Thursday, November 28, 2013

Cada día muero 24 horas (por Félix Luis Viera)

Nota del blog: El blog Gaspar, El Lugareño está presentando, los lunes y jueves, una selección del poemario Cada día muero 24 horas  (Editorial Letras Cubanas, 1990), de Félix Luis Viera. Se incluye traducción al italiano de Gordiano Lupi.    

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Elegía final


Al fin habrá una tarde triste alguna vez.
Entonces he querido preguntar y sólo el
viento, un viento
de poca monta, me responde,
silbando entre la yerba álgida de enero.
Es que no hay nadie.
Sólo el viento en esa yerba y tu cadáver.

Ese tu increíble cadáver.
Tu cadáver increíblemente cierto.

Bueno, y ahora qué me hago, ahora como
   un espiga vacilante
qué me hago.

Repito que he querido preguntar y no hay
   voces que me escuchen,
solo ese viento enclenque huyendo entre
   la yerba.

Bueno, y ahora con quién llenaré las ho-
   jitas de terneza,
ahora quién mirará por mis ojos más allá
  de donde ellos alcanzan para ver.

O sea, que ya no eres un hombre, sino un
   muerto.
¿Quién me explicará la diferencia? ¿Quién
   me explicará
la distancia que hay entre un hombre y
   un cadáver?

Repito que no hay nadie.
Mejor le tomo el peso a cada lágrima, y
callo.

Mejor, padre, pienso que morir
es como dar un mágico brinquito, irse
cuando hacía falta llegar.

Tomémoslo entonces como un brillo, como
   un vaso
que se rompe inesperadamente ante los
   ojos.
Y todavía hoy, lloremos, padre, cada cual
   de su lado.
Aunque del tuyo queda la ventaja
porque los muertos no tienen memoria,
no pueden, por ejemplo,
recordar un silbido que se fue para
   siempre.
Ni pueden, como yo, buscarte,
   de pronto, como si nada hubiera pasado.

Noviembre 1980


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Elegia finale


Alla fine ci sarà una sera triste prima o poi.
Allora ho voluto fare una domanda e solo il
vento, un vento
di scarsa importanza, mi ha risposto,
fischiando tra l’erba algida di gennaio.
È che non c’è nessuno.
Solo il vento in quell’erba e il tuo cadavere.

Quel tuo incredibile cadavere.
Il tuo cadavere incredibilmente certo.

Bene, e adesso cosa devo pensare, adesso come
   una spiga vacillante
cosa devo pensare.

Ripeto che ho voluto fare una domanda e non ci sono
   voci che mi ascoltano,
solo quel vento debole che fugge tra
   l’erba.

Bene, e adesso con chi riempirò pagine
   di tenerezza,
adesso chi guarderà con i miei occhi ben oltre
   dove loro possono a vedere.

Quindi, adesso non sei un uomo, ma un
   morto.
Chi mi spiegherà la differenza? Chi
   mi spiegherà
la distanza che c’è tra un uomo e
   un cadavere?

Ripeto che non c’è nessuno.
Meglio soppesare ogni lacrima, e
tacere.

Meglio, padre, penso che morire
sia come fare un magico saltello, andarsene
quando sarebbe necessario arrivare.

Prendiamolo allora come una scintilla, come
   un bicchiere
che si rompe inaspettatamente davanti agli
   occhi.
E ancora oggi, piangiamo, padre, ognuno
   dalla sua parte.
Anche se dalla tua c’è un vantaggio
perché i morti non hanno memoria,
non possono, per esempio,
ricordare un fischio che fuggì per
   sempre.
Non possono, come me, cercarti,
   all’improvviso, come se niente fosse accaduto.

Novembre 1980

Traducción al italiano de Gordiano Lupi

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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