Tuesday, June 5, 2012

(desde el estudio de Viera) Estadio

Estadio


por Félix Luis Viera


Cuando estaban construyendo el estadio de béisbol en Santa Clara, allá por el año 1964, Eloicito Montenegro estuvo seguro de que se saldaría una vieja deuda, un viejo olvido, con el gran Alejandro Oms (1896-1946), beisbolista cubano, santaclareño, negro, de talla internacional y llamado, por su comportamiento fuera del terreno, “El Caballero Oms”. Este gran jardinero central fue elegido para el Salón de la Fama del Béisbol Profesional cubano en 1944. En 1928 bateó de hits en 30 juegos consecutivos, para implantar un récord, y ese mismo año estableció otro récord: seis hits en un juego. El Caballero Oms, asimismo, obtuvo tres veces la Corona de Bateo y en tres ocasiones, jugando con los Leopardos de Santa Clara, o el Almendares o el Cuba, fue líder en hits y dobles. El gran jardinero central santaclareño jugó de 1921 a 1935 y promedió de por vida un excepcional 311. Fue una de las grandes estrellas de las Ligas Negras de Estados Unidos.

Eloicito Montenegro se sabía de memoria los datos citados en el párrafo anterior, y muchos, muchos más sobre Alejandro Oms, un hombre negro, como él.

Era Eloicito una persona de unos 50 años tal vez, de mucha inteligencia, pero, a la vez, de sumo candor. Así, aunque él simpatizaba con el “proceso revolucionario”, tal parecía que este proceso, en varias de sus vertientes, no era totalmente comprendido por él.

Como era una persona muy respetable, y como dicen, de carácter, allí en la oficina varios le dejamos caer, pero suavemente, sus desvaríos. El Gobierno revolucionario había proscrito el deporte profesional, y Alejandro Oms, si bien santaclareño y un beisbolista fuera de serie, había sido un deportista profesional. Y otro dato: si él, Eloicito Montenegro, se fijaba, vería que el Gobierno revolucionario, cuando inauguraba lo mismo una instalación deportiva que un cine que un barco, le ponía el nombre de un luchador, “un mártir revolucionario”.

Pero Eloicito, nos dijo a todos, tenía relaciones en el Gobierno revolucionario, amigos, compañeros de lucha, a los cuales vería para asegurar que el estadio se llamara, con toda razón, “Alejandro Oms”.
Si al fin vio a estos amigos, compañeros de lucha, nunca lo dijo.


Poco antes de que, a finales de 1965, inauguraran el estadio, se anunció oficialmente por la prensa oficial —la única oficial y la única en total— que el estadio se llamaría “Augusto César Sandino”, en reconocimiento al guerrillero y Héroe Nacional de Nicaragua.

Cuando allí, en el receso, Eloicito leía la noticia sobre el nombre del estadio en el periódico colectivo de la oficina, todos lo mirábamos, expectantes. 

Cuando terminó de leer la nota, se volvió hacia nosotros y dijo:

—Es muy justo que le hayan puesto este nombre que le pusieron, aunque Sandino nunca jugara a la pelota.

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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