Friday, December 9, 2016

Vicente Martínez de Ybor: La historia del tabaco (por Adalberto Guerra)

Nota del blog: Cada viernes un texto publicado originalmente en la revista La Cohoba. Sección cortesía de Adalberto Guerra. Los temas que aparecen en este espacio están relacionados con la cultura del tabaco y las Artes Plásticas.

Vicente Martínez de Ybor: La historia del tabaco
Artículo publicado en la IX edición de la revista La Cohoba


por  Adalberto Guerra

El nombre de Vicente Martínez Ybor es bien conocido en el mundo del tabaco, primeramente en Cuba donde se destacó como uno de los más significativos comerciante y fabricante, posteriormente radicándose en Key West en 1869 y luego en Tampa en 1885.

Su última estancia le ganó la popularidad que aún conserva en el área de Tampa donde una ciudad hermosa lleva con orgullo su nombre. Vicente Martínez Ybor hizo tanto por el desarrollo del área de Tampa como Henry B. Plant.

Desde el comienzo de la colonización española en el Nuevo Mundo, los jóvenes españoles dejaban la península Ibérica en busca de fortuna en las nuevas tierras. Uno de estos emigrados fue Vicente Martínez Ybor que nació en Valencia, España un 17 de septiembre 1818, hijo de Don Antonio Martínez y María Ybor. Su madre era miembro de una prominente familia cuyo patrimonio data del período de la dominación “Mora” (Moorish) en España. El nombre de la familia se le dio a un río y varios pueblos pequeños cerca de la ciudad de Cáceres en la provincia de Extremadura. El apellido Ybor venia de una aristocracia y sus miembros habían luchado valientemente contra la invasión francesa en 1803-1804. La familia Ybor en 1832 se traslada a Cuba, donde el joven Vicente con catorce años de edad empezó a trabajar como empleado en un almacén.

Cuando tenía diecisiete años, el joven Ybor se convirtió en un comerciante de tabaco haciéndose uno de los primeros capitalistas del tabaco cubano. En 1853 decidió ampliar su empresa creando una fábrica de tabacos. Su primera marca fue El Príncipe de Gales, que se convirtió en poco tiempo en una de las marcas más reconocidas del país.

En 1869 después de una época de guerras, huelgas laborares e impuestos hasta del 12% de la Corona Española sobre la producción de tabacos, emigra a Cayo Hueso, Estados Unidos.

En 1871, Don Vicente adquiere una parcela de tierra y pequeños edificios. Al año siguiente crea Ybor & Company, con su hijo Eduardo y un asociado, Eduardo Manrara. Abriendo también oficinas en la ciudad de Nueva York, donde sus tabacos tomaron notoriedad reportando 20.000 dólares al mes de ingresos en 1872. En 1873 había unos 8.000 trabajadores en sus fábricas, de los cuales un tercio eran americanos, una tercera parte de cubanos, y dos cuartos de nacionales bahamences, para una producción de 135.000 tabacos al día y un valor de 10.000 dólares. Barcos de Vapor embarcaban semanalmente sus tabacos hacia Nueva York, Galveston, y dos veces al mes hacia Baltimore. En 1874, el salario promedio de los trabajadores de su industria era 15.00 dólares por semana.

Adquiere en 1876 El Coloso, en la esquina de Rivington y Attorney Streets, llegando a ser una de las fábricas más grandes en Nueva York. Era un edificio de cinco pisos con un sótano y calentadores de vapor con controles de temperatura y humedad para mantener la flexibilidad de las hojas de tabaco. Cuando se inauguró en 1876, la instalación albergó 500 tabaqueros de todas las nacionalidades, fabricándose allí El Coloso una marca cara, y Mercuric una marca más barata.

En 1884, un incendio en la oficina y almacén SW 89 Water Street, en Cayo Hueso, destruyó la mayor parte de su operación de tabacos, con una perdida de 50.000 dólares en valores. A pesar de las perdidas, de acuerdo con los registros del censo de la Florida, las fábricas de Vicente Martínez de Ybor para 1885, gozaban de una época de esplendor. Sus empleados ganaban de 2.00 a 3.50 dólares por día, de acuerdo con sus habilidades, el monto salarial anual era de 200.000 dólares, con un valor del producción de 600.000 dólares. En medio de toda esta prosperidad, una huelga comenzó en agosto de 1885. La decisión de Ybor de dejar a Cayo Hueso después de la huelga fue rotunda, arrastrando con él a fabricantes hacia el área de Tampa.

Antes de que Ybor City tomara nombre, era un área de aproximadamente de 40 acres de pantanos y matorrales al noreste de Tampa al que llegó en busca de guayabas, Don Gavino Gutiérrez, un ingeniero civil español radicado en Nueva York. Al no encontrar allí la fruta decidió visitar a unos amigos en Cayo Hueso antes de regresar a Nueva York. Los amigos fueron Vicente Martínez Ybor e Ignacio Haya.

Don Gavino Gutiérrez notó que la sociedad de Vicente Martínez Ybor & Eduardo Manrara tenía problemas laborales constantes y estos estaban considerando reubicar sus fábricas. Gutiérrez le describió el área de Tampa con un clima cálido, una bahía de ensueños llamada “Espíritu Santo” con puerto y ferrocarril, poniendo en movimiento la idea de la relocalización.



En 1885, la Cámara de Comercio de Tampa, con la intensión de atraer industrias al área, invitan a Vicente Martínez Ybor e Ignacio Haya a estudiar una propuesta para la compra de terrenos con este fin. Un año más tarde, el 12 de abril de 1886 a bordo del vapor Hutchinson, 500 tabaqueros cubanos arriban a Tampa procedentes de Cayo Hueso. La primera fábrica comenzó a operar al día siguiente, Gavino Gutiérrez fue el ingeniero encargado de los lineamientos de la nueva ciudad.

En el año 1886 la Ciudad de West Tampa, que era como se le conocía al área que ocupa hoy Ybor City, fue reconocida como ciudad, llegando a contar en poco tiempo con unas 200 fábricas y Chinchales (o pequeñas fábricas) dando a Tampa el ilustre reconocimiento de “La Capital Mundial del Tabaco”. No sólo cubanos se asentaron aquí, otros migrados judíos e italianos se unieron al proyecto de Ybor y levantaron ladrillo a ladrillo la ciudad que aún hoy conserva 1300 edificaciones históricas. La próxima edición de nuestra revista recogerá un artículo sobre la ciudad y sus ilustres personajes.

Vicente Martínez Ybor murió en Tampa en 1896 a la edad de 78 años, luego de tener una vida fructífera y dejar un legado histórico. Múltiples menciones cuelgan en placas que le nombran de las paredes de la ciudad que fundó, numerosas estatuas refinan la imagen del hombre que fue, los museos le recuerdan como un ejemplo de emigrante digno.


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