy bien caracterizado por Ignat Viktorov.

Como este es un ballet con muchos disímiles personajes, solo me referiré a los roles más importantes, aunque absolutamente todos, desde la Mamá Calabaza de Agustina Iglesias hasta la más pequeña de las niñas participantes vivieron la historia con total intensidad.

Chipollino regresa a Limonia y Miss Carrot le cuenta lo sucedido, por lo que se van juntos a tratar de liberar a Chipollone.

En el segundo acto, ya en el jardín del castillo de la Condesa Cereza, Miss Cereza, su aburrida hija, tuvo en Kayci Rodríguez a una intérprete consumada, con todo el rigor técnico que demanda la coreografía correspondiente a su personaje, y Lilliam Hill, como la Condesa Cereza, le imprimió a su antagónico una altivez y una elegancia admirables, amén de bravura técnica.

La sumamente expresiva Lusian Hernández se encargó de dotar a la profesora de ballet Miss Beet de la dosis exacta de vanidad y ridiculez que de ella se espera, sin descuidar la limpieza técnica, y el pas de troi entre Catoya, Kevin y Kayci –al que ya había aludido en la introducción– fue sencillamente tan espectacular y brillante que quisiera que se volviera a bailar, tanto en el próximo Festival de Ballet de Miami como en el de La Habana.

Muy bien resuelta la dramaturgia de la liberación de Chipollone, con Hinano Eto como la eficaz (por partida doble) Miss Magnolia, que duerme a los policías del Jefe Tomate, así como de la trama subsecuente, con cañón incluido, que dispara por error del Jefe Tomate contra las propias huestes del Príncipe Limón y lo destruye; un gran final feliz, apoteósico, con todos los habitantes vegetales de Limonia celebrando el triunfo del bien sobre el mal.

Muchas felicidades, Maestro Vladimir Issaev, por esta deliciosa fiesta del buen gusto, el profesionalismo y el rigor, así como por su visión de traer ballets nuevos a nuestro público del sur de la Florida.

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