Monday, July 30, 2012

(desde el estudio de Viera) De animales

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por Félix Luis Viera

En marzo de 1996 me invitaron a una corrida de toros. En la Feria del Caballo que todos los años se celebra en Texcoco, México. Digo que me invitaron porque la entrada no me costó nada, era una cortesía del Gobierno local.

Entré por curiosidad (nunca había estado en semejante espectáculo) y porque no me costó nada satisfacerla; o tal vez por no hacerle el desaire a quienes me habían invitado. Mi butaca estaba cerca de la arena. 

Cuando salió el primer toro de la tarde, patinó, arañó la tierra con las pezuñas traseras y un pegote me dio entre ceja y ceja. El público a mi alrededor rió.

La banderilla tiene una lengüeta de hierro que va desangrando al toro en la medida en que el torero va clavando una tras otra en la cerviz del animal, me explicó uno de mis invitantes, cuando el torero estaba llevando a cabo este trabajo. 

Era un toro negro-grisáceo. Mientras le clavaban las banderillas, sangraba por ríos. El público aplaudía cada vez que el torero clavaba una en el lugar adecuado y, con un gesto esquivo, lograba salir indemne.

Cuando el toro estuvo “a punto”, el matador, luego de ciertos pases de rigor que enseñaban su donosura y valentía, preparó el estoque, listo para entrar a matar. La gente coreaba y coreaba para que el matador terminara su labor. Es decir, para que terminara de matar al animal. Yo, de pronto, me sorprendí, interior, inconscientemente, alentando al toro. 

El toro cayó —de rodillas, como humillado—ante la figura del matador, quien, arqueando su cuerpo, adelantando el pecho, parecía que aún desafiaba a lo que ya era un cadáver.

Al salir, mis invitantes me preguntaron qué me había parecido la faena.

No respondí nada. Hasta hoy.


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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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