Monday, August 5, 2013

Arzobispo de Miami predicó a los participantes en el encuentro anual de representantes cubanos de la Iglesia Católica en la Isla y el Exilio

Foto/ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC
El arzobispo Thomas Wenski celebra la misa junto al obispo de Santa Clara, Cuba, Mons. Arturo Gonzalez, a la izquierda. A la derecha está el Padre Richard Vigoa, maestro de ceremonias del arzobispo.
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Foto/ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC
Sacerdotes cubanos que trabajan en Cuba y en el exilio toman parte en la misa
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Fragmentos de la homilía que predicó Mons. Thomas Wenski, arzobispo  de Miami, este  4 de agosto durante una misa en la Ermita de la Caridad con cubanos de la isla y del exilio que  participaron en su encuentro anual, que este año tuvo lugar en San Agustín.


Yo diría que estos encuentros de cubanos católicos – unos que viven aquí en la diáspora, otros que viven en la isla – deben ser, y lo son por supuesto, una manifestación de cubanía – el pueblo cubano sigue siendo un solo pueblo a pesar de distancias geográficas e ideológicas; pero, más importante todavía son una manifestación de fe – por lo tanto son capaces de enderezar lo torcido de esa historia que el pueblo cubano ha vivido en las últimas décadas. Y esto se ve también en la disponibilidad de los participantes para “dejarse transformar una y otra vez por la llamada de Dios”.

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De esta manera, estos encuentros, poco a poco nos han ayudado a convertirnos en una comunidad eclesial más reconciliada y reconciliadora – y, en un mundo de promesas violadas y de una paz frágil, esta es propiamente la vocación de la Iglesia. No digo que todo es color de rosa: la Iglesia está en el mundo; y aunque no debe ser del mundo, siempre va a encontrar en ella algo del mundo. No es por nada que siempre comenzamos la Misa pidiendo perdón por nuestros pecados. Sin embargo, ser una comunidad reconciliada y reconciliadora es propiamente la vocación de todos los católicos, y para los católicos cubanos esto debe ser — en las palabras del Papa Benedicto — su “aportación al bien y al progreso integral de la patria”.

Sus reuniones tuvieron lugar en San Agustín, donde murió el Siervo de Dios, Padre Félix Varela. Seguramente no faltó su intercesión por ustedes; ni tampoco faltaba la presencia maternal de la Virgen de la Caridad en esos días de dialogo. Hoy celebramos la Misa en la casa de Maria aquí en la diáspora y ella está aquí acompañando a su pueblo como lo acompaña también desde El Cobre. En esta ermita también sentimos la presencia y las oraciones de Monseñor Roman. (Leer texto completo)

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