Sunday, September 20, 2015

Francisco a los jóvenes: "Corazones abiertos, mentes abiertas, si vos pensás distinto que yo, por qué no vamos a hablar" (Texto y Video)




En la objetividad de la vida tiene que entrar la capacidad de soñar. Y un joven que no es capaz de soñar está clausurado en sí mismo. Luego a veces uno sueña cosas que nunca van a suceder, ¡soñála, deseála! ¡Buscá horizonte, abrite! Abrite a cosas grandes. No sé si en Cuba se usa la palabra, pero los argentinos decimos: no te arrugués, no te arrugués, abrite y soñá. Soñá que el mundo con vos puede ser distinto.

Soña que si vos ponés lo mejor de vos vas ayudar a que ese mundo sea distinto. No se olviden: sueñen. Por ahí se les va la mano, sueñan demasiado y la vida les corta el camino, no importa sueñen y cuenten sus sueños. Cuenten que las cosas grandes hay que contarlas, porque cuando más grande es la capacidad de soñar y la vida te deja a mitad de camino, más camino has recorrido. Así que primero: soñar.

Vos dijiste ahí una frasecita— yo la tenía escrita por aquí— “que sepamos acoger y aceptar al que piensa diferente”. Pero es que nosotros a veces somos cerrados, nos metemos en nuestro mundito, o este es como yo quiero que sea, o no, y fuiste más allá todavía: “que no nos encerremos en los conventillos de las ideologías o en los conventillos de las religiones, que podamos crecer ante los individualismos”. Cuando una religión se vuelve conventillo pierde lo mejor que tiene, pierde su realidad de adorar a Dios, de creer en Dios, es un conventillo de palabras, de oraciones, de yo soy bueno, yo soy malo, conventillo de prescripciones morales, y cuando yo tengo mi ideología, mi moral y vos tenés el tuyo, me encierro en ese conventillo de ideologías.

Corazones abiertos, mentes abiertas, si vos pensás distinto que yo, por qué no vamos a hablar. Por qué siempre nos tiramos la piedra sobre aquello que nos separa, sobre aquello en lo que somos distintos. Por qué no nos damos la mano en aquello que tenemos en común. Animarnos a hablar de lo que tenemos en común, y después podemos hablar de las cosas que tenemos diferentes, pero digo hablar, no digo pelearnos, no digo encerrarnos, no digo conventillar, —como usastes vos la palabra—. Todo es posible cuando uno tiene la capacidad de hablar de aquello que tengo en común con el otro, de aquello para lo cual somos capaces de trabajar juntos. (Ver texto completo en el website de la COCC)

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