Friday, September 4, 2015

De cuando los carnavales se llamaban San Juan (por Enrique Palacios-Caraballo)


 Foto tomada del blog Palmas Amigas
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Erase en aquel verano no tan calurosos como los actuales. Estábamos en Camagüey, otrora Puerto Príncipe y corría el mes de Junio de 1946. Me recuerdo la calle donde vivía con mis diez años, se llamaba Loma, hoy Gertrudis Aguilera, aquella mujer que todos los que pasan de 60 años la conocieron o la oyeron mencionar. Tula le decían como a aquella otra poetisa que vivió en el siglo XIX. 

Todo el barrio de La Zambrana donde se ubicaba mi calle era de tierra y pocas tenían aceras pavimentadas.

Al acercarse las fiestas sanjuaneras todos los muchachos del barrio nos revolvíamos en un no sé qué de bulliciosa alegría. Y luego no faltaba la olla para obligar muy discretamente a los transeúntes a depositar alguna que otra moneda para la compra de viandas para el famoso ajiaco, no caldosa, como se suele decir en estos tiempos.

Pues bien en mi referida calle los adultos, vecinos de acá y de allá de La Zambrana se prestaron para celebrar el 24 por todo lo alto y aunque no alcanzaba lo recolectado, ellos supieron agregar su pecunia para hacer un sustancioso ajiaco para toda la calle y algún que otro vecino. No faltaba el ron que era compañía obligada de toda fiesta y como es lógico había quien se pasaba de rosca.

En un solar yermo, al lado de la casa de los Quesadas, viejos vecino de Loma se preparaba en un ranchón hecho por “el Guajiro” y sus hijos. Este que se llamaba Oscar, y su madre Agripina, eran orientales residentes en la referida calle y allí Don Pablo Cordoví era el maestro que ponía en punto efervescente el caldo.

Pero no faltó, alguno que otro que idearon hacer además un “chilindrón” para lo cual se debía tener a mano un chivo o chiva. Con el cocinero no había problema pues Cordoví si era un gran maestro culinario y dejó la encomienda de la búsqueda del animal a los que degustaban el ardiente ron.

Al poco rato, se apareció el Dr. Estrada, Fiscal de Nuevitas, y otros de sus amigos magistrados de la Audiencia además de Rafaelito Bonanza hijo del Jefe de la Policía que acaba de llegar de la Guerra del Pacífico, traían una chiva regordita, muy buena para el chilindrón.

Se mató y colgó para desangrarla y estando en el proceso de quitarle la piel velluda a al animal, llega un anciano del fondo de La Zambrana que se apedillaba Molina, reclamando su animalito que era según decía el alimento de su pequeña nieta(a diario se le ordeñaba para alimentar a la pequeña).

El viejecillo reclamaba y los del aparato delictivo trataban de sufragar la pérdida del animal con un billete de 20 pesos (un dineral para la época), pero el viejecillo no se transaba y denunció el caso a la Policía.

Seguía la fiesta y en el momento preciso de degustar el caldo y el chilindrón llegó” Toña la Negra” con varios agentes del orden y allí fueron a parar todos los implicados que el poco rato regresaron pues ¿quién iba luego a juzgar a los infractores si ellos mismos en aquel acto de sana alegría habían sustraído un inofensivo chivo..Y yo, pues mirando a través de unos matojos del solar….

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