Friday, September 11, 2015

P. Rolando Cabrera: "Cuba somos nosotros, los cubanos donde quiera que estemos"

Photo/Archdiocese of Miami's website (by A.R. Soto and C. Cabrera Jarro)
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En María, la Virgen de los Dolores, se puede ver a Cuba que sufre, que llora pero que no se derrumba ante los que le cierran la puerta al amor, ni ante los que quieren matar el futuro de redención que ella trae al mundo, ni ante el desarraigo del exilio. En ella, la Virgen del Calvario, vemos también a Cuba erguida, de pie, no doblegada, ante el odio y la violencia que se abaten sobre sus hijos, con la confianza creyente de que el mal nunca tiene la última palabra y con la esperanza de que a la cruz sigue siempre un amanecer luminoso de resurrección y de vida. María es fuerte porque cree, ama y espera. Ella nos enseña a no tener miedo de nuestra debilidad, porque en nuestra debilidad se crece siempre la fuerza de Dios.

¡Qué intuición más poderosa la de nuestros veteranos aquel 24 de septiembre de 1915! Les debemos eterna gratitud. María de la Caridad simboliza a Cuba. María de la Caridad es Cuba. María de la Caridad encarna el futuro de libertad, paz, justicia y dignidad que todos soñamos para la Patria. Honrarla a ella como Patrona, después que el mismo Papa Benedicto XV accediera a la súplica de los veteranos, el 10 de mayo de 1916, nos ha permitido a varias generaciones de cubanos, donde quiera que estemos, hasta el día de hoy, sentirnos identificados con la Patria y mantener vivo el sueño.

Cuando los más de 30.000 cubanos exiliados reunidos en el Estadio Bobby Maduro, un 8 de septiembre de 1961, vieron entrar la réplica de la bendita imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, recién traída de la Isla, sintieron renacer la esperanza. Atrás había quedado la tierra que los vio nacer, pero con la presencia de María de la Caridad sintieron que la Patria venía con ellos y que no todo estaba perdido. Por eso nuestro querido e inolvidable Mons. Agustín Román, Pastor, Profeta y Patriarca del exilio cubano, quiso construirle una Ermita junto al mar para que, contemplándola a ella, contemplemos a la Patria que se adivina en lontananza y mantengamos viva la esperanza. Por eso nos reunimos cada 8 de septiembre en esta arena y en muchos otros lugares del mundo para expresar nuestro amor y devoción a la Virgen de la Caridad y a través de ella, conectar con la Patria que amamos y con el sueño de libertad y justicia que para ella tuvieron sus mejores hijos, sueño que queremos mantener vivo.

Ahora, recordemos que la Cuba que soñaron nuestros mambises y vieron reflejada en la persona de la Virgen de la Caridad no es algo que solo existe en nuestra mente. Esa Cuba somos nosotros, los cubanos donde quiera que estemos. Así pues, toca a nosotros encarnar en nuestra vida cotidiana esos valores que vemos reflejados en María, modelo de creyente: fidelidad a Dios y docilidad a su Palabra; humildad de reconocer que todo lo que somos y tenemos es por la gracia de Dios; gozo de sabernos amados incondicionalmente por Dios; gratitud y alabanza a Dios por los dones recibidos y por las maravillas que no deja de hacer en nosotros; servicio a los más pobres y necesitados; solidaridad con los sufren; justicia en todo lo que hacemos y decimos; misericordia infinita y perdón sin límites; respeto a la dignidad y las opciones de los otros; libertad en el corazón de todo lo que nos ata, nos esclaviza y nos impide amar; serenidad y fortaleza ante el dolor, y una esperanza inquebrantable en el cumplimiento de las promesas irrevocables de Dios junto al compromiso de compartir con todos esa esperanza. (Leer texto completo de la homilía del P. Rolando Cabrera en la Fiesta de Nuestra Señora de la Caridad, 8 de septiembre de 2015, en Archdiocese of Miami's website)

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