Wednesday, December 2, 2015

De balseros a inmigrantes con papeles (por Carlos A. Peón-Casas)

 Imagen: Alen Lauzán/Diario de Cuba
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Por estos días es la comidilla de todos. Todos son cubanos, y se congregan en dos puestos fronterizos de Costa Rica, en las respectivas fronteras sur y norte del país tico: léase Panamá adonde igualmente han arribado, luego de haber recorrido media América del Sur, procedentes de Ecuador, luego de atravesar igualmente el territorio colombiano; y Nicaragua, nación que se niega de plano a que los impenitentes viajeros de la isla cubensis, sigan viaje a través de su territorio, como han venido haciendo sin interrupción desde 2013, sin que ningún funcionario, hasta este “misterioso momento”, se haya molestado en llamar la atención sobre este secreto a voces del trasiego de los cubanos rumbo al paraíso del Americam Way of Life.

Creo nadie se podría haber imaginado años atrás, este actual escenario de cubanos saliendo por el mismísimo Rancho Boyeros, con sus papeles en regla, rumbo a un enigmático periplo de más de 7000 kilometros en pos de las tierras siempre acogedoras, del Tío Sam, por obra y gracia de la Ley de Ajuste promulgada hace casi ya medio siglo. 

Mucho menos quienes en aquel aciago agosto de 1994, en medio de los malditos entretelones del más puro y duro Período Especial, atenuado hoy, pero jamás superado, cansados de los interminables apagones y de las carestías sin cuento de lo más esencial, se lanzaron desesperadamente al mar en cualquiera fuera el medio siempre precarísimo de navegación, para alcanzar las costas del vecino norteño, el sitio “donde tan bien se está”, y la meta ayer, hoy y siempre de los sueños, (gústele a quien le guste y pésele a quien le pese), de cualquier hijo de vecino en esta ínsula jamás “Barataria. 

Pero estoy seguro que ninguno de aquellos podría haber soñado con esta nueva edición inmigratoria, a lo Camino de Santiago, con peregrinaje incluido, y muchas y más contrariedades y penalidades sin cuento, incluyendo el riesgo siempre latente de perecer en el intento.

Lo cierto es que no hay cosa más irrefutable que la vida se repita en sus ciclos pertinaces, y que como dice el sabio libro del Eclesiastés: “Lo que fue, eso será. Lo que ya se hizo, eso es lo que se hará; no se hace nada nuevo bajo el sol”.

Los cubanos, como Sísifo, el mítico personaje, acarrearán per sécula seculorum, la pesada piedra de este exilio contumaz que les ha sido signado, y al que seguirán abocándose, sino desde Ecuador que ya les exige visado a partir del primero de este diciembre, desde cualquier otra nación que siga la rima, en una tendencia que pasa inexorablemente de una generación a otra, la única manera por demás, de votar por algo diferente, como se dice acá, con lo pies.

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