Thursday, September 17, 2015

En Memoria de Alberto Rodríguez Tosca (por Félix Luis Viera)


Alberto Rodríguez Tosca (1962-2015) no era un poeta cubano. Ni siquiera era cubano. Si nos atenemos a la prensa de la dictadura un día después de su deceso a los 53 años de edad. 

No aparece la noticia de su muerte en ninguno de los periódicos, como todos los que se publican en Cuba, en la nómina del castrismo.

Él cometió un error grave: irse a vivir a Colombia desde 1994. Eso, el régimen no lo perdona. Abandonó su patria, es decir, la patria que resulta sinónimo de castrismo.

No importa que Tosca hubiese escrito algunos de los libros fundamentales de la llamada Generación del 80. Tampoco que su poemario Todas las jaurías del rey, Premio David de Poesía 1987, todavía esté resonando en nuestros oídos, nuestros corazones; como igual el magnífico Otros poemas, que recibiera en 1992 el emblemático Premio de la Crítica.

Eso no importa, Tosca, como le decíamos, aunque acaba de morir en La Habana, antes había abandonado la patria, es decir, la finca de Fidel Castro y su hermano; o tal vez sería lo mismo decir: la patria particular de estos dos.

Puedo dar fe, además, de que Alberto Rodríguez Tosca era un buen hombre, noble, cálido, solidario. Todo esto lo pude constatar en los no pocos encuentros que tuvimos allá por los finales de la década de 1980 y principios de la siguiente.

En su poema “El sufrimiento armado”, avisa el poeta:

“No se tema llevar el dolor por ahí con uno,
sentarlo a la mesa y presentarlo a los amigos,
con ternura, con dignidad, como se presenta una novia”.

Estoico, vallejiano, con solo estos tres versos, además de la originalidad, constatamos el poderío del poeta y, asimismo, o tal vez sobre todo, su sentido de la humanidad, su amor por el Otro.

Ese amor que le falta a la “patria castrista”, de la cual solo forman parte los vivos y los muertos que aparecen en su registro; o sea, los que aprobaron el examen de la doble o triple moral, o los que hoy, aún, luego de la estulticia más que comprobada, doblan las rodillas ante el “rey”, con tal de que les publiquen un libro o les entreguen un premio, recibido con ventaja y alevosía, puesto que la liza no es justa: “afuera” viven los otros, que no pueden participar. 

En el Granma de hoy 17 de septiembre de 2015, se puede leer en primera página que “Confirman asistencia de Raúl (supongo que se refiere a Raúl Castro) a sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas”. O que Cuba y Namibia ampliaran la cooperación en el sector de la salud o que lo dicho recientemente por el canciller castrista para levantar el “bloqueo” a la Isla, ha sido muy bien recibido en el mundo entero.

En la página cultural consta que se firma un acuerdo “histórico” entre las empresas de grabación EGREM y Sony Music o que los ministros de cultura de la CELAC se reúnen en La Habana.

Eso. Nada más.

El artemiseño Alberto Rodríguez Tosca no aparece por ninguna parte en este diario. Era cubano. Era un excelente poeta. Era un buen hombre. Pero no era general de las armas, ni general de la poesía con grados regalados por el régimen.

Ya, para la tiranía, estaba muerto cuando, hace más de 20 años, decidió vivir en otro país.

Escribió Tosca en uno de sus poemas:

“No preguntes por qué no preguntes lo que sólo
los muertos y la luna podrían responder”.

Amén.

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